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El otro 11 de septiembre

 

Hace demasiado tiempo que no escribo, pese a que me propuse hacerlo. Tal vez estar en el último año de carrera y el descanso post-universitario han influido en ello. Sin embargo, hoy he encontrado un tema lo suficientemente importante como para hacerme volver.

Supongo que habréis notado que hoy es 11 de septiembre, así que hoy voy a hablar sobre lo que ocurrió ese día. Pero no voy a referirme a los atentados de Manhattan, y ni siquiera a lo que estará pasando ahora mismo en Catalunya. No. Voy a remontarme más atrás, a 1973.

Ésta es la triste historia de cómo el gobierno de la nación más poderosa del planeta llevó la tragedia a otro pequeño país de su mismo continente. Un 11 de septiembre, en 1973, a esta misma hora, Salvador Allende Gossens pronunciaba sus últimas palabras públicas, por medio radiofónico. Menos de dos horas después moriría, en el golpe de Estado que llevaría a Chile a casi 17 años de fascismo.

EEUU podría haber invadido Chile, como antes y después hizo con otros países del mundo, pero optó por un método encubierto, es decir, por ejercer su influencia en la dirección de otro país sin que su gente se dé cuenta de qué está pasando; en el caso de Chile, optó reemplazar un régimen democrático elegido por el pueblo por una dictadura militar.

Tres décadas después de los hechos se mantiene la confusión acerca del origen real de la tragedia que costó millares de vidas. Pese a la impunidad de los culpables, hay otra forma de justicia que ejerceré aquí: la memoria.

 

Salvador Allende Gossens

 

Antes que nada, diré que mi información se basa en el trabajo de la periodista Patricia Verdugo, en concreto en su obra sobre Allende (2003). El historial de intervención de EEUU en Chile está autentificado por las investigaciones de las mismas autoridades norteamericanas. Por ello, ni ella ni yo vamos a culpabilizar a nadie que no haya reconocido sus propias culpas. Para que nadie piense que está leyendo una acusación sin base ni sustento en la realidad, aclaremos las fuentes primarias de información.

Disponiendo de los documentos de la CIA, ahora desclasificados, el Senado norteamericano decidió realizar una investigación a fondo sobre su intervención en Chile desde 1963 hasta 1973, para lo cual creó la Comisión Church (por su coordinador, el senador Frank Church). Desde ella se escribió un informe, que realmente fue el primer documento de este órgano estadounidense sobre un caso de intervención encubierta en Latinoamérica.

Esta comisión tampoco es la única fuente para reconstruir la historia. En febrero de 1999, el presidente Clinton ordenó recuperar y revisar, para su desclasificación, todos los documentos relativos a abusos de derechos humanos, terrorismo y otros actos de violencia política en Chile, ocurridos entre 1968 y 1990.

Dicho esto, oigamos su historia.

 

Situación previa

Ya desde 1959, en Virginia, la CIA tenía a Salvador Allende en su punto de mira, tanto por su creciente capacidad de esperanzar a los chilenos como por su amistad con el recientemente victorioso Fidel Castro. El marxista Allende está a punto de llegar al poder en Chile por vía democrática, sin disparar ni un solo tiro.

Recordemos el contexto: dos imperios disputándose su zona de influencia en el planeta, tras romper su alianza estratégica al acabar la Segunda Guerra Mundial. La revolución cubana y su rápida alianza con la Unión Soviética provocó una fuerte reacción por parte de Estados Unidos, con la ruptura de relaciones democráticas y la invasión de la bahía de Cochinos por parte de 1500 cubanos anticastristas entrenados por la CIA. La Unión Soviética levantó el muro de Berlín que dividió a Alemania durante tres décadas. El año siguiente, la crisis de los misiles tuvo al mundo al borde de otra guerra mundial. En ese cuadro, América Latina pasó a ser un territorio cada vez más peligroso para los intereses de Estados Unidos.

En 1964, el senador Salvador Allende participa en las elecciones como candidato presidencial. Su principal adversario, el candidato demócrata-cristiano Eduardo Frei. Según los documentos desclasificados, la CIA pagó la mitad de su campaña. Objetivo: impedir el triunfo del candidato Allende.

A finales de la década, el mundo seguía convulsionado (Vietnam, Primavera de Praga, el Ché en Bolivia, Fidel en Cuba…). Sin embargo, para los intereses norteamericanos era más peligroso un Allende elegido democráticamente en Chile que Fidel Castro en Cuba.

 

Hasta 1969, Salvador Allende había sido tres veces candidato a la presidencia, y su meta y obsesión eran un frente de izquierdas. La importancia que le da a este objetivo es que detrás de la unidad política de los partidos comunista y socialista iba a ir todo el movimiento social chileno.

Sin embargo, esa unión era cada vez más complicada, pues los modelos presentaban matices que los volvían antagónicos: a la cubana, por el modelo soviético, por la vía insurreccional, por la variante chino-maoísta… Las discusiones serían interminables, pero en todas ellas, Allende tenía una sola respuesta: a la chilena.

Desde 1964, el tejido social se había estado extendiendo en Chile, punto por punto, hasta conformar un poder popular que exigía cambios reales y más profundos, y por cesárea nació la Unidad Popular en 1969, representando la alianza de la izquierda. Con dificultad, en enero de 1970, emergió el candidato presidencial, Salvador Allende. Hasta entonces, se había destacado como la persona más indicada, no sólo porque proponía un nuevo Chile, sino también por su enorme esfuerzo por la Unidad.

 

Allende llama la atención

¿Qué estaba pasando en Chile? Esta pregunta también se la hicieron el Pentágono y la CIA. Para contestarla, desde EEUU se contrató al doctor en sociología Roy Hansen, que en tres viajes a Chile realizó sus encuestas a un sector importante de las Fuerzas Armadas chilenas. Leyendo algunas de sus preguntas, su objetivo era evidente:

  1. ¿Bajo qué circunstancias cree usted que los militares podrían tomar el control del Gobierno?
  2. ¿Bajo qué circunstancias personalmente usted apoyaría o rechazaría un intento militar de tomar el control del gobierno?

Mientras tanto, en Washington, casi todos los análisis de inteligencia apuntaban en la misma dirección: el sabotaje. El 25 de marzo de 1970 se reunió en Washington el Comité 40, que aprobó una primera partida de $125.000 para financiar operaciones de sabotaje contra Allende. En plena campaña presidencial en Chile, EEUU decidió realizar estas acciones encubiertas para influenciar las elecciones.

El Comité 40 era un organismo de facto que recibió su nombre durante el gobierno de Richard Nixon y lo integraban, entre otros, el presidente de la Junta de jefes de Estado Mayor, el Subsecretario de Estado para asuntos políticos y el director de la CIA. El presidente del Comité 40 fue Henry Kissinger. Estos hombres serán protagonistas principales de la tragedia chilena, aprobando los aportes que hacía el gobierno de los EEUU a la subversión.

Su objetivo era coordinar y ejercer control político sobre las acciones encubiertas de EEUU en el exterior. ¿Para qué? Para conseguir que esas acciones fueran tan encubiertas, tan clandestinas, que en caso de que fueran descubiertas pudieran ser negadas verazmente por el gobierno de EEUU, o al menos por su presidente. Hubo varios millones de dólares que se aprobaron para trabajar contra la candidatura de Allende, y que también estuvieron detrás de los primeros signos de violencia en el país, enturbiando el hasta entonces sano clima político.

El director de la CIA decidió entonces contactar con John McCone, quien había pasado de la jefatura de la CIA a ser uno de los directores de la empresa multinacional ITT. Esta compañía era una de las que tenía más inversiones en Chile, con hoteles, compañías telefónicas, etc. La participación de la ITT se basó en su miedo a la nacionalización en Chile de los servicios telefónicos, por lo que a través de la CIA, esta empresa financió al candidato Jorge Alessandri contra Allende, y estaba dispuesta a financiar con millones de dólares a los órganos de gobierno de los EEUU para intervenir en Chile.

Una parte de este dinero financió propaganda negra, es decir, publicaciones sin base en hechos para influir al público chileno (los grupos de la oposición llegaron a gastar 5 veces más papel que los que apoyaban a la Unidad Popular). Mientras, la CIA también pagaba a periodistas y escritores para publicar documentos y artículos con las conclusiones de la propia CIA: se pudo ver propaganda anunciando tanques soviéticos entrando en Santiago, o el fin de la religión católica y la vida familiar, y hasta de la patria. Fue un gran esfuerzo por crear miedo en el pueblo chileno contra Allende y contra el comunismo.

 

I don’t see why we need to stand by and watch a country go communist due to the irresponsibility of its people.

Henry Kissinger, 27 de junio de 1970

 

Desde EEUU se catalogó a los chilenos como un pueblo irresponsable, y el Gran Padre tendría que imponer orden si este irresponsable pueblo tomaba decisiones erradas. Kissinger mantenía la “teoría del dominó”, pues para él, la derrota en Chile traería influencias en toda America Latina e incluso en Europa.

Un anexo de la CIA tiene por título Extreme Option – Overthrow Allende, y analiza las ventajas y desventajas de instigar un golpe militar: Es altamente probable que la existosa participación de EEUU en un golpe militar chileno nos libere de forma permantente de la posibilidad de un gobierno dirigido por Allende en Chile.

Pero no pudo aplicarse en el 1970 por la resistencia dentro de Chile, incluso desde las propias Fuerzas Armadas: Un fracaso que seguramente significaría la revelación de la participación de Estados Unidos tendría consecuencias graves sobre nuestras relaciones con Chile, en el hemisferio, en Estados Unidos y en otros países del mundo.

 

4 de septiembre de 1970

El día en que los chilenos fueron a votar nunca imaginaron que estaban en la mira de un hombre que en sí mismo representaba todo el poder de los Estados Unidos: Henry Kissinger.

A pesar de los esfuerzos de EEUU por prevenirlo, Allende ganó las elecciones. Aunque lo hizo con un triunfo por mayoría relativa, con un 36’3% de los votos, por lo que el Congreso tendría que confirmar al vencedor. EEUU aprovechó ese lapso de tiempo para organizar su acción encubierta.

El Comité 40 se reunió de urgencia para discutir el curso de acción a seguir: Un golpe militar contra Allende tiene pocas posibilidades de éxito si no se lleva a cabo a la brevedad. Kissinger pidió una evaluación de las eventualidades que provocaría un golpe militar organizado ahora mismo en Chile con la asistencia de Estados Unidos.

Una semana después, el embajador norteamericano en Santiago envió esta comunicación al Departamento de Estado: Creemos que en estos momentos, los militares chilenos no están dispuestos a intervenir para prevenir el ascenso de Allende al poder sin que exista previamente una improbable situación de caos nacional y de violencia general.

Diez días después de la elección de Allende, el presidente de PepsiCo Inc., Donald M. Kendall, se personó en la Casa Blanca y le pidió a Nixon que le concediera una urgente audiencia a un chileno amigo y socio suyo, Agustín Edwards, propietario de El Mercurio. La reunió se produjo en la oficina de Kissinger, a la cual también acudió el Ministro de Justicia de los EEUU.

Edwards llegó a Washington para impulsar una política dinámica y agresiva contra Allende; se quedó en EEUU donde fue nombrado vicepresidente mundial de PepsiCo, y no regresó en todo el gobierno de la Unidad Popular.

Richard Helms anotó las instrucciones de Nixon tras la reunión con Edwards:

  • Gastar dinero.
  • No importa los riesgos que haya que correr.
  • Los mejores hombres disponibles.
  • Hacer aullar de dolor a la economía chilena.

Ese mismo día, le llegó una orden presidencial al embajador en Santiago, dándole luz verde para moverse en nombre del presidente Nixon, dándole la máxima autoridad para hacer todo lo posible.

 

Un par de hojas de los archivos desclasificiados dicen en su encabezado:

Subject: Genesis of Project Fubelt

Richard Nixon ordenó esta operación “cinturón” el 15 de septiembre, y puso en juego a dos equipos para conseguir un mismo objetivo: uno vestía la camiseta oficial de EEUU, dirigido por su embajador, y debía operar bajo un plan llamado Track I. En términos de la CIA: comprar votos de los congresistas chilenos para no ratificar la elección de Allende. El plan consistía en elegir a Alessandre en la segunda votación, quien inmediatamente renunciaría para que Frei pudiera volver a presentarse a la elección. Así, el aún presidente Frei podría retomar el mando sumando los votos demócrata-cristianos y de la derecha. Sin embargo, pese a los esfuerzos, Frei rehusó interferir en el proceso constitucional y la maniobra de reelección se derrumbó.

Fracasado el método político, quedó en el escenario el segundo equipo con el plan Track II, donde la CIA puso la mayor parte de sus recursos para estimular un golpe de Estado, creando las condiciones y el caos necesario para justificar la intervención militar. Un mes después de la elección de Allende, Nixon se reunió otra vez con Kissinger. Según los documentos que la CIA mandó a Santiago: EEUU quiere un golpe de Estado en Chile. Vamos a apoyarlo y los militares deben conocer este hecho.

 

Empieza la operación

El 10 de octubre, el agente clandestino Tony Sforza informó lo siguiente al jefe local de la CIA:

Viaux espera unas 10.000 bajas en el área de Santiago antes de que las turbas izquierdistas puedan ser liquidadas. El resultado podría ser sangriento y prolongado, es decir, una guerra civil. Ustedes nos han pedido que provoquemos el caos en Chile. A través de la solución Viaux, nosotros ofrecemos una fórmula para que el caos probablemente sea cruento. Viaux puede dividir a las Fuerzas Armadas con algunas unidades del ejército secundándolo, mientras otras se mantienen cohesionadas en torno al general Schneider, es decir, a Allende.

Schneider era un general constitucionalista, por lo que EEUU llegó a la conclusión de que había que quitarlo y reemplazarlo por otro militar para que pudiera avanzar el golpe militar.

 

Por un informe de la CIA, se sabe que un número indeterminado de agentes al mando de David Atlee Phillips llegó a Chile para provocar el golpe y colaborar con el ataque al general Schneider. Este agente, con 25 años en la CIA, anotaba en su historial el derrocamiento del presidente guatemalteco y un rol clave en la fracasada invasión a Cuba, mientras que hay fuertes indicios de que fue el agente que bajo el nombre de Maurice Bishop se reunía con Lee Harvey Oswald. Phillip no era un agente más de la CIA.

La CIA trabajaba con militares retirados como Roberto Viaux, pero también con generales en servicio como Camilo Valenzuela. Entre otras operaciones, recibían armas y munición desde Washington, clandestinamente. Finalmente, dos días antes de la proclamación de Allende, Schneider fue atacado en su propio coche y murió por las heridas tres días después.

 

Proclamación de Allende

 

De acuerdo con los artículos 64 y 65 de la Constitución Política, el Congreso Pleno proclama Presidente de la República de Chile por el período comprendido entre el 3 de noviembre de 1970 y el 3 de noviembre de 1976 al ciudadano Salvador Allende Gossens.

Tomás Pablo, Presidente del Senado chileno, 24 de octubre de 1970

 

El pueblo chileno no tenía miedo. Creía firmemente que estaba en una causa justa, que estaba impulsando un cambio que era posible. Hasta hoy, nunca se ha logrado llegar a unos niveles tan bajos de desempleo (que disminuyó hasta el 4% en el primer año de gobierno), y su PNB aumentó hasta el 8’5% en ese periodo. Hubo mejores sustanciales para la gente que menos tenía (clases bajas, proletarios, campesinos…), y lo más importante, con las mejoras en la distribución de los ingresos, los trabajadores aumentaron del 51 al 63% su participación en la renta nacional. Esto se tradujo en un voto de confianza a Allende, pues el aumento del respaldo electoral de la Unidad Popular, hizo que en las elecciones municipales de 1971 obtuviesen el 50’2% de los votos.

Sin embargo, en las dos semanas siguientes a esta elección, bajó la bolsa, se retiraron $80.000.000 de los depósitos bancarios, y otros $43.000.000 se los llevaron viajeros que hicieron que los aeropuertos se atestaran de familias derechistas que huían precipitadamente del “peligro marxista”.

El veneno del miedo se había inyectado directamente en las venas de la clase social más poderosa de Chile, retroalimentándose con más miedo hasta conformar una peligrosa espiral y engendrar un huracán de violencia. El riesgo de magnicidio fue aumentando cada día, durante los casi tres años en que el doctor Allende fue presidente de Chile. Esto ocurrió por el cumplimiento de la orden de Nixon: hacer aullar de dolor a la economía chilena.

 

 

El gobierno chileno sabía a quién se estaba enfrentando, y que el mayor problema sería la presencia y la intervención de los EEUU en la política chilena, en todos los planos. Sin embargo, lo hacían de manera tan encubierta que parecía que los culpables fueran el presidente chileno y su alianza política de gobierno, la Unidad Popular, creando así las condiciones propicias para el golpe militar.

Fue una completa campaña de desestabilización en Chile, para crear lo que los documentos de la CIA llaman “coup-climate”.

 

Miedo al “peligro marxista”

Tras dos reuniones de emergencia del Consejo de Seguridad Nacional, cuando Allende apenas completaba 5 días al mando, el todopoderoso Henry Kissinger repartía el Memorándum de Decisión nº 93:

Los EEUU maximizarán las presiones sobre el gobierno de Allende para impedir su coalición. Deben emprenderse vigorosos esfuerzos para asegurar que otros gobiernos de América Latina entiendan la oposición de EEUU a la consolidación de un estado comunista en Chile y empujarlos a adoptar una postura similar. Se debe ejercer máxima influencia sobre instituciones financieras internacionales para limitar créditos u otras ayudas de financiamiento a Chile. No deberá hacerse ningún nuevo acuerdo bilateral de ayuda con el gobierno de Chile.

El crédito externo se cerró por completo. Por ejemplo, el Ex-Im Bank suspendió cualquier crédito para la importación del producto norteamericano.

Por otra parte, Nixon decidió que el director de la Oficina de Preparación de Emergencias hiciese un estudio acerca de las posibles conductas del mercado mundial del cobre, los stocks disponibles y otros factores que puedan afectar al mercado del cobre chileno. Justificando sus temores, en julio de 1971, el presidente Allende firmó un proyecto de reforma de la Carta Fundamental para permitir la expropiación de la Gran Minería del Cobre, considerando el derecho de Chile para que el país pudiera ser propietario de su riqueza más importante y dueño de su destino económico. Se cumplió lo que más temían en EEUU, la nacionalización del cobre en Chile por vía rigurosamente democrática. Como contramedida, Nixon vendió al mercado parte de la reserva de cobre que tenía acumulado para fines bélicos, haciendo bajar el precio del cobre y provocando las consecuentes pérdidas en la economía chilena.

Al caso del cobre se sumó luego la acelerada nacionalización de la ITT, la multinacional norteamericana dueña del 70% de la compañía telefónica chilena, también por vía democrática.

Ante estas dos medidas, Nixon enarboló la bandera del derecho a la propiedad, defendiendo que las compañías afectadas tenían derecho a una indemnización inmediata, justa y eficaz, pese a que las leyes de expropiación ya incluían el pago correspondiente a los anteriores propietarios.

 

Aumenta en el caos

Nixon y Kissinger no querían perder Chile como Kennedy perdió Cuba, y sus miedos se potenciaron hasta el punto de no ser capaces de ver las diferencias entre ambos casos. No pudieron entender que Chile, lejos del escenario del conflicto de la Guerra Fría, estaba dando curso a su historia, utilizando otros parámetros: los de su propia experiencia y los de sus propios sueños. La oposición de la derecha, junto con la política de la CIA y del gobierno norteamericano, transformaron la economía en un campo de batalla.

El transporte de mercancías fue boicoteado por la paralización de los gremios de los dueños de camiones. La comisión Church estableció que el Comité 40 había aprobado la entrega de $100.000 a organizaciones empresariales en octubre de 1972, durante la primera huelga de camioneros. Así, si observáis la geografía de Chile y la necesidad del transporte de mercancías, podréis deducir que la batalla por la producción estaba perdida de antemano. (Hay que aclarar que el dólar en el mercado negro cotizaba en 200 veces más que su valor oficial, por lo que una misma entrega de $100.000 equivaldría a $20.000.000, de dólares de los años 70). En esas fechas hubo un intento de paralizar un país, que llegó a durar mes y medio con cada vez más movimientos empeñados en el bloqueo. Según el mismo Senado norteamericano, un grupo del sector privado entregaba el dinero del Comité 40 a los huelguistas, pagando sumas a cada uno de los 20.000 camioneros chilenos para que mantuvieran el paro indefinidamente.

Otro factor clave para la desestabilización del gobierno fue la acción terrorista de la ultraderecha, a la que la CIA le entregó $45.500, según reconocieron los mismos dirigentes de estos movimientos. Estos grupos se organizaron región por región, con apoyo económico y armamentístico llegado desde Brasil, hasta el punto en que en 1973 se registraba un acto terrorista cada 10 minutos en algún lugar el país. Fue la misma Armada desde sus sectores golpistas la que contactó con este movimiento para pedirles acciones de sabotaje contra infraestructuras eléctricas, oleoductos y ferrocarriles, acentuando así el paro nacional para seguir fomentando el golpe.

En ese escenario de caos, las pinceladas clave las ponía El Mercurio, el decano de la prensa chilena, con su cadena de diarios nacionales y regionales en el que la CIA gastó más de $1.500.000 y donde se publicaba al menos un artículo diario preparado desde EEUU. Sin duda, para la CIA, la gran arma propagandística que constituía la cadena de diarios de Edwards conformaba el actor más importante sobre el escenario del complot para socavar la democracia chilena y eliminar al presidente Allende. Sus hombres de confianza ocuparon la presidencia del periódico mientras Edwards estuvo en EEUU, y posteriormente fueron ministros durante la dictadura.

Aun así, es posible que gran parte de los que participaron en estas acciones sigan creyendo que todo fue espontáneo, pura manifestación ciudadana del legítimo derecho de protesta ante la caótica situación. Pero es importante que sepan, en honor a la verdad, que su acción se insertó en un complot norteamericano, y que muchos de sus dirigentes activistas se enriquecieron a costa de sus protestas.

 

 

El hecho es que para provocar el golpe militar, durante los 3 años del gobierno de Allende, el Comité 40 aprobó más de 7 millones de dólares clandestinos de apoyo a grupos de desestabilización, que al precio del mercado negro se traducían en 1400 millones. Mientras tanto, la macroeconomía dirigida desde el norte también siguió castigando a Chile:

  • La ayuda bilateral de EEUU a Chile bajó de 35 millones en 1969 a sólo 1’5 en 1971.
  • Los créditos del Ex-Im Bank, que registraron una cifra récord de 234’6 millones en 1967, llegaron a 0 en 1971.
  • Los préstamos del BID, que llegaron a 45’6 millones en 1970 bajaron a 2’1 millones en 1972.
  • El Banco Mundial no dio nuevos préstiamos en el periodo entre 1970 y 1973.
  • EEUU presionó en el Club de París para que se rechazara la renegociación de la deuda externa de Chile, una deuda que se había contraído en los dos gobiernos anteriores, una deuda que en la estadística global era calificada como una de las más altas per cápita del mundo.
  • Los créditos comerciales para comprar repuestos automovilísticos bajaron de 300 a sólo 30 millones de dólares. De este modo, hacia finales de 1972, un tercio de los camiones diésel del mineral del cobre de Chuquicamata, el 30% de los autobuses privados, el 21% de los taxis y el 33% de los omnibuses estatales no podían operar por falta de repuestos o de neumáticos.

Sin embargo, ¿qué pasó con la ayuda militar? Bajó al comienzo, con sólo $5.700.000 en 1971, para luego subir a 12’3 y 15 millones en 1972 y 1973, respectivamente. Aumentaron también los cupos para entrenamiento de personal militar chileno en Fort Gulick (Panamá), de 181 cupos en 1970 hasta 257 en 1973, para preparar oficiales en tareas de contrainsurgencia en la tristemente célebre Escuela de las Américas.

 

La recta final

El 4 de marzo de 1973, la empresa conjunta de Nixon y Kissinger entró en la recta final hacia su meta. Hacia fines de julio de 1973, la CIA informó que la coordinación del plan para el golpe de Estado estaba casi finalizada. ¿Qué los detenía? Nuevamente, la presencia de un Comandante en Jefe constitucional, el general Carlos Prats.

El primer intento se produjo el 29 de junio, cuando se sublevó el batallón blindado al mando del coronel Souper. El episodio quedó en la historia como el Tanquetazo, ya que los tanques salieron a la calle y llegaron hasta el Palacio de la Moneda. Sin embargo, la decidida acción del Comandante en Jefe Prats y del Jefe del Estado Mayor, el general Pinochet, lograron abortar el tanquetazo. La única forma de eliminar a Prats parecía ser el secuestro o el asesinato. Sin embargo, con el recuerdo del caso de Schneider aún fresco en sus mentes es difícil que los golpistas estuvieran dispuestos a llevarlo a cabo. Finalmente, las fuerzas golpistas consiguieron la renuncia del general Prats el 23 de agosto, eliminando el principal factor de impedimento del golpe.

El 31 de agosto, Washington recibe el comunicado de que el ejército chileno se ha unido en torno a la idea de un golpe y que comandantes de regimiento cruciales de Santiago han pactado su apoyo. El presidente Allende designó a su amigo, el general Augusto Pinochet como nuevo Comandante en Jefe del ejército, entonces leal al gobierno y en quien Prats veía una figura que podría conseguir la unidad frente al golpe que estaba surgiendo.

 

En la madrugada del 8 de septiembre, la CIA en Santiago emitió otro informe: La Armada está programada para iniciar un movimiento destinado a derrocar el gobierno del presidente Salvador Allende. Si Allende renuncia o llama a plebiscito se produciría una postergación de los planes de la Armada.

Último fin de semana de gobierno de la Unidad Popular. Mientras una docena de altos oficiales golpistas acordaban las instrucciones finales en el Ministerio de Defensa, en el Palacio de la Moneda el presidente Allende tenía una mañana de tenso trabajo.

Su idea era la de llamar a plebiscito el próximo martes, y si perdía, naturalmente entregar el poder. El presidente se reunió con los generales Pinochet y Leigh. A Pinochet le encargó coordinar las fuerzas militares con las de los sindicatos obreros para subyugar el alzamiento militar que se estaba armando, y acerca del cual Pinochet le dijo que tenía bajo control.

Pinochet se despidió de Allende cálidamente, dándole la mano y apretándole el brazo: Descanse, presidente.

 

9 de septiembre: En el puerto de Valparaíso, los almirantes golpistas comulgaban en la capilla naval. Pinochet, en su casa, firmó el pacto golpista. El papel decía, escuetamente: “El día D será el 11, y la hora H, las 06:00 am”.

 

10 de septiembre: La CIA en Santiago confirmó en su central que todo estaba preparado. En el Ministerio de Defensa, los hombres uniformados daban los últimos toques para poner en marcha su maquinaria de guerra. En la Moneda, el presidente informaba sobre su plan político a sus más cercanos colaboradores.

 

El golpe

El presidente siempre mantuvo la calma, sabiendo lo que iba pasar, sabiendo que ése era el final. Tras empezar la sublevación, se dirigió inmediatamente al Palacio de la Moneda, sin esperar a su escolta. La preocupación principal de Allende era la de tratar de manejar la situación hasta donde se pudiera, políticamente. Sin embargo, rápidamente tuvo conciencia de que había unidad en todas las Fuerzas Armadas. Confirmó a los golpistas que no se iba a mover del Palacio de la Moneda.

 

 

Los tanques que defendían el Palacio encararon sus cañones en la dirección opuesta. Primero dispararon bombas lacrimógenas. Cuando se hizo evidente la fuerza del golpe, Allende le pidió a mucha gente que saliera, en especial a las mujeres.

A las 11:38 ya se habían disparado 175.000 tiros y sólo quedaban dentro 60 personas, contra todas las Fuerzas Armadas que pedían rendición incondicional frente a la amenaza del bombardeo.

A las 11:52 empezó el ataque aéreo, y Allende pidió a quienes quedaban con él que se rindieran, que salieran en orden y con dignidad. Pinochet ordenó la ejecución de casi todos ellos, mientras indicaba que no cesara el ataque.

Mientras se marchaban, Allende les agradecía su papel, diciéndoles que él sería el último en salir.

 

 

1908 - 1973

 

 

Consecuencias y posteriores acciones

Más de 2000 personas fueron ejecutadas por la dictadura militar, y más de 1200 siguen desaparecidas. Más de 28.000 fueron víctimas de prisión política y tortura.

La CIA, después de colaborar en la instauración de varias dictaduras en Lationamérica, coordinó un sangriento operativo de colaboración entre las dictaduras del hemisferio, conocido como la Operación Cóndor. Esta operación permitió a las Fuerzas Armadas y paramilitares de los países del Cono Sur desplazarse libremente en el territorio de otros para secuestrar, hacer desaparecer o asesinar a los ciudadanos considerados sediciosos. La acción conjunta de las dictaduras de Sudamérica coordinadas por EEUU deja una triste y amplia lista de 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidos y 400.000 encarcelados y torturados. El Departamento de Estado norteamerican señaló públicamente: Los servicios de inteligencia del Cono Sur se han unido y tienen un programa claro de ayuda mútua. En América Latina, el sistema funciona casi a la perfección.

Al igual que en España, tras la retirada de la Junta Militar, hubo un proceso de transición hacia una democracia artificial, en la que tampoco se castigaron los crímenes de esos 17 años de fascismo, sino que simplemente se aceptaron, al igual que se aceptó el saqueo del país por la macroeconomía y la arquitectura institucional que dejó establecida Pinochet, sin posibilidad de ser modificada por la oposición de la derecha en el Congreso.

 

La figura de Allende

Allende creyó, hasta el momento de su muerte, en el movimiento hacia el socialismo por la vía pacífica y democrática. Después del 11 de septiembre se convirtió en una figura trágica por la infamia con la que se le organizó este golpe de Estado para impedir su proyecto original.

Aun así, su proyecto “a la chilena” no fue el que proponían los métodos de los fundadores del marxismo, para quienes la democracia era una palabra hueca, burguesa, a través de la cual el capital domina a las clases sometidas mediante el diálogo parlamentario entre las clases apoderadas. El marxismo siempre ha planteado la toma del poder por la violencia, y no se han ocultado estas intenciones. Y para mantener el poder, una vez tomado, debía hacerse a través de la autoridad. Para los primeros marxistas, en su erróneo esquema biologista de la historia, la violencia es la que resolvía la situación dialéctica de la sociedad (burguesía-monarquía, proletariado-burguesía). La violencia es la que hacía nacer una nueva sociedad, que engendraría a su vez un nuevo conflicto dialéctico.

Nadie había cuestionado los defectos mecanicistas de esta concepción dialéctica marxista-hegeliana. Pero la historia es algo mucho más complejo que esto. Quien finalmente lo problematizó y trajo algo nuevo fueron Salvador Allende, la Unidad Popular y la postulación de la vía pacífica para llegar democráticamente al socialismo.

Sin embargo, como habréis visto, fue impresionante la velocidad con la que empieza a prepararse la oposición. Éste fue un golpe importante para quien creyó que la revolución cubana era exportable, que era vanguardia en lugar de excepcionalidad: EEUU no iba a tolerar otro Castro.

Al no poderse agredir los dos grandes bloques de la Guerra Fría, las guerras calientes se daban en la periferia, visualizadas desde Occidente como guerras contra el marxismo. Y Allende tomó medidas que empezaron a tender claramente hacia el socialismo, en especial la nacionalización del cobre, a lo cual se añadía su amistad con Fidel Castro.

En medio del caos promovido desde el norte, todos le echaron a Allende la culpa del desabastecimiento y empiezó la movilización de las clases altas. Sin embargo, desde la izquierda de Allende, por parte del MIR, con una oposición muy fácil, también hubo críticas por no haber efectuado todavía la reforma agraria, la expropiación de otros monopolios o el cambio de la estructura social. Que piensen en esto quienes lo tengan que pensar.

 

Allende creyó en la bondad de la esencia del hombre. Pero la esencia del hombre no es buena. Es egoísta. Es un ser destructivo, y esa esencia es la que asume el capitalismo. La esencia del hombre es la esencia de la dominación y la destrucción sobre el otro.

Lo original del intento de Allende fue ir contra la esencia de la condición humana destrutiva. Quiso hacer avanzar la historia por su lado bueno, mientras que la izquierda le reprochaba que la vía pacífica al socialismo era la vía hacia el desastre. Aun así, su actitud le llevó a convertirse en una de las figuras más puras y formidables del pensamiento de América Latina. Porque Allende se quedó en la Moneda. Porque lo iban a sacar con los pies por delante.

Desde ahí dio su último discurso, revelando su pensamiento esperanzador, alimentado por la fe de un devenir necesario de la historia hacia una situación de justicia social, que va a llegar pase lo que pase. No iba a renunciar. Mantuvo su lealtad al pueblo, dando su vida por él. Aunque puedan avasallarlos por la fuerza, los procesos sociales no se detienen.

Pero lo hicieron. En Chile abortaron por completo el proceso. Aunque Allende defendiera que la historia es del pueblo que la hace, pero al final es de quien tiene las armas. Como él mismo advirtió, su caída se debió al capital multinacional y su alianza con los sectores poderosos internos con sus intereses financieros e internacionales.

 

Mucho más temprano que tarde se abrirán de nuevo las grandes alamedas por las que pase el hombre libre.

 

Quien dice eso estaba a punto de morir, siendo bombardeado. Coraje y convicción moral e ideológica. Sabía que iba a dar su vida por su causa y que su sacrificio no sería en vano, pues la causa que encarna, la del socialismo que puede llegar al poder pacíficamente, es la igualdad para todos, al contrario que la expoliación capitalismo. El pueblo va a tener que defenderse, pero él es quien va a sacrificarse. La historia tiene una dirección hacia la liberación final de los pueblos, y por esa causa, por la paz, Allende dio su vida. Yendo hasta el final con sus convicciones.

 

Por tu coherencia en los momentos más duros. Por tu valentía y tu respeto por la libertad. Por defender la dignidad humana. Por ser una luz de esperanza en este largo camino de lucha por la justicia.

 

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Categorías:Críticas, Sociedad
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