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El problema de (la) Izquierda Unida

Desde hoy dejo constancia de que retiro mi apoyo a Izquierda Unida a nivel nacional. Aunque sea una cuestión de opinión, ya que nunca me he querido afiliar a ella, no simpatizaré más con la formación mientras siga actuando como voy a explicar. Esto no implica que les retire mi voto, siempre que el Partido Comunista de España siga formando parte de la confederación, ni que deje de apoyar a la federación del País Valencià, recientemente reforzada por el PCPV.

 

El problema de Madrid

El pasado domingo, el Consejo Político Federal (CPF) decidió por 113 votos (contra 45) la desfederación de Izquierda Unida – Comunidad de Madrid (IUCM). En la práctica, esto implica la expulsión de 5.000 militantes, que constituían la federación más importante del territorio. Habría que añadir que el CPF carecía de estas competencias, que esta decisión está en contra de los propios estatutos de la organización y de su Principio de Federalidad, y que por tanto la medida debería haber pasado por la aprobación de unos nuevos estatutos en Asamblea Federal, en los que se contemplasen estas operaciones. Pero, ¿qué importa respetar las normas en los tiempos que corren?

No sé si hace falta decir que la mayoría de los 113 votos a favor han seguido el dictado que el candidato nacional de la formación ha ido publicitando desde el 24-M. Alberto Garzón y su séquito, después de haber anulado la poca autoridad que se le otorga a Cayo Lara como coordinador federal, han hecho gala de la mejor mano de hierro y verticalismo por la que en los 80 se hicieron famosos Alfonso Guerra o Santiago Carrillo en sus respectivos. Lo siento de verdad por todos aquellos militantes que creen que su opinión todavía cuenta en las decisiones de altura, pero en lo último en que están pensando todos estos cargos ávidos de poder es en dar voz a sus bases.

El problema explícito que ha llevado a la desfederación de IUCM es, por supuesto, el que los medios han usado para erosionar durante muchos meses a la formación: las corruptelas de Moral Santín, Gregorio Gordo, Ángel Pérez o Tania Sánchez, materializadas en la debacle de Bankia, el uso de tarjetas black o el nepotismo, como mejor os venga. Por supuesto, no voy a disculpar estas acciones y considero que estos problemas se deben solucionar tajantemente, pero, ¿justifica esto la criminalización y expulsión de 5.000 militantes en masa? En el grupo dinamitado había militantes que llevaban décadas luchando, dejándose la piel, sin cobrar, sin ser cargos públicos, pagándose la gasolina para ir a reuniones por todo el territorio y hacer organización. Y ahora les dicen que son la vieja guardia, que son casta. ¿Es eso la izquierda que se quiere construir?

Por supuesto, como he dicho, una parte de esta militancia aplaude la decisión tomada e incide en esta humillación, aunque por el miedo a tentar a la suerte no sabemos si son mayoría o minoría al no haberse dignado el CPF a consultar la medida. Pero quienes apoyan esta purga parecen olvidar que esta “vieja guardia” se ha entregado contra viento y marea a la izquierda, se ha levantado de cada derrota, ha sacrificado el tiempo que podría invertir en sus seres queridos y ha aguantado la soledad del páramo político cuando muchos ya no creían en IU.

 

¿Compensa la unión por erosión?

Cuando el curso natural de un río forma alguna curva en su cauce, la fuerza de su caudal erosiona lentamente sus riberas hasta que se forma un meandro. Con el paso de cientos o miles de años, la curva se acaba cerrando y se vuelven a unir sus extremos, dejando de nuevo un cauce recto y un lago en forma de herradura. Pero ya se sabe que la izquierda siempre va a contracorriente, ¿no?

004-Meandro del rio Alagon

Visto lo que se conoce sobre IUCM está claro que esta federación –y muchas otras– necesita cambiar bastantes cosas, pero, ¿es apropiado focalizar la atención sobre los problemas de Madrid para atacar al resto, como han hecho hasta ahora los medios de comunicación? Sobre este asunto, de entrada, hay algunos puntos que al pensarse pueden causar desconfianza hacia lo que llega a oídos del pueblo llano:

¿En qué momento adquieren una sobredimensión social y mediática los problemas de Santín, Gordo o Pérez? Se debería recordar que desde 2013 ya era de dominio público. Pero después de las elecciones europeas el epicentro de la lucha política se centra en Madrid de un modo completamente encarnizado, sobre todo después de que se develara el sector filopodemista de IU. Para facilitarlo también se sube el volumen de los problemas de IUCM, por ejemplo cuando la entonces candidata de Madrid –patrocinada por Atresmedia– llegó al nivel de obscenidad de venderse como “o nosotros o la mafia” en su campaña.

Y también, ¿por qué se incidía en que estos problemas estaban matando a IUCM, cuando las encuestas de mayo de 2013 les daban los mismos escaños autonómicos y municipales que al PSOE? Hay que considerar que la fuerza en aumento que mostraba esta federación les podría dar incluso el gobierno de Madrid. Pero claro, parte de la estrategia de Iglesias para las generales pasaba por el triunfo en Madrid, para lo cual también hacía falta la dilución de IUCM en el -emos de turno que se interpretaría socialmente como un triunfo de Podemos. Desde que empieza el conflicto a mediados de 2014, las posturas de quienes defienden la disolución y quienes reivindican la identidad política de IU se separa cada vez más, mientras que se acelera la lucha interna por el control de la organización que culmina con el nombramiento de Garzón.

A estas alturas os estaréis preguntando que por qué no IUCM no confluyó con Ahora Madrid, con lo buena gente que parece Carmena y lo bien que habla Garzón sobre Podemos. Sobre esto quiero hacer un inciso acerca de las diferentes formas de cooperación política, y sobre por qué al final IUCM no se sometió y provocó la ira de los filopodemistas: una coalición, a diferencia de una agrupación de electores o un partido instrumental, permite que sus candidatos continúen representando sus siglas y por tanto rindan cuentas por su gestión al resto de la militancia. Con la coalición se consigue la pervivencia del espacio político de IU en Madrid, de su presencia institucional (incluidos sus diputados en el Congreso) y de la capacidad para articular e impulsar la lucha del movimiento obrero y de los movimientos sociales hacia la superación de la sociedad capitalista a través de un programa propio e identificable.

Además, una coalición permite que la cada formación tenga financiación y subvenciones tanto por sus cargos electos como por pertenecer a una organización con estricta representación institucional, financiación que desaparece con otras fórmulas jurídicas, o que se llevan otros. Cuando se ha incidido tanto en reducir el debate al amor propio de algunos, alegando que “las siglas impiden trabajar para la mayoría”, se parece olvidar que estas diluciones impiden la supervivencia de las formaciones que la constituyen. Un modelo válido, por ejemplo, es el de Barcelona en Comú, aunque se quiera equiparar con Ahora Madrid, pues en Barcelona los concejales electos de EUiA-ICV siguen representando a esta organización y se permite el sustento de las mismas. Pero en Madrid no se ha querido que sea así, y habría que preguntarle a algunos partidos como Equo por qué han accedido a desaparecer, porque su financiación en Madrid depende desde ahora de la buena voluntad de Ahora Madrid y no de ningún acuerdo previo. Por esto es por lo que IUCM no ha accedido a su dilución.

También cabe añadir que la candidatura de Tania Sánchez aceptó que las convergencias sólo se apoyarían en forma de coalición, pero no quisieron respetar las reglas y causaron la escisión ya conocida. Aun así, Sánchez habló de acoso aunque fue ratificada por la dirección que quería controlar; habló de falta de apoyos por sus polémicas familiares, aunque ahora está imputada; dijo que no se iría a Podemos, pero todos los que se fueron con ella están en sus listas autonómicas. También se debería añadir que se hizo un referéndum para saber si la militancia quería entrar o no en Ahora Madrid –conociendo todo lo anterior–, pero ante el miedo a perderlo, los partidarios de la dilución lo boicotearon. Al final, las disputas y problemas consiguieron que el CPF invalidase la candidatura municipal, formada por quienes permanecieron en IU, a lo que hay que sumarle el apoyo manifiesto a Ahora Madrid por parte de cargos electos y la deslegitimación de IUCM por el mismo Garzón. Así, ¿cómo se pretende superar el 5%, si además ahora se expulsa a quienes defienden la identidad de IU?

 

El problema de fondo

En el trasfondo de todo este asunto, el problema no tan visible, aunque sea evidente cuando se reflexiona mínimamente, tiene que ver con todo el conjunto de IU, no sólo con IUCM. Creo que queda claro que ya no cabe sacar la navaja de Ockham, que ya no tiene sentido simplificar la política como ocurre en los medios, porque en este caso no se aprecia toda la dinámica de poder. Este problema consiste sencillamente en la estrategia activada por el sector de Garzón para controlar la organización en todo el territorio e imponer un plan político determinado. Un plan que, atendiendo a las últimas declaraciones de este sector y la acción tomada en Madrid, sólo puede acabar con la disolución de la formación a nivel nacional.

El problema de la disolución que conllevaría el modelo de Ahora Madrid / Podemos se puede producir de dos formas, vista la situación: o bien diluyéndose IU directamente en Podemos, o bien con la disolución de ambos grupos para formar un nuevo partido orgánico, como defiende Manuel Monereo. Es posible que este movimiento ya esté en parte acordado entre los notables de los dos partidos, habida cuenta de la sintonía de algunos líderes de IU con el podemismo. Pero para que esto sea posible es necesario el control pleno sobre IU, aunque conlleve la pérdida de militantes. Lo importante es eliminar la resistencia, deshacerse de todos aquellos que no acepten los cambios que defiende Garzón, y la solución del problema de IUCM como debería haber sido –en una asamblea extraordinaria– podría dificultar este objetivo. Por lo tanto, volvemos a las purgas carrillistas.

La disolución de IU no es una simple hipótesis. Cualquiera que haya seguido los artículos de personalidades como Anguita, Monereo, Luque o Llamazares puede darse cuenta de la vía que quieren que siga la organización. Pero lo más indigno de esta actitud no son sus razones políticas, sino el pastoreo al que quieren someter a las bases y simpatizantes, con un verticalismo que le falta al respeto a toda la militancia que todavía cree en IU y con una cúpula que asume las premisas que lanzan los medios de comunicación del capital –certificando el estado de coma de la organización para preparar el nuevo invento–.

En toda esta historia también hay que contemplar la deriva ideológica que está tomando IU desde hace meses. El giro protagonizado por Podemos y muchos otros -emos en las elecciones municipales esconde este desplazamiento hacia una concepción interclasista de la política, hacia el ciudadanismo abstracto y vacío que defiende el sector garzonista para acercarse a Podemos –y lo siento, pero yo me niego a defender a Ana Patricia Botín, Felipe de Borbón o a Joan Rosell, por muy ciudadanos que sean–. La consecuencia de esto sólo conduce a la transformación de IU en un partido “atrápalotodo”, con rasgos que ya se empiezan a definir en la formación, y que Podemos lleva defendiendo desde sus inicios: 1) una reducción de la carga ideológica del partido como organización de clase para apostar por una ambigüedad que les dé más votos (sobre lo cual se han sustentado los -emos municipalistas); 2) el fortalecimiento de grupos de la alta dirección y del líder, en condición de figura mediática y con autoridad para saltarse sus propias normas, y 3) la devaluación de la militancia del partido en favor del votante, para asumir una política interna únicamente electoralista. Todos estos movimientos no son nuevos, y de hecho ya ocurrieron en el PSOE de Suresnes (1974), cuando abandonaron el marxismo para dejar la socialdemocracia como la máxima izquierda  a la que pueden llegar.

Vista la situación, ¿deberían los militantes considerar a IU una batalla perdida y centrarse en recuperar el partido? Frente a la actitud golpista del Consejo, la defenestración de Cayo Lara y las actitudes del sector dominante que se centran en dinamitar la formación, es posible que esta sea la mejor opción. No se puede negar que gran parte de la situación de IU se ha desencadenado desde cierta dirigencia del PCE, donde se incluye el secretario general J.L.Centella que ha causado el estancamiento del partido al creer que su concepto no representa la principal forma de participación ciudadana. El rígido control que ejerce este aparato sobre el partido dificulta que vuelva a ser tomado por las bases y reorientado hacia lo que debiera ser –un partido de masas y de vanguardia–, pero es necesario intentarlo, estrechando lazos con comunistas de otras organizaciones y con los que no están afiliados a ningún partido, para volver a tener una base en la izquierda más allá de las histerias electorales, centrada en desarrollar una conciencia de clase anticapitalista.

Enlazando estos objetivos con la decisión tomada en IUCM, los dirigentes deberían tener en cuenta que cualquier medida que expulse a la militancia de esta forma ya es un fracaso, aunque se les permita volver a una nueva formación refundada y descafeinada. Nada puede compensar la pérdida de militantes, ni siquiera unos pocos votos volátiles. La militancia es el alma de la izquierda, el núcleo de la lucha por el socialismo, el corazón del esfuerzo por transformar la sociedad y la voluntad férrea de luchar por un mundo sin explotadores y explotados. Pero a estos dirigentes que les gusta tanto abstraer el trabajo de sus bases no les importa perder la militancia, porque resulta prescindible una vez que la acción política se vuelve únicamente electoralista.

Pero por encima de todo, un pilar de la izquierda es la solidaridad con su clase y con sus compañeros, y en oposición al egoísmo de estos tiempos es la razón más fuerte para ser comunista y luchar por el socialismo. Y por ello, ni yo ni nadie de izquierda que se precie debería ser partícipe de la humillación política de estos 5.000 militantes. Mi decisión sobre IU dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos, pero de momento el sector de Garzón ha ganado mi rechazo y la formación ha perdido mi voto de confianza.

 

Salud y República.

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Categorías:Críticas, Sociedad
  1. paco
    21 junio, 2015 en 11:50 AM

    tienes un estilo literario excelente, de tal modo que podrías pasar por ser un periodista, quizás deberías ver como usar ese don en beneficio propio y de los demás,

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