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Contra la melancolía otoñal

 

Empieza el otoño, y con la estación empieza mucho más, aunque otras cosas permanecen.

En lo personal, para quien no lo sepa todavía, me traslado a Barcelona dentro de dos días, para empezar un Máster en Neurociencias y continuar aportando todo lo que me sea posible (y todo lo que me permitan) a la ciencia y a la investigación en biomedicina. Para mí será empezar de cero por tercera vez. Me he estado planteando cómo contaré este nuevo año a quien quiera leerme o escucharme, y aunque tengo algunas ideas en mente, todavía no he decidido el método, pero sí el contenido. Seguiremos informando.

 

Un andante melancólico, gracioso, que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno.

El otoño es un andante melancólico, gracioso, que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno. (George Sand)

 

En lo público, también empiezan nuevos fenómenos. Por lo que os he dicho, podré seguir de cerca el final (o el principio) del proceso soberanista que está produciéndose en Catalunya. Según lo que han querido informar los medios, el transcurso de las acciones debería pasar por una moción por parte del Ejecutivo central para declarar la nulidad de la consulta de noviembre, a través del trámite del Tribunal Constitucional. Pero os diré algo: ese sería el mayor favor que le puede hacer el gobierno a los partidos independentistas, tanto a CiU como a los del ala izquierda. Si llega a darse esa situación, si no se permite ejercer la democracia, no habrá federalismo, represión o cesión de competencias que pueda arrancar el victimismo de los nacionalistas catalanes. El derecho de autodeterminación de los pueblos está recogido por todos los Pactos Internacionales sobre Derechos Humanos (porque sí, Catalunya y el resto de zonas con su lengua constituyen una nación, con todo el significado de la palabra, aunque por mi parte sólo defenderé esta identidad desde el aspecto cultural y lingüístico); por ello, bajo ningún concepto debe prohibirse a un pueblo a ser consultado, aunque ese comportamiento ya tenga precedentes en España, como los inexistentes referéndums sobre el modelo de Estado o las reformas constitucionales.

¿Que Catalunya forma y debe formar parte de España? Por supuesto, y nunca he defendido lo contrario. Sin ninguna duda, las consecuencias serían nefastas para ambas partes y sus beneficios no las compensarían, en especial en lo económico, porque, por muy mal que quede esa comunidad y pese a toda la fuga de capital catalán, a España tampoco le sentaría nada bien perder una quinta parte de su PIB y gran proporción de su tejido industrial. Aunque también en lo geográfico, y si no, ya me dirán cómo siguen las exportaciones nacionales a Europa al perderse casi la mitad de las vías transpirenaicas. Pero, al margen de futuras calamidades y de muchos detalles que no vale la pena mencionar, la democracia ha sido la bandera que han enarbolado los herederos de la dictadura para salir indemnes de la misma (con el consentimiento y los hilos de Juan Carlos de Borbón, Adolfo Suárez, Torcuato Fernández-Miranda y la administración Nixon). Sus herederos perderían la poca legitimidad que les queda si, ante el mayor conflicto territorial desde el establecimiento de las Autonomías, simplemente le quitan la voz a quien la tiene. Como no me gusta quejarme sin proponer nada, de momento sólo dejaré dos palabras, que puede que desarrolle en otro momento: ‘Estado plurinacional’.

 

Otra de las “novedades” de otoño, por supuesto, es el nuevo Secretario General del Partido Socialista Obrero Español (perdón, del Partido Socialdemócrata Español). Pese a que ha dicho más bien poco y ha hecho más bien nada, de momento no diré mucho de Pedro Sánchez, pero sí que me gustaría darle un consejo: no se deje llevar. Al principio, me parecía un buen candidato, incluso buena gente, al margen de lo que pueda haber hecho su partido en el pasado. Aunque el señor Pérez Tapias me parecía mejor opción, pues orientaba a un partido de centro-izquierda hacia la izquierda, en lugar de optar por el inmovilismo de los otros dos, no me disgustaba demasiado la opción de Sánchez. Pero claro, llega septiembre, y con la vuelta al cole todas las expectativas pasan por la unidad de dinamiteros. En lo que llevamos de mes, al margen del federalismo propuesto para caer bien a los nacionalistas, Sánchez está ejerciendo el mismo discurso que el omnipresente Felipe González, e incluso con la misma estrategia (personalismo, juventud, regeneración…). Si el señor Sánchez se deja llevar, si no se planta pronto, acabará ocurriendo lo que pretende el señor González, un pacto de confluencia a la alemana, con el partido conservador, para terminar lo que empezó con la abdicación de Juan Carlos de Borbón: una nueva reforma constitucional que perpetúe a quienes gobiernan sin ser elegidos (llámeseles capital, poder económico, IBEX35, o como se quiera), mientras que se le dan nuevos privilegios a Catalunya y Euskadi para calmar los ánimos nacionalistas, y se consolida la ilusión del Estado de Bienestar hasta que llegue la nueva ola de recesión (que, por cierto, me parece oír que la están augurando desde los organismos europeos mientras escribo esto).

Aunque por otro lado, si el señor Sánchez se deja llevar en su actitud, acabará siendo otra moda más, actuando como la Moda de este año, sí, SÍ, ¿cómo no iba alguien a no hablar de eso?, ¿ya tardaba, no? El señor Sánchez ya está empezando a actuar como un tertuliano más, transformándose en superestrella, con vulgaridades y consignas que le consigan unos cuantos votos y unos cuantos puntos de audiencia a Berlusconi o Lara, según el canal en cuestión. Pedro Sánchez va en camino de tomar la actitud de Pablo Iglesias. Y esa es la otra novedad del otoño. Si es que no paran, ¿eh?

 

Ahora mismo, los adeptos de Podemos deben estar en pleno apogeo de democracia interna y horizontalidad con su Asamblea Ciudadana, que en estas fechas estará organizando a su gente para redactar los borradores de constitución de sus bases. De momento, el señor Pablo Iglesias ya se ha cubierto las espaldas al transformar la figura de portavoz en la de Secretario General, y no quiero imaginarme cómo acabará esto. Pero bueno, demos un voto de confianza a esta Asamblea, que tiene hasta el 15 de noviembre para decidir si al líder le hacen busto o retrato. De momento, la novedad de este proyecto de ingeniería política nos ha dejado un conglomerado de movimientos sociales desorganizados, pero reunidos en torno a discursos de una frase y a soluciones simples (que no sencillas) a problemas complejos. Sí, eso que llaman ‘populismo’ y que les gusta usar incorrectamente en América Latina para quitarle culpa al imperialismo. Esa palabra que aunque no esté en el diccionario describe perfectamente a este neopartido, con un comportamiento interno pseudofascista (“si no compartes nuestra opinión eres el enemigo”, perdón, “eres casta”), aunque sin el componente de la disciplina que caracterizaba a los auténticos autócratas. Porque, pese a que sean los conservadores del PP quienes usen ese argumento, no deja de ser verdad que desde Podemos tienen discursos homologables a algún prefascista italiano, a alguna ultranacionalista francesa o a alguna líder española de color de Rosa (“ni de izquierdas ni de derechas”).

Quizás el afán recaudatorio de periódicos impresos y la tendencia podemista de muchos de los digitales hayan ocultado algunos conflictos en la formación. Para no darles mucha publicidad, de momento sólo os adelanto que en varios Círculos se ha llegado a las manos por discrepancias. Como he dicho en alguna ocasión, el asamblearismo horizontal no es más que otra de las formas ilusorias de predicar la democracia interna; sólo hay que conocer nociones mínimas de psicología para entender que en cualquiera de esos círculos se decidirá la propuesta que traiga el más carismático, que rara vez será la mejor opción. Prefiero bastante más que las propuestas se elaboren y se decidan por expertos en cada ámbito (según los principios básicos de la formación), y que luego se le expliquen detalladamente esas propuestas al resto de militantes y simpatizantes, para que se evalúen. Pero si se siguen lanzando consignas económicas por parte de politólogos, os digo desde ya que nada va a sostener su sistema si llegan al poder. En cuestiones internas, de momento tampoco hablaré más, porque además hay críticos mucho más despiadados y con mucha más información contra Podemos que yo, al igual que contra movimientos quincemayistas y derivados, cuya ilusión de libertad y su individualismo les llevó más pronto que tarde a la disgregación. Porque aunque los indignados me merecen el mayor respeto como personas, prefiero guiarme por quienes ya se indignaban y denunciaban cuando las cosas iban bien, y no sólo cuando les afecta al bolsillo.

Sin embargo, sí os diré por qué mi repulsa hacia esa formación ha ido en aumento. Allá en febrero, fui uno de los que firmó para que pudiesen presentarse como formación política a las elecciones europeas, y no me arrepiento de ello. Sin embargo, cuando llegó el 25-M ya tenía claro el rumbo que tomarían, y lo expresé en un llamamiento que hice contra la abstención. Sin embargo, la hoja de ruta que tomaron desde ese día llevó a los medios a considerar que habían arrasado por completo. Pues bien, Breaking News!!, aquellas elecciones las ganó, por desgracia, el PP, seguidos del PSOE y de Izquierda Unida. Pero es que aun habiendo triplicado sus votos desde la última elección, tanto los podemitas como todos los medios consideraron que IU había fracasado estrepitosamente, y es esa actitud chulesca por parte del triunvirato la que me repatea el hígado cada vez que la escucho. Señores Iglesias, Monedero y Errejón: por muchas encuestas que se hagan, todavía queda más de un año para las próximas elecciones generales, y a menos que quieran presentarse a elecciones municipales con sus programas por delante, dejen ya esas actitudes mesiánicas. Porque no, no me vale que usen el spin-off de Ada Colau para “no ensuciar la imagen de la formación con pactos menores en municipios”.

Y siguiendo con esa prepotencia, lo que más me revuelve la bilis es que estén presentando la elaboración colectiva como si fuese algo propio y algo nuevo. Pues no. Al menos en España, esa actitud se fraguó en los primeros años de Izquierda Unida, primero por parte de su padre, Gerardo Iglesias, que se opuso a don Santiago Carrillo para conseguir una confederación de partidos de izquierda, y luego por parte de su madre, Julio Anguita, que crió a la formación como a una hija y la educó con la elaboración colectiva previamente ensayada con éxito en Convocatoria por Andalucía. Así que, señor Pablo Iglesias, deje de vender su estafa piramidal y mire hacia atrás, con autocrítica a ser posible. Y, si no es mucho pedir, deje también de torpedear a la formación de IU, porque aunque ya haya conseguido dividir sus opiniones, se le están viendo las intenciones desde los resultados europeos. E incluso antes, desde que el asesoramiento de Monedero a Gaspar Llamazares casi llevó a IU a la desaparición, en su autodestrucción ecosocialista. Pero desde su enaltecido triunfo, no ha habido movimiento interno en Izquierda Unida que no haya favorecido a Podemos, en especial a manos de sus portavoces teledirigidos (Alberto Garzón y Tania Sánchez), pero también a través de otros submarinos, de la ventaja que obtuvo en el grupo de la Izquierda europea tras la dimisión de Willy Meyer, de la crónica de la muerte anunciada de Cayo Lara y de la manipulación de encuestas sobre posibles pactos. Señor Pablo Iglesias, si su formación resiste a su proceso constituyente y si de verdad quiere pactar con este partido, acepte su naturaleza de confederación y acuerde un programa de mínimos desde el que ponerse de acuerdo, pero dejando a un lado las fantasías autocráticas y las propuestas basadas en pancartas. Y si durante los viajes a Bruselas tiene tiempo para reflexionar, piense en quién le dio permiso para hacerse mediáticamente famoso, si fue “la ciudadanía” a la que tan bien sondea para hablar en su nombre sin fundamento alguno, a la que quiere apoyar poniéndose detrás de la manifestación y no en la vanguardia, o si fue el capital que controla los medios quien le impulsó al estrellato para dividir el voto de la izquierda y calmar los ánimos de la indignación frente a su nuevo Mesías.

 

Y yo quería hablar del otoño… En fin, sólo me falta por comentar otra novedad, que he dejado para el final porque algunos quizás no la consideren como tal, y es que, por no perder sus formas, el Partido Popular sigue sin cumplir su programa electoral. Aunque esta vez ha sido para bien, pues ha implicado la archivación de la Contrarreforma de la Ley del aborto. Sobre esto no creo que hable más adelante, así que intentaré explicarme cuanto pueda.

Para discutir un poco sobre eso, antes que nada voy a hablaros del aborto como concepto, como herramienta médica, y sí, me voy a mojar (depende del lector decidir si lo hago con agua o con gasolina en llamas). En medicina, hay dos tipos de aborto inducido, según su finalidad: el anticonceptivo y el terapéutico. Pues bien, en lo más profundo de mi mente, en mi conciencia, y como fruto de meditaciones lógicas, os puedo decir que no estoy a favor de la finalidad anticonceptiva (“¡¡Genocida!!”), pero dejad que me explique. Estoy a favor de la educación sexual, y de que, en la escuela o en la familia, se eduque a los adolescentes en edades hormonales para tener un mínimo conocimiento sobre estos temas. Porque, aunque los demócrata-cristianos que nos gobiernan se rasguen las vestiduras por hablar del fornicio en escuelas públicas, es algo sobre lo que hay que hablar. Si los jóvenes y no tan jóvenes no quieren procrear antes de tiempo, en esta época tienen muchos más medios de los que conocen para evitarlo, y aquí no vale que “me da corte el plastiquito” (por no mencionar la protección ante ETS), o que “no me gusta la pastilla”. Porque, si ante esas opiniones se hubiera educado bien, estas personas sabrían el enorme trauma, a nivel de salud para la mujer, que constituye un aborto: riesgos de infecciones y sepsis, trauma de cérvix, inflamación o absceso pélvico, peritonitis, endometritis, laceración o perforación del útero, trauma renal, hemorragias, trombosis y embolias, esterilidad o futuro desarrollo de embarazos ectópicos o nacidos muertos o con malformaciones, probablemente un aumento del riesgo de desarrollar cáncer en estos órganos, etc. Cualquiera que frivolice sobre este asunto debe saber que sus riesgos no compensan en absoluto el momentáneo placer de no usar protecciones, y que esta técnica no debe usarse a la ligera.

Desde este punto, reivindicando una mejor educación y concienciación para evitar todos estos riesgos de salud ante la falta de sensibilidad frente a este fenómeno, también sé que existen accidentes, y que por baja que sea, la probabilidad de que fallen las barreras físicas o químicas contra el embarazo también existen. Ante estos casos, y evidentemente ante supuestos de malformaciones, riesgos para la madre, violaciones, etc., defiendo el uso del aborto terapéutico, siempre que la decisión de aplicarlo recaiga únicamente sobre la madre, aunque pueda y deba recibir asesoramiento y atención médica.

Para acabar, voy a obviar por un momento los aspectos científico-médicos del aborto para discutir mínimamente los éticos. Ante todo, aclarar que cualquier argumento anti-abortista político es un argumento religioso, y si hay alguno que no lo sea, por favor, infórmeseme. En esto, como en cualquier otra de mis opiniones sobre sociopolítica, me voy a basar en los Derechos Humanos.

Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad, y a la seguridad de su persona.

Me gustaría recalcar la palabra “derecho”. Porque un derecho es tal cuando se está en disposición de renunciar al mismo (como puede ocurrir ante el derecho a huelga o ante el de percibir una pensión por haber sido diputado). Esto también se aplica al derecho a la vida, que no se le puede negar a nadie como tampoco se le puede obligar a ejercerlo (esto también implica que defiendo el derecho a la eutanasia). Entonces, ¿por qué se empeña el gobierno demócrata-cristiano para quitar la decisión de ejercer o no ese derecho, tan válido como cualquier otra de las libertades democráticas? Y si desde el Gobierno se empeñan en la defensa del no-nacido, a petición del lobby católico español, ¿no sería una incoherencia que, una vez nacido, el derecho de un menor recaiga en sus padres hasta los 18 años? ¿Por qué quitarle a la madre la capacidad de decidir, en nombre de su hijo, si ejercerá o no su derecho a la vida? ¿Realmente creen que las madres que han ejercido su derecho al aborto lo han hecho con maldad, y no por ahorrarle a su hijo un posible sufrimiento? ¿De verdad no se han dado cuenta de que, si en verdad existe una forma pura de altruismo en la raza humana, su máximo exponente se encuentra en la relación de una madre hacia el fruto de su vientre?

 

Con todas estas reflexiones no pretendo convencer a nadie, solamente expresar mi opinión mientras las libertades democráticas me lo permitan. Aun así, si he convencido a alguien sobre algo, me alegro, pues en mi actitud también contemplo la subversividad bienintencionada.

Como bien describió en Fa Mayor este maestro italiano, este inicio de estación debería ser motivo de alegría y danza por la recolección de la cosecha, pero ante la falta de frutos en la que nos encontramos, parece ser que el travieso borrachín se quedará dormido de nuevo. Sólo espero que la embriaguez y el sueño en los que caerá el resto de campesinos no impida que suenen los ladridos de los perros y el corno de los cazadores.

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Categorías:Sociedad
  1. Aún no hay comentarios.
  1. 5 octubre, 2014 en 12:22 PM

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