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Si el eco de su voz se debilita, pereceremos. En recuerdo de los abogados laboralistas de Atocha

24 enero, 2016 1 comentario

En el prolongado periodo de excepción que representó para los pueblos de España la dictadura franquista, éstos han venido recorriendo una larga marcha, lenta pero infatigable hacia la conquista de sus libertades y la recuperación de sus derechos. Gritando por pan, trabajo y libertad, por la democracia, por la amnistía a los presos políticos. Al principio, un puñado de justos se puso en movimiento entre ruinas y montículos, cargados de palabras y deseos, para sentar los cimientos de la ciudad de la razón. En condiciones más que difíciles, su mensaje se fue reproduciendo por vía oral, por libros que cruzaban la frontera de noche o por hojas volantes repartidas por quienes exponían su vida al peligro de la cárcel, por difundir unas cuantas palabras razonables.

Poco a poco fue creciendo su número en los trabajos, en las minas, en las oficinas y en las aulas, y recurriendo a todos los métodos se fue cimentando un país nuevo, minando lo viejo y caduco. En los últimos años, las semillas plantadas durante esas largas marchas empezaron a germinar. Proliferaron las marchas, las movilizaciones obreras y populares, las manifestaciones y todas formas de lucha. La clase obrera y las masas populares iniciaban un amplio movimiento encaminado a su liberación. Y en ese movimiento se veían acompañadas por otras fuerzas profesionales e intelectuales, entre las que ocupaban un destacado papel los abogados laboralistas.

Los despachos laboralistas empezaron a funcionar en 1966, impulsados por la ausencia de sindicatos auténticamente obreros durante la dictadura y por el deseo de profesionales de encontrar nuevas alternativas al ejercicio de la abogacía. Sus ingresos provenían únicamente de los juicios que ganaban para los trabajadores, que repartían por igual entre todos los miembros del despacho. Al compás de las luchas y necesidades del movimiento obrero, se fueron extendiendo por todo el país. Durante los distintos avatares que pasaron los despachos laboralistas, han estado siempre al servicio del movimiento obrero y sus sindicatos democráticos, cumpliendo una función de información, defensa, asesoramiento y coordinación de la clase obrera. En los momentos más difíciles para ésta también desempeñaron el papel de puerta de atraque, siendo prácticamente el único lugar donde se podían reunir y organizar los trabajadores.

Pero quedaban los nostálgicos del franquismo, que durante décadas habían ostentado un poder casi único, y aunque su peso sociológico era casi nulo, contaban con la fuerza que les proporcionaban sus conexiones con las grandes finanzas, los cuerpos represivos y el fascismo internacional, así como la desesperación al ver que estaban a punto de perder sus privilegios. La clase obrera, las masas populares, arrinconaban a ese búnker de los que convirtieron al irracionalismo en su coartada ideológica para medrar, corromper y explotar, invocando a la familia desde los lechos de sus mujeres, al sindicato instrumentalizado para amordazar a la clase obrera, al municipio utilizado para especular con el suelo y acorralar a la ciudadanía. Desde hace años se veía venir ese acorralamiento, esa definitiva hora de la verdad ajena y la mentira propia. Por ello, especialmente desde la muerte del dictador, recurrieron a la vía del caos para la perpetuación de su hegemonía. En un Madrid que se desbordaba reclamando la amnistía total y las libertades al son de los estertores de la dictadura, el búnker fascista se lanzó a una terrible campaña de asesinatos e intimidación.

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El 24 de enero de 1977, apenas se había secado la sangre de Arturo Ruiz asesinado por la Triple A durante una manifestación proamnistía cuando derramaba también la suya Maria Luz Nájera, estudiante de 20 años que fallecía por una fractura de cráneo provocada por los antidisturbios. Esa noche, un comando terrorista de extrema derecha vinculado a Falange y a la operación anticomunista Gladio penetró en el nº55 de la calle Atocha de Madrid, despaho laboralista de CCOO y el PCE. Reunieron a cuantos allí estaban, encañonándolos, y cortando los hilos de teléfono. Preguntaron quién de ellos era Joaquín Navarro, secretario general del sindicato de transportes de CCOO que había sido amenazado de muerte un par de veces por la mafia franquista del transporte. Cuando vieron que no estaba allí comenzaron los disparos.

Esa noche perdieron la vida cuatro abodados laboralistas y un administrativo. Luis Javier Benavides trabajaba en el despacho de Atocha desde 1974, donde empezó a militar en el PCE; miembro de las Comunidades cristianas de base, asesoraba a los trabajadores de la compañía aérea TWA y a varias asociaciones de vecinos de Madrid. Enrique Valdelvira había ingresado recientemente en el PCE, y se había incorporado en el despacho de Atocha como experto en cuestiones urbanísticas. Serafín Holgado, de origen obrero y nacido en Salamanca, sólo llevaba trabajando 5 meses en el despacho, los mismos que en el PCE; en el momento de ser asesinado planeaba abrir un despacho laboralista en su ciudad natal. Francisco Javier Sauquillo llevaba 7 años militando en el PCE y estaba casado con la también abogada Loles González, a la que protegió con su propio cuerpo durante el atentado. Ángel Rodríguez, natural de Casasimarro (Cuenca), hijo de emigrantes y comunista desde 1974, fue despedido de la Telefónica a raíz de una huelga, donde entra en contacto con el despacho de Atocha y colabora en cuestiones administrativas.

Quedaron gravemente heridos Alejandro Ruiz, Luís Ramos, Miguel Sarabia y Loles González, esta última embarazada y mujer de Sauquillo. Cabe destacar que Loles también fue pareja de Enrique Ruano, estudiante de Derecho que fue detenido 8 años atrás por lanzar octavillas por la calle y militar en el Frente Popular de Liberación; fue asesinado tras 3 días de tortura a manos de la Brigada Político Social, aunque medios como ABC o el ministro de Información, Manuel Fraga, distorsionaron los hechos atribuyéndole tendencias suicidas a Ruano. La protesta llevó a imponer el primer estado de excepción a nivel nacional, tal día como hoy, que terminó con cientos de detenciones, torturas, encarcelamientos y deportaciones.

Matanza de Atocha

Víctimas del atentado de Atocha. De izquierda a derecha, Enrique Valdelvira, Luis Javier Benavides, Francisco Javier Sauquillo, Luís Ramos, Alejandro Ruiz, Loles González.

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Cinco muertos. Quienes les habían elegido como víctimas sabían que con ello golpeaban los nervios más sensibles de las masas populares, a cuya defensa habían entregado sus vidas en su doble condición de abogados y de comunistas.

Reunidos en asamblea permanente, cientos de abogados tuvieron que librar una dura y feroz batalla para ver reconocido su derecho a reunir un último homenaje a sus compañeros muertos. A pesar de la mezquina resistencia del gobierno de Suárez, siendo todavía ilegal el PCE, la presión de la abogacía en pleno, de la opinión pública y de la prensa, arrancaron el permiso para instalar una capilla ardiente, aunque la amenaza velada del ministro de gobernación Martín Villa, de una tragedia aún mayor que no estaba seguro de poder evitar, no contribuyó a disipar el clima de ansiedad y terror creados.

En un impresionante orden y silencio, miles de personas aguardaron durante varias horas para poder desfilar ante la capilla ardiente y rendir también un emocionado tributo y admiración hacia los fallecidos y lo que representaban. Fueron 300.000 personas las que acudieron a la manifestación de duelo en Madrid; quienes estuvieron presentes no olvidan la intensidad, emoción y fervor que se respiró en la masiva convocatoria que colmó la Plaza de Colón. No hubo gritos, sino un estruendoso silencio, aunque todos los concurrentes podrían haber coreado a una sola voz el verso de Paul Éluard: si el eco de su voz se debilita, pereceremos.

También se calcula que el día del funeral pararon 300.000 trabajadores en Euskadi, 40.000 en Navarra, 200.000 en Catalunya, 50.000 en Asturias, y varias decenas de miles en Galicia, sevilla, Valladolid, Zaragoza, Santander, Murcia, además de los 300.000 de Madrid y su cinturón industrial. Las coronas enviadas por trabajadores de fábricas y oficinas, asociaciones de vecinos, colegios profesionales, partidos políticos y otras entidades y particulares testimoniaban el dolor y la repulsa de prácticamente toda la sociedad española.

funeral

Manifestación en duelo por los abogados asesinados. Madrid, 26 de enero de 1977.

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Aquel fue un crimen franquista, y aunque se condenó a sus perpetradores 3 años después, junto colaboradores del Sindicato Vertical del Transporte y excombatientes de la División Azul, sus inductores máximos, las cabezas pensantes, no llegaron a sentarse nunca en el banquillo por la lamentable instrucción del juez.

Esta fecha quedó marcada en el calendario internacional y pasó a formar parte de la imborrable historia colectiva de la clase trabajadora española. Por ello, año tras año, el PCE, CCOO y la clase obrera recuerdan a los abogados asesinados por el fascismo para preservar no sólo su recuerdo sino también sus luchas, sus principios políticos, sus reivindicaciones de democracia, justicia y libertad.

Nadie muere en sí mismo, nadie puede acordarse de cuando estuvo muerto, de cuando ya no aliente. Nadie sabe su muerte, los demás la contemplan mas a ninguno alcanza a poseer la que es suya. Continúa en nosotros, y en sí mismo no ha muerto aquél a quien reclaman los vivos, porque la muerte es nada si se tiene conciencia de que un pecho plural es el pecho del mundo. Esta también es mi mochila, una mochila cargada de dignidad, una rebosante de transformación social que miles de militantes, sacrificando incluso sus vidas, ayudaron a llenar. Quienes pretendemos retomar la lucha de aquellos históricos camaradas no permitiremos que ningún titiritero nos haga avergonzarnos de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que seguiremos siendo, más que le pese a todos aquellos que quieren relegar al Partido Comunista de España al cajón de la historia. Entre todos demos una respuesta a los asesinos, a los de entonces y a los de ahora: con nuestra unidad, con nuestra normalidad, con nuestra repulsa, con nuestra serenidad, con nuestros pasos hacia el socialismo.

Monumento "El abrazo" de Juan Genovés en conmemoración de los abogados laboralistas. Plaza de Antón Martín, Madrid

Monumento “El abrazo” de Juan Genovés en conmemoración de los abogados laboralistas. Plaza de Antón Martín, Madrid

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Fuentes audiovisuales recomendadas
Hasta siempre en la libertad, Colectivo de cine de Madrid (1979)
7 días de enero, Juan Antonio Bardem (1979)

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Categorías:Sociedad

Reflexión de la jornada

20 diciembre, 2015 Deja un comentario

Como más vale tarde que nunca, reflexionemos. A pelo.

(N.del.A.: por algún motivo, facebook detecta mi parrafada como spam, así que os lo público directamente aquí)

El capitalismo, a diferencia del otros modelos económicos y productivos de la historia, es un sistema capaz de reproducirse a sí mismo, de reinventar sus formas de actuar para que no caiga ninguno de sus pilares básicos (acumulación constante de capital, explotación del trabajo asalariado, niveles de producción creciente por los que cualquier otro sector se somete al financiero, etc.). Y si hablamos del Estado, que a fin de cuentas no deja de ser un instrumento más del capital para legitimarse económica e ideológicamente, entra en juego un factor más del sistema para mantenerse: la política y el parlamentarismo.

En el caso español, el mecanismo que se ha puesto en marcha podemos atribuírselo a sir John Gurdon: la clonación. Igual que la Primera Restauración borbónica se basó en una alternancia de dos partidos en el gobierno (liberal y conservador), la Segunda consiguió lo mismo a manos de J.Carlos de Borbón y Adolfo Suárez, que se limitaron a actualizar la Constitución de 1876 al siglo XX y a dejar hacer a la burguesía. 40 años después, ante la movilización cada vez mayor de una izquierda que sí podía amenazar a esta burguesía, frente a un PP que no podía seguir ocultando su condición de mafia organizada, un PSOE en caída libre en intención de voto y una monarquía tambaleante, saltó la alarma.

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Había dos problemas a resolver: la movilización y conciencia cada vez mayores que podrían hacer peligrar el orden dominante, y la estrategia política al terminar la legislatura, que podría destruir al PSOE si optaban por un gobierno de coalición. Entonces, las empresas de comunicación optaron por rescatar el experimento de UPyD, a una escala mucho mayor. Primero, aprovechando la estrategia coordinada entre algunos trotskistas y los politólogos de la Complutense, empezaron con un nuevo partido ni-ni (ni de izquierdas ni de derechas): Podemos. Durante semanas y meses, el partido se benefició de monográficos y publicidad gratuita, con el visto bueno de magnates de la comunicación (Roures, Lara…) que nos pusieron a Pablo Iglesias hasta en la sopa. Cuando el partido creció demasiado, bastó que estos mismos medios (salvo su hoja parroquial, Público.es) bajasen un poco el volumen y metieran alguna crítica. Y mientras se preparaban las elecciones regionales, le llega el turno a Ciudadanos, que ha conseguido con UPyD lo mismo que Podemos con IU.

Fruto de esta ingeniería mediática, el tándem desprestigiado acabó siendo clonado en dos formaciones presentadas como el cambio, lo nuevo, la regeneración inmaculada y virgen, libres de todo mal y sin pecado concebidas. Los votantes descontentos del PP podrían votar a su nuevo partido liberal, recién salido de fábrica, y los del PSOE a su nuevo partido de la ilusión y el ilusionismo. Nuevos rostros y chaquetas limpias. El sistema encontró la solución para legitimarse de nuevo; ya no haría falta un pacto antinatural, porque gane quien gane, el futuro gobierno mantendrá las reformas emprendidas y seguirá el mismo camino. El capital está contento y respira tranquilo.
El debate decisivo del mundo mundial que promocionó Atresmedia el 7D ejemplifica la llamada prensa “libre” de la democracia burguesa, aunque la libertad se aplique únicamente a quienes poseen los medios. Resulta difícil creer que estos medios echen piedras contra sus propios intereses al apoyar opciones supuestamente hostiles; no es casual que en el debate únicamente fuesen invitados los cuatro integrantes del doble bipartidismo, aunque tampoco esperaba otra cosa de medios privados, con plena libertad para potenciar a quien deseen.

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Voy a ahondar un poco más en las cuatro marcas del supermercado de mañana, aunque incidiré un poco más en los inmaculados para intentar que queden claras las intenciones del bipartidismo al cuadrado:

Partido Popular: sinceramente, y ya lo he dicho en otras reflexiones, si algún trabajador sigue votando por esta opción merece toda la represión que han estado ejerciendo. La crisis de los 2000 ha demostrado que el sistema de producción globalizado-neoliberal ha dejado de ser válido, pero el partido por excelencia de la burguesía y el nacionalcatolicismo se ha encargado de privatizar lo poco que quedaba del estado del bienestar. A nivel ideológico, respaldados por la caverna mediática cuyo privilegio ahora comparte con Ciudadanos, se han empeñado en hacernos creer que el capitalismo es el sistema natural del ser humano, tergiversando y torciendo cualquier argumento para intentar esconder sus intenciones. Falacias como la competitividad global, la liberalización comercial y financiera, la desregulación, la privatización, la austeridad, etc., que también está usando el candidato naranja, nos están llevando a que se produzca sólo donde es más barato hacerlo, donde se obtienen más beneficios, a que disminuya el gasto social en favor de la acumulación, o a que empeoren las condiciones de trabajo y aumente la precariedad, consiguiendo que los trabajadores compitan entre ellos en lugar de permanecer unidos contra quien les explota. Por último, a nivel social, el gobierno de este partido ha conducido al país a unas condiciones que difícilmente superan los mínimos de los derechos humanos, en cuestiones como la pobreza, la represión, las libertades individuales o la discriminación sexista, racista y clasista.

 

Partido Socialista Obrero Español: curiosamente, el único momento en que este partido recuerda que son socialistas y obreros es cuando recitan su nombre en los mítines. En el resto del tiempo, especialmente cuando están en el gobierno, tienen un problema notable de memoria, en cuestiones como la economía (donde dejan al Estado como un complemento para el desarrollo y le dan todo el poder al mercado, a sus ministros y a los años 90 me remito), el republicanismo, la laicidad del Estado, la organización territorial federal, la soberanía del pueblo frente a instituciones supranacionales o la participación en el imperialismo atlantista. No dudo de que hay bases que están convencidas de que esta opción es la mejor para España y que a nivel municipal e incluso autonómico están haciendo un buen trabajo, pero a nivel nacional también parecen haber olvidado de que Zapatero fue el producto mediático de los 2000, en aras del progresismo y el no a la guerra, y que González lo fue antes que él, cuando hacía falta encauzar el voto por una vía domesticada y llevó a un partido exiliado y minoritario a segunda fuerza de la restauración, gracias al apoyo ideológico de las empresas de comunicación y al económico de la Internacional Socialista y Willy Brandt. Pedro Sánchez también lo ha parecido olvidar, y se niega a ver que no es más que otro producto mediático dispuesto a venderse por conseguir publicidad como cualquier superestrella. Además, aprovechando que le han salido partidos por izquierda y derecha, han explotado al máximo la falacia de la equidistancia, aquello de que la virtud está en el término medio, con lo que parecen obviar que la clase explotadora y la explotada no tienen la misma fuerza a la hora de defender sus intereses. Quienes quieran votar a esta opción, obviando su historia (destrucción de la industria, OTAN, los GAL…), tened claro que sólo daréis paso a un nuevo ciclo político, y que por muchas reformas que emprendan volverán a caer en saco roto mientras no se tomen en serio su condición de socialistas.

 

Podemos: alias EnComú-ICV-EUiA, alias Compromís, alias Mareas gallegas. Un partido homeopático, con todo excipiente, ningún principio activo y una horda de fanáticos afirmando que “a mí me funciona”. En 2013, cuando IU se estaba acercando peligrosamente al umbral de intención de voto, los medios sistémicos se lanzaron intensa y agresivamente en una campaña de promoción que no se había visto en muchos años, aprovechando el ego de un politólogo acomodado que no consiguió la candidatura de IU para Europa. Pero considerando lo peligrosísimos que los pintan, ¿no encontráis curioso que un discurso tan radical de transformación encuentra altavoces y espacios cada noche en el prime time de TV, que los dueños del monopolio comunicativo estén haciendo una excepción? Igual que con el PSOE del 82, Pablo Iglesias está siendo protagonista de una euforia desmedida de una masa ya no tan grande preñada por el ilusionismo, más que por la ilusión. Me atrevería a decir que aquel PSOE estaba más a la izquierda que el Podemos actual, que ya ni se molesta en disimular en cuestiones como la OTAN (es difícil habiendo fichado al general que diseñó el bombardeo de Libia) o en la bendición que han recibido del poder financiero y empresarial de la CEOE: “lo importante es que ningún partido, ni siquiera Podemos, destrozaría ya la política económica actual” (J.Rosell); “los inversores deberían estar tranquilos con Podemos porque no creemos que haya alternativa al libre mercado” (P.Iglesias).

Los críticos contra ellos desde su izquierda nos enfrentamos a una cuestión de fe, a una irracionalidad colectiva que desea alcanzar un orgasmo político, pues en muchos casos nos vemos forzados a enfrentar argumentos racionales con sus consignas fáciles para captar a cuantos más mejor, sin importar que sean falangistas o anticapitalistas. En otros casos, nos ponen enfrente algunas declaraciones que nos hacen dudar de si están hablando en serio o bajo el efecto de algo, como la del filósofo de cabecera de la formación y candidato al Senado, Alba Rico: “la gente normal, en resumen, aún podría ganar si no os empeñamos en ser de izquierdas”. Pero al igual que sucedió en el 82, de poco sirven argumentos y razones cuando el ilusionismo impone su efecto narcotizante y nos hace retroceder en la lucha de clases, dando paso a la desmovilización y la paz social y haciendo de la política un espectáculo más.

Seguramente, quienes les votéis estaréis pensando que estáis eligiendo la indignación de la gente, el espíritu del 15M o el de DemocraciaRealYa, o que optáis por el cambio. Al menos planteaos quiénes son esos indignados, quiénes protestaban y por qué, qué pedían, si respondían a una actitud de ruptura o sólo de reacción por haber perdido sus comodidades, si han servido para los intereses de los trabajadores o para encauzar su ira. Si habéis ahondado un poco más en su filosofía puede que hayáis leído algo de Trotsky, de Laclau o de algún filósofo postmoderno, pero algo que no suele notarse hasta que es demasiado tarde es que cuando la izquierda se enquista en la academia son otros los que ocupan su sitio en la calle (muchas veces la extrema derecha), y que el populismo, aunque funcione a corto plazo, es un arma de doble filo que puede escorar hacia el fascismo. Personalmente, a mí me resulta imposible tener respeto hacia unos líderes de la gente que en la cercanía tienen actitudes clasistas, de falta de respeto hacia el resto de la izquierda, oportunistas hacia el sol que más calienta, que aceptan aquello de que ya no hay izquierdas y derechas, que niegan a definirse ideológicamente, que rechazan cualquier principio para captar más votos o que se toman sus programas como un conjunto de sugerencias.

 

Ciudadanos: al igual que no puedo tener respeto a los anteriores, ningún partido de la derecha lo merece tampoco. Sus propuestas responden a la ideología típica liberal, que pretende reducir al mínimo el Estado pero manteniendo las libertades mínimas para que parezca que todo va bien (en lo cual se diferencian de los conservadores). Por todo lo demás, en especial en la cuestión económica, son un calco del PP; no en vano sus propuestas son las mismas que la fundación FAES, think tank de este partido.

Como parece que el partido surgió de la nada, voy a hacer un poco de memoria. Ciudadanos nace en 2005 en Catalunya, impulsado por el sector más derechista del PP catalán, con Vidal-Quadras. Su líder, Albert Rivera, era asesor en LaCaixa y ex-militante del PP, aunque por dicha época apenas tuvo algún interés por parte de la derecha mediática. En 2009, algo que se comenta poco, la formación concurre con un partido de extrema derecha para las elecciones europeas, Libertas, contando con bastante financiación por parte de contratistas militares. Pero en 2014 empiezan a hormonar al partido desde las empresas de comunicación: entrevistas, programas, monográficos…, que en cuatro meses consiguen que pasen de un 5% de intención de voto a ser tercera fuerza en las encuestas. Para ello les financia, entre otros, FEDEA, el lobby de la patronal española de donde vienen sus propuestas económicas, y claro, las cuentas del partido empezaron a no cuadrar y crearon empresas pantalla que están saliendo ahora a la luz. Como era de esperar, su presencia en los medios superaba a la de PSOE, IU, UPyD y CiU juntos. Por otro lado, necesitaban cuadros, militancia, y para ello se valieron de la reserva de tránsfugas y arribistas de otros partidos, con excargos del PSOE, el PP  UPyD o Falange, que se dedicaban a coleccionar carnets. Algunos de ellos trajeron bajo el brazo algunos asuntos corruptos, y otros se los montaron una vez en C’s.

En materia económica, por si esto todavía no ha prevenido a alguien de votarles, su propuesta estrella es el contrato único; básicamente, que a menos que estés 8 o más años, la indemnización por despido será ínfima en comparación con la actual (8 días). No en vano la mayoría de inversores extranjeros están recomendando que se les vote. En el Parlamento Europeo también están demostrando su postura, votando lo mismo que los grupos del PP y el PSOE en la mayoría de asuntos. Por lo demás, dejando clara la intención de “regeneración” de la derecha, aquello de que cambie todo para que todos siga igual, la mayor baza de este partido es la oratoria de su líder y la explotación del conflicto en Catalunya, que despierta el espíritu reaccionario de los últimos nacionalcatólicos aunque su programa económico sea igual al de CDC. A no ser que tengáis trabajadores asalariados de quienes estéis obteniendo beneficios en vuestra empresa, cualquier propuesta de este partido va a perjudicaros en la misma medida que las del PP.

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Por mi parte, mi opción esta vez va a ser la de Unidad Popular – Izquierda Unida, aunque la papeleta me va a quemar en las manos por el riesgo de que Garzón le venda IU a Iglesias. El goteo de los cuadros de IU a Podemos comenzó hace tiempo; de momento han destacado los oportunistas, traficantes de poltronas y mercenarios políticos, en especial Tania Sánchez (cuyo ridículo aceleró la desintegración de IU-Madrid). Pero lo que sucederá el lunes está por ver. El fantasma de los liquidadores planea sobre las sufridas bases de IU, con el peligro de tener al enemigo en casa. Igual que Carrillo dejó herido de muerte al PCE en beneficio del PSOE, la absorción de IU está presente en una nueva generación de izquierdosos con un peligroso déficit de formación ideológica. El candidato Garzón, intentando desesperadamente de captar a la izquierda más crítica, parece que ha descubierto la necesidad de criticar a Podemos, apelando al “viaje al centro” de Iglesias, pero resulta bastante difícil de creer su intención cuando IU irá de la mano de Podemos en Catalunya y Galicia. Ya que aún voto en Valencia, donde nos corresponden 15 escaños, hay una posibilidad de que uno de ellos se le conceda a UP-IU, que en este caso le correspondería a Ricardo Sixto, ya congresista y con un trayectoria que le hace merecer mi voto.

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Se avecina una nueva travesía por el desierto para la izquierda, los daños serán elevados y los tiempos difíciles, pero no es la primera vez que nos enfrentamos a duras adversidades.

Salud y República.

Categorías:Críticas, Sociedad

De sindicatos y proletarios

29 octubre, 2015 Deja un comentario

Hoy se cumplen 5 años desde que nos dejó uno de los hombres que más ha hecho en favor de los suyos, de la clase obrera. Un referente en la lucha de clases y el antifascismo: Marcelino Camacho, miembro fundador del sindicato Comisiones Obreras y su secretario general durante la primera década postfranquista. En su recuerdo, y en reivindicación de su trabajo y del de tantos otros, continúo la serie de artículos sobre cómo hemos avanzado desde la dictadura hasta la situación actual de este país, centrándome hoy en el auge y el declive del sindicalismo, y en su relación con la política y con la clase obrera. Apunto que hablaré de la acción sindical en términos generales, pero sobre todo me referiré a CC.OO., actualmente el sindicato con más afiliados en España, al que conozco mejor por la proximidad ideológica que tengo con su tradición.

 

 

Orígenes del sindicalismo español

 

Aunque la historia del movimiento obrero en España es igualmente importante que su actualidad, no quiero ahondar demasiado en sus orígenes para no alargar la entrada, así que sólo mencionaré algunos temas acerca del sindicalismo antes de la dictadura.

En el Sexenio Democrático de nuestro siglo XIX, durante los años 1868-1874 –en los que se incluye la Revolución Gloriosa y la Primera República–, es cuando puede decirse que nació el movimiento obrero en España, con la fundación de la Federación Regional Española de la Primera Internacional (FRE-AIT) en el Congreso Obrero de Barcelona de 1870 –aunque unas décadas antes ya se habían dado los primeros conflictos y huelgas en Catalunya, único lugar industrializado de España y centrado en el sector textil–. La llegada de la AIT a España supuso por primera vez la expresión de la conciencia de clase en este país, a un nivel en que se ponía en tela de juicio el sistema de relaciones de producción, instituciones y valores. Debemos considerar que en el movimiento obrero en España hubo una preponderancia de los sectores anarquistas sobre los socialistas, a diferencia del resto de Europa, lo cual llevó a que no se organizase ningún partido político desde la Federación. Cuando se disolvió la AIT, por tanto, el movimiento obrero quedó sin ningún tipo de representación política en la primera Restauración Borbónica, salvo apoyos puntuales de republicanos. Para llenar ese vacío, un grupo minoritario de marxistas crearon el Partido Socialista Obrero Español en 1879, y la Unión General de Trabajadores en 1888.

Con la entrada del siglo XX y la industrialización del resto del norte de la península se desarrollaron nuevas tendencias en el movimiento obrero, pero a nivel sindical la que mayor fuerza alcanzó fue el anarcosindicalismo, que fundó la confederación Solidaridad Obrera en Barcelona. La organización participó en episodios importantes de la época como la huelga frente al reclutamiento para Marruecos –que desembocó en la Semana Trágica de Barcelona–. Finalmente, en 1910 se creó la Confederación Nacional del Trabajo, que se convertiría en el principal sindicato de masas hasta la guerra civil. Tanto la CNT como la UGT tuvieron en esos años un carácter casi exclusivamente obrero, al mismo tiempo que se fomentaba la culturización de la clase obrera y la participación desde cada sector territorial, por su carácter federal.

 

Portada del diario publicado por el sindicato Solidaridad Obrera. Barcelona, octubre de 1907

Portada del diario publicado por el sindicato Solidaridad Obrera. Barcelona, octubre de 1907

 

En un ambiente de huelgas industriales y campesinas cada vez mayores se recibió el triunfo de la revolución bolchevique, donde su organización en asambleas obreras (soviets) demostró el éxito de las ideas colectivistas de los sindicatos españoles. Frente a este nuevo ímpetu del movimiento obrero, los patronos se organizaron contra las ideas revolucionarias mediante la policía y el terrorismo blanco –mercenarios y pistoleros contratados por la patronal–. Al final de la década había múltiples actos de lucha social y actos terroristas por toda España, que terminaron con el asesinato del primer ministro Eduardo Dato en 1921.

Durante la dictadura de Primo de Rivera, impuesta a petición de Alfonso XIII para controlar la situación del país, la mayor parte del sindicalismo se prohibió, aunque aprovechando la caída de la CNT algunos sectores de UGT sí que colaboraron con el régimen –representados por líderes como Besteiro o Largo Caballero, en contra de otros como Indalecio Prieto–. Con la llegada de la Segunda República, pese a que las autoridades fueron favorables al movimiento obrero, no lo eran las circunstancias económicas. Por ello, siguieron los desórdenes que acabaron perjudicando a los propios obreros por la salida de los partidos progresistas del gobierno y la represión que siguió por parte de la coalición PRRCEDA –sí, por más que pese a algunos, durante la República también gobernó la derecha–. Todos estos factores y el auge del fascismo impulsaron la organización de la izquierda en el Frente Popular, mediante el cual la izquierda llegó al gobierno y se propició el golpe de Estado contra la República.

 

Obreros en la Revolución de Asturias de 1934. La huelga general revolucionaria contra el gobierno de la CEDA arraigó especialmente en Asturias por la unión entre CNT y UGT. Durante la insurrección se formó la Comuna Asturiana, a la altura de la de París o la de Petrogrado, en la que se instauró un autogobierno socialista en localidades como Mieres (foto dcha.), o comunista-libertario, como en Gijón. La revolución fue duramente reprimida por el gobierno de Lerroux, recurriendo por decisión de Franco a las tropas africanas.

Obreros en la Revolución de Asturias de 1934. La huelga general revolucionaria contra el gobierno del PRR-CEDA arraigó especialmente en Asturias por la unión entre CNT y UGT en la región. Durante la insurrección se formó la Comuna Asturiana, que se situó a la altura de la de París o la de Petrogrado, en la que se instauró un autogobierno socialista en localidades como Mieres (foto dcha.), o comunista-libertario, como en Gijón. La revolución fue duramente reprimida por el gobierno de Lerroux, recurriendo por decisión de Franco a las tropas africanas.

 

 

Los sindicatos franquistas

 

Pese a la resistencia en la guerra civil de los movimientos obreros y políticos de toda la izquierda, la falta de apoyos por parte de las democracias europeas llevó a la victoria del bando sublevado en 1939. Los primeros actos del franquismo consistieron en anular cualquier avance de la República, sobre todo derogar la reforma agraria y restituir la propiedad de los medios de producción.

Durante estos años, el sindicalismo se organizó oficialmente en la Organización Sindical Española, de afiliación obligatoria según la Ley de Bases de la Organización Sindical (1940). Básicamente, la OSE, mejor conocida como Sindicato Vertical, nació por la fusión de organizaciones patronales y sindicatos falangistas, según el ideal de un estado corporativo fascista; en este sindicato la ventaja pertenecía en todo momento a los empresarios, mientras que el Ministerio de Trabajo y sus Magistraturas regulaban las relaciones laborales según el Fuero del Trabajo (1938). Aunque, en teoría, los trabajadores y los patronos estaban en situación similar al estar ambas clases dentro de la OSE, en la práctica la organización se dirigía desde la patronal y los jerarcas del régimen, por lo que las huelgas estaban prohibidas y en muchas ocasiones los conflictos terminaban con despidos masivos, especialmente en los años 40 y 50. En este marco de represión, el movimiento sindical obrero desapareció prácticamente de la escena social española.

 

Placa en Estepona, que señala las viviendas construidas por el Sindicato Vertical en 1964.

Placa en Estepona, idenfiticativa de viviendas construidas por el Sindicato Vertical en 1965.

 

En 1958, tras la aprobación de la Ley de Convenios Colectivos, aumentó el interés de los trabajadores en las elecciones para representantes sindicales, que se unió a una leve apertura del aparato sindical y a un menor obstruccionismo del régimen. Aprovechando la situación, el Partido Comunista de España inició una política de infiltración en los sindicatos franquistas desde la clandestinidad –con la oposición de los líderes exiliados de UGT o CNT–, para alcanzar mejoras en las condiciones y salarios de los trabajadores mientras aprovechaban las estructuras del régimen para propiciar su caída. Aquí surgieron las primeras comisiones obreras.

Estas comisiones siguieron la estela de las que se formaban espontáneamente durante huelgas y conflictos laborales de los años 50, donde los trabajadores nombraban a los miembros más combativos para que asumieran la representación y tratasen de negociar mejoras con la patronal. Con el tiempo, en muchas de ellas participaron activistas vinculados al PCE y a algunos movimientos obreros cristianos, y con las reformas de los años 60 pudieron mantenerse como un movimiento estable y organizado en lugar de funcionar como comisiones momentáneas. Desde entonces, la estrategia de infiltración y la actitud de las CC.OO., de oposición al régimen desde el interior del estado, les proporcionó importantes apoyos y delegados en las grandes fábricas y minas.

En 1966 el gran triunfo en las elecciones sindicales permitió la consolidación de Comisiones Obreras. Sin embargo, las medidas aperturistas del régimen no lograron que la Organización Internacional del Trabajo diera su visto bueno a la dictadura. Encontrándose con la oposición frontal de la tecnocracia franquista, el experimento de apertura se dio por terminado en 1968, cuando el Secretario General del Movimiento, José Solís, dio carta blanca para la represión de CC.OO. bajo sucesivos estados de excepción. La persecución sistemática dejó hasta 9000 condenados por el Tribunal de Orden Público, y en especial destacaría el Proceso 1001, en que se detiene y condena a toda la Coordinadora Nacional de CC.OO. A pesar de ello, los conflictos colectivos, paros y huelgas seguían sucediéndose en numerosas empresas y sectores, y CC.OO. se fortaleció como organización.

El auge de CC.OO. culminaría con las elecciones sindicales de 1975 que les llevan a arrancar con fuerza tras la caída del régimen, estando a la cabeza de las numerosas huelgas y movilizaciones obreras que conquistaron los derechos sociales, políticos y laborales para la clase trabajadora. En aquel tiempo el modelo organizativo de CC.OO. era completamente original, basado en experiencias históricas como los consejos obreros de los países del Este y las experiencias del sindicalismo revolucionario.

 

Miembros de la dirección de CC.OO., conocidos como ‘Los diez de Carabanchel’ por la prisión en que se les encarceló antes y después del Proceso 1001. Entre todas sus condenas sumaban 162 años de reclusión.

Miembros de la dirección de CC.OO., conocidos como ‘Los diez de Carabanchel’ por la prisión en que se les encarceló antes y después del Proceso 1001. Entre todas sus condenas sumaban 162 años de reclusión.

 

 

Víctimas de la lucha: de Marcelino Camacho a Pedro Patiño

 

Seguramente, uno de los miembros de la izquierda que más ha luchado por los suyos, que constituye uno de los mejores ejemplos del compromiso con la libertad y el socialismo y un referente ético y moral para la emancipación de la clase obrera de nuestro país es Marcelino Camacho. Después de combatir en la guerra civil, Marcelino fue encarcelado y condenado a trabajos forzados en varias ocasiones hasta que terminó en Tánger, de donde escapó para establecerse en el exilio en Orán (Argelia). Allí conoció a su compañera, Josefina Samper, con la que tuvo dos hijos, y se formó profesionalmente, pero su trabajo de propaganda y su actividad sindical en organizaciones francesas provocaron su expulsión de Argelia y de Francia. En 1957 fue indultado y regresó a España para continuar en su oficio de la metalurgia; desde ahí fue uno de los principales impulsores de CC.OO., pero en 1967 volvió a ser encarcelado y condenado a 20 años en el Proceso 1001. El día del juicio de este proceso coincidió con el atentado de ETA contra Carrero Blanco, por lo que los dirigentes de CC.OO. vieron aumentada su condena en represión. Posteriormente, el Tribunal Supremo revisó y rebajó las penas, y por ello, ante el temor del régimen de aparentar debilidad, se alentaron sus últimas ejecuciones en septiembre de 1975.

A principios de los 70, pese a estar encarcelados todos sus dirigentes, la acción sindical continuó su crecimiento, y el régimen insistió en su represión. Prueba de ello fue el asesinato a manos de la Guardia Civil del albañil y militante de CC.OO. y el PCE, Pedro Patiño, en septiembre de 1971. En aquellos días, en los barrios obreros situados en las fronteras de polígonos industriales, la tensión se podía cortar entre los trabajadores y la policía gris que patrullaba fantasmagóricamente. El 13 de septiembre de 1971, entre Leganés y Getafe, un piquete animaba a la huelga en la construcción para reivindicar los derechos de los trabajadores y la salida de la cárcel del cura Francisco García Salve. Frente al piquete se situó de repente una furgoneta de la Guardia Civil, desde la que dispararon y acabaron con la vida del albañil Pedro Patiño. Su muerte no fue en vano, pues la solidaridad se extendió por toda España, hasta que una comisión de obreros abordó al ministro de Trabajo exigiendo la negociación de las reivindicaciones y la investigación del asesinato. Por supuesto, la familia de Patiño tuvo que esperar hasta 2009 para que el Gobierno expidiera un reconocimiento, sólo personal, de que Pedro Patiño fue perseguido injustamente y que murió en defensa de su actividad política. Esta es otra de las injusticias más graves contra la memoria de las víctimas: que sea escrita por otros, cuando no silenciada, y que por tanto sea olvidada y se diluya el valor del trabajo humano, la solidaridad y el apoyo mutuo. Toda la obra de Patiño, que durante años participó en la lucha obrera, así como el relato de la injusticia contra su muerte y el simulacro de investigación que se realizó sobre ella, la relata detalladamente Ramón Sáez en la revista Jueces para la democracia.

 

Pedro Patiño

Pedro Patiño

 

 

Ascenso y caída de los sindicatos

 

Tras la muerte de Franco, durante los primeros meses de 1976, las fuerzas sindicales emprendieron importantes movilizaciones y huelgas, en las que se sumaban los efectos de la crisis del petróleo de 1973 y las demandas de una representación sindical libre y democrática. Paralelamente, muchos de los antiguos patronos que antes formaban parte del Sindicato Vertical pasaron a constituir la Confederación Española de Organizaciones Empresariales.

Mientras, terminando el 1975, Marcelino Camacho salió de la cárcel por el indulto de Juan Carlos de Borbón, aunque en 1976 se le volvió a detener por seguir perteneciendo a CC.OO. y al PCE. Como vamos a ver, los artífices de la Transición se caracterizaron por introducir todo tipo de trabas a la consolidación de CC.OO., para así favorecer la dispersión sindical y evitar una unidad fuerte. Por un lado se perseguía a CC.OO., se prohibían sus asambleas y parte de sus dirigentes continuaban en prisión; por otro, Felipe González y Nicolás Redondo se entrevistaban con Manuel Fraga para consolidar al sector PSOE-UGT como el principal sector progresista.

En 1976, constatada la imposibilidad de crear una gran central sindical unitaria –idea rechazada por UGT por miedo a que CC.OO. acabase monopolizando el movimiento obrero–, en CC.OO. se sentaron las bases para su transformación desde un movimiento sociopolítico de base a una confederación sindical de clase, al mismo tiempo que se organizaba sectorial y territorialmente desde procesos asamblearios. Su etiqueta de comunista impedía su legalización, hasta que la matanza de Atocha y las protestas que la sucedieron sirvieron como detonante. En estos años, bajo la dirección de Camacho al ser elegido Secretario General de CC.OO., la organización creció vertiginosamente en afiliación, al igual que otras centrales sindicales y partidos de izquierda, pero tras la firma de los Pactos de la Moncloa esta cifra descenderá progresivamente.

 

Asamblea de 1976, celebrada clandestinamente en Barcelona, en la que CC.OO. se constituyó como central sindical.

Asamblea general de CC.OO. en 1976, celebrada clandestinamente en Barcelona, en la que la organización se constituyó como central sindical.

 

En 1977, Marcelino fue elegido diputado por Madrid en el PCE, y reelegido en 1979. Los años siguientes acogieron un periodo de confrontación en cuanto a los modelos sindicales, según los intereses y las demandas de cada grupo. Mientras unas corrientes apostaban por seguir el modelo sindical impuesto desde el Estado, participando en las elecciones sindicales y los comités de empresa, otras pretendieron continuar con una lógica movimentista, con un sindicalismo de presión-negociación, para no desechar los logros de la etapa clandestina. En el conflicto, Marcelino era consciente del enfrentamiento entre su carácter antifascista y obrero, concienciado de la necesidad del socialismo, y el drama de una transición pactada y amnésica, donde los pactos exigían desactivar lo más explosivo de las luchas de los trabajadores a cambio de un plato de lentejas para el PCE. Poco después, a causa de su desacuerdo con la postura del PCE respecto al Estatuto de los Trabajadores impuesto desde el gobierno, Camacho devolvió su acta de diputado, comprendiendo que los sacrificios exigidos a los trabajadores ya no eran asumibles.

La victoria de UCD en 1979 abrió paso a una nueva ofensiva contra los sindicatos, pues aparte del Estatuto de los Trabajadores, desde el gobierno se estaban imponiendo por decreto las revisiones salariales o la regulación del derecho a huelga. CC.OO convocó una amplia movilización contra dichas medidas mientras UGT y CEOE alcanzaban Acuerdos Interconfederales cada año. Aunque en 1981 se consiguió un Acuerdo Nacional sobre Empleo –en parte forzado por al miedo que se recordó en el 23-F–, tras la llegada del PSOE al gobierno y la entrada definitiva de España en el bloque occidental se empezaron a aplicar políticas de precarización del empleo y de las pensiones, que llevaron a la interrupción de los acuerdos centrales y al surgimiento de grandes conflictos.

Durante los años 80, CC.OO. convocó huelgas generales contra la política económica y laboral del gobierno de Felipe González, cada vez más escorada hacia el social-liberalismo. A fin de cuentas, desde la entrada en la OTAN, el gobierno de España estaba aprendiendo de la gestión neoliberal de Reagan y Thatcher, desde su política económica –desmantelando y privatizando el patrimonio estatal– hasta acciones incluso más deplorables como el terrorismo de estado –igual que con los GAL, en Reino Unido se torturaba sistemática e impunemente a prisioneros del IRA desde años atrás–. En esta coyuntura no convenía que un viejo león comunista siguiese dirigiendo el principal sindicato del país. En 1987, los del aparato consiguieron deshacerse de él, pero no mandándole a casa con una palmadita en la espalda, sino con unas cuantas puñaladas con las que aquellos afines al sistema pudieron asumir el poder en CC.OO., que todavía mantienen.

 

Felipe González con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, cediendo España a los intereses imperialistas a los que todavía obedece.

Felipe González con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, cediendo España a los intereses imperialistas del bloque occidental y EEUU, a los que todavía obedece.

 

Entre las acciones sindicales fue especialmente notable la huelga convocada el 14 de diciembre de 1988 contra la política económica del gobierno. Hoy en día, fijando nuestra referencia en aquel 14-D, se puede ver muy fácilmente cómo han cambiado los sindicatos hasta convertirse en lo que son ahora. La huelga general del 1988 fue la mayor movilización sindical de la historia de España, con 8 millones de trabajadores, 3 de estudiantes y varios más de agricultores, autónomos, comerciantes, etc. España se paralizó pacíficamente, en una acción cívica y de reafirmación democrática para pedir la retirada del Plan de Empleo Juvenil, la creación de más y mejor empleo, la mejora de las pensiones y las coberturas a parados, derechos sindicales para los empleados públicos y revisiones salariales. Con este acto se mostraba la decepción de la ciudadanía con el gobierno del PSOE, que había estado incumpliendo su programa desde 1982 y desarmando ideológicamente a la izquierda.

Posteriormente, la huelga facilitó la dinámica de unidad de acción entre CC.OO. y UGT, que consiguieron elaborar propuestas sindicales conjuntas, y facilitó el ingreso de CC.OO. en la Confederación Europea de Sindicatos. Además, se retiró el Plan de Empleo Juvenil y se alcanzaron bastantes acuerdos en relación al giro social demandado. Los ecos del 14-D duraron 5 años más, pero en 1994 hubo un sector de CC.OO. que impidió su continuidad, al dejarlo todo a la negociación de convenios. Aunque la estrategia fracasó se inauguró una política de vecindad con los peores gobiernos de González. Finalmente, en 1996, Marcelino Camacho dimitió de la presidencia del sindicato, y el gobierno dejó caer la cooperativa de viviendas PSV para deshacerse de la dirección más competente que había tenido UGT hasta la fecha. Desaparecía así gran parte de la fuerza sindical que se unió en 1988, y se iniciaba el desmontaje de su poder para facilitar el control de Aznar, que continuó aplicando los ajustes pautados por los acuerdos de Maastricht.

 

Imagen de la huelga del 14-D, con Marcelino Camacho y Nicolás Redondo representando al sindicalismo español.

Huelga del 14-D, con Marcelino Camacho y Nicolás Redondo representando al sindicalismo español.

 

 

Conclusiones: el sindicalismo hoy

 

Después de toda esta información, estoy seguro de que habrá quien piense: ¿qué ha pasado? Pese a la pérdida de fuerza desde el 14-D, ¿qué ha pasado en estos 27 años para que los sindicatos se hayan convertido en poco más que intermediarios entre patronal-gobierno y trabajadores? Desde principios de los años 90 se han investigado las posibles causas de esta debacle –cambio en el modelo productivo, descentralización, innovación tecnológica, etc.–, que en ningún momento son sencillas de explicar. Sin embargo, la Transición ha hecho que en España haya un elemento adicional para explicar esta crisis a nivel nacional. Voy a tratar de resumir el fenómeno basándome en los estudios más importantes.

A nivel global, hasta los años 70, el soporte de los sindicatos en el bloque capitalista eran los trabajadores de grandes concentraciones industriales, representados típicamente en la industria del automóvil. Sin embargo, el nuevo ciclo del capitalismo que empezó tras la crisis de 1973 trajo dos cambios principales: primero, el crecimiento del sector servicios, en el que la incorporación de la informática ha causado una proletarización de técnicos y profesionales. Con este aumento de asalariados y la diversidad cada vez mayor de las actividades profesionales los sindicatos tenían cada vez más dificultades en representar a los obreros como una unidad, lo cual sí conseguían en sectores industriales y de construcción. En segundo lugar, desde los años 80 y especialmente los 90 ha ido aumentando constantemente la temporalidad del empleo, de modo que el puesto de trabajo es un bien cada vez más escaso que se debe repartir. En este nuevo contexto los sindicatos también han perdido poder por la dinámica cada vez más rápida de entrada y salida de trabajadores en el mercado laboral.

 

Centrándonos en España, como hemos visto, los sindicatos han representado un factor de desorden social para la tecnocracia de la dictadura, y de obstaculización para el gobierno de la Transición. Previendo esto y calculando la fuerza creciente de la clase obrera, la Transición se estructuró sobre una serie de supuestos que, encerrados bajo el consenso, no se discutieron. Hablaré de esto mucho más en detalle en otros artículos, pero términos generales, lo que se procuró es que la burguesía quedara excluida de su relación con el franquismo, para así dejar a la dictadura fuera de la lucha de clases y sembrar la idea de que tanto la clase capitalista como la clase obrera fueron, por igual, víctimas del franquismo. Esto permitió que los sectores que antes habían apoyado a la dictadura se transformasen en aperturistas y demócratas, y que la burguesía se constituyera como fuerza democrática. La estrategia tuvo otra consecuencia, además de olvidar el colaboracionismo: que la izquierda más combativa abriera un proceso de autocrítica, y que paralizasen las movilizaciones como requisito para comprar la estabilidad social que vendía la Transición. Aquí, por tanto, ganó una nueva clase política, joven y confiada en las urnas para acceder al poder político antes cerrado, y perdieron tanto el búnker franquista, apartado definitivamente, como la clase obrera, que a cambio de la democracia se vio obligada a aceptar las reglas del mercado. La estabilidad de la fuerza de trabajo que habían conquistado los sindicatos –y que era compatible con la racionalidad económica y con el antifranquismo– fue considerada por los nuevos políticos de la transición como el origen de la crisis, y siguiendo los dictados de la burguesía, la flexibilidad del empleo (precarización) se plasmó en el Estatuto de los Trabajadores como la solución definitiva, pactada entre gobierno, CEOE y UGT.

Una vez iniciada la Transición, la burguesía consiguió que se aceptase una nueva definición de racionalidad económica. El conflicto evolucionó hasta enfrentar a la “vieja guardia” –PCE y CC.OO., que por viejos se les asoció con la etapa franquista– contra los “nuevos” –PSOE, UGT, UCD…, que transitaron tranquilamente desde el régimen o el exilio y eran mucho más compatibles con la CEOE que los comunistas–. Esto consiguió la paralización de los logros sindicales, que terminaron sometiéndose al consenso, y el discurso de la racionalidad económica emergió, nuevamente, como principio de la política: igual que las medidas económicas se legitimaban antes en la victoria en la guerra civil, en los 80 se legitimaron en el parlamentarismo, e igual que antes se mantuvo la descalificación de los sindicatos al identificarlos como un obstáculo a la modernización y el desarrollo. A esta derrota ideológica hay que añadir muchos otros factores políticos y sociales, como el recurso constante a la autoridad del Parlamento como rechazo a legitimidad de las movilizaciones, o la amenaza constante hacia los comunistas desde el sector militar. Como consecuencia del nuevo modelo, los sindicatos entraron en una dinámica de subordinación política que debilitó su capacidad reivindicativa, aunque permitió su consolidación orgánica y su reconocimiento como interlocutores para negociar con los empresarios y el gobierno.

Desde la perspectiva de los sindicatos, su postura ante los Pactos de la Moncloa debe entenderse en el contexto de la estrecha vinculación de UGT con el PSOE y de CC.OO. con el PCE, y como expresión de la aceptación por parte de los partidos de la necesidad de posponer las demandas sindicales, dando prioridad a la estabilidad política. Entre ambas opciones, la CEOE tenía un interés mayor en entenderse con los socialdemócratas de UGT que con los comunistas, como queda claro en los Acuerdos Interconfederales que firmaron ambas organizaciones; dicha política de consenso también llevó a UGT a superar temporalmente a CC.OO., durante los primeros años de gobierno del PSOE. Por suerte, UGT se mantuvo en su postura mientras el gobierno escoraba progresivamente hacia el social-liberalismo, lo cual permitió el entendimiento entre sindicatos para organizar la huelga de 1988.

Más adelante, los sindicatos siguieron debilitándose por la cada vez mayor burocracia sindical, orientada a tareas de gestión en lugar de la defensa de las condiciones de trabajo. Aunque los sindicatos pudieran crecer numéricamente, esto no implica que estén integrando y organizando a la clase obrera, pues el crecimiento en este caso sería casi únicamente de carácter administrativo, para beneficiarse de los servicios que pueda ofrecer el sindicato. Por último, la dificultad cada vez mayor de que la clase obrera percibiera el conflicto y adquiriese conciencia de clase implicaba necesariamente una mayor dificultad para que se acercasen a las centrales sindicales que podrían organizarlas.

 

Le Moulin de l'oubli, Gilbert Garcin (1999)

Le Moulin de l’oubli, Gilbert Garcin (1999)

 

Volviendo a datos históricos, pero sin olvidar todos los factores que he comentado sobre la pérdida de poder sindical –ciclos económicos, crecimiento del sector servicios y aumento de la temporalidad–, podemos observar cómo CC.OO. ha ido alejándose de la idea del socialismo justo e igualitario desde que salió de él Marcelino Camacho, aunque la siga manteniendo en sus estatutos. Esto nos ayudará a entender todo lo que se ha perdido desde entonces, y por tanto a apreciar hasta qué medida ha funcionado la estrategia de la Transición contra los sindicatos. En 1987 Antonio Gutiérrez fue elegido como nuevo Secretario General, y desde su cargo fomentó un alejamiento del PCE. Sus acciones y su actitud fueron duramente criticadas por el ala izquierda del sindicato, apoyada por Camacho y encabezada por Agustín Moreno, que en 1996 se materializaron en el Sector Crítico cuando se destituyó a Camacho de la presidencia –este sector aglutina actualmente a la cuarta parte del sindicato, que defienden la vuelta a los principios de clase con los que nació CC.OO. y la recuperación de los vínculos con el PCE–. Bajo el mando de Gutiérrez se promovieron medidas legislativas desde la negociación con los agentes sociales, entre las que destacó el Pacto de Toledo sobre la reforma de la Seguridad Social. Con la vuelta del PSOE en 2004, a Antonio Gutiérrez le faltó tiempo para situarse como diputado de dicho partido (hasta 2011), al igual que para sentarse como asesor de Caja Madrid.

En el 2000 la secretaría general pasó a manos de José María Fidalgo, un caso si cabe peor. Durante estos años, en los que más duramente se debería haber respondido al gobierno del PP y al capital, la dirección de Fidalgo se dedicaba a apoyar la privatización de empresas públicas de Aznar. Por poner algunos ejemplos de Fidalgo: participaba –y sigue participando– en seminarios de la Fundación FAES (fábrica ideológica del PP), inició EREs en varias federaciones del sindicato, y llevó a la máxima expresión la estrategia de concertación social, desde posiciones de debilidad, persiguiendo posiciones críticas, reduciendo la pluralidad y desperdiciando fuerzas. Esto, junto con la burocratización que he mencionado y la cada vez mayor dependencia de fondos y subvenciones, llevaron a un alejamiento de las bases y a la pérdida constante de afiliados que redujo a CC.OO. a un armazón vacío de la organización que fue en su día. Tras su sustitución por Ignacio Fernández Toxo –que apenas ha supuesto cambio alguno–, Fidalgo estuvo entre los candidatos para representar a UPyD en la Asamblea de Madrid, y para el puesto de ministro de trabajo con Rajoy, con cuyo programa manifestó que tenía coincidencias. En 2013, para poner la guinda, acompañó a Aznar en la presentación de sus memorias, junto a Josep Piqué.

En 2010, tal día como hoy, nos dejó Marcelino a sus 92 años. Al margen de CC.OO., fue de los pocos miembros de la izquierda que supo actuar como dirigente en la misma medida que como militante. Entre sus logros, fue uno de los fundadores de Izquierda Unida en respuesta a la entrada en la OTAN; junto a Anguita, evitó la disolución del PCE tras 1989, y ya con el PP, desde el Sector Crítico, fue uno de los promotores de las protestas multitudinarias contra la guerra de Irak. Hasta su fallecimiento siguió siendo miembro de CC.OO., del PCE (en su Comité Federal) y de IU. Por supuesto, a su velatorio asistieron muchos de quienes le despreciaban no tantos años atrás, desde presidentes hasta la realeza o los sindicalistas traidores a la clase trabajadora que he mencionado, que pretendieron sin éxito limpiar sus miserias en el sudario de Marcelino y ensuciar con su presencia la memoria de este luchador, pretendiendo fagocitar el patrimonio que sólo pertenece a la izquierda combativa.

 

Marcelino Camacho, en la Fiesta del PCE tras su legalización (1977) y en el homenaje que le rindió CC.OO., junto a su mujer Josefina Samper (2008).

Marcelino Camacho, en la Fiesta del PCE tras su legalización (1977) y en el homenaje que le rindió CC.OO., junto a su mujer Josefina Samper (2008).

 

Espero que con este análisis haya quedado un poco más claro que los miembros de la clase trabajadora encargados de defenderla no están en los sindicatos de hoy en día, pancistas, ciudadanistas y desclasados, que actúan como meras comparsas de la clase capitalista. La profundidad de la actual crisis económica, que aún hoy sigue colapsando nuestra capacidad de desarrollo económico y social, ha generado nuevos requerimientos al sindicalismo para hacer frente a los problemas, elaborar alternativas y demostrarnos útiles en la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores. Pero los sindicatos de hoy en día no cumplen esas expectativas, y ya hace tiempo que discurren por una vía muerta sin que quieran enterarse. Hace demasiado tiempo que son sólo un reflejo más de la alienación y el conformismo de la sociedad, que se contentan con corregir las reformas liberales en lugar de confrontarlas, para evitar movilizaciones incómodas. El auténtico sindicalismo, el que se necesita, es prácticamente imposible que nazca de esas sedes enmoquetadas y ausentes de cualquier sentimiento de rabia y lucha, porque muy a pesar nuestro, la podredumbre se ha extendido ya más abajo de las cúpulas.

El sindicalismo de concertación que se han empeñado en mantener estas organizaciones ha muerto. Este modelo sólo tenía sentido dentro del estado del bienestar, para regular al capitalismo dentro de una estructura corporativa, donde el pacto se destinaba a arbitrar entre los intereses de trabajadores y empresarios, con el gobierno como moderador. Pero el estado del bienestar también ha muerto definitivamente para dar lugar a un estado mínimo liberal, decimonónico. Cuando ya no hay nada que negociar, ni deseo de hacerlo –dada la correlación de fuerzas absolutamente desventajosa para los trabajadores–, lo que el estado liberal puede ofrecer son pelotas de goma y gases lacrimógenos.

No se trata de mirar con nostalgia un pasado que no volverá, se trata de concienciarnos del poder que podemos llegar a tener los trabajadores, de recordar cómo se lleva a cabo la lucha de clases, de analizar las causas del deterioro para sacar lecciones de futuro, de servirnos del sindicato para lo que debería funcionar, para que los trabajadores se organicen y tomen conciencia. Se trata de no creernos que las reformas liberales sólo tienen una naturaleza técnica y sin ideología, algo que sí se creen los sindicatos y de lo cual se aprovechan los gobiernos durante su ofensiva. Se trata de luchar para conseguir mejores condiciones de trabajo mientras se garantizan las condiciones de vida –fiscalidad, vivienda, salud, educación…–, de disputar la redistribución de la riqueza en un marco de trabajo en que se asocien distintos sectores para dotar de la máxima fuerza a las reivindicaciones. Si se tuviera sólo la fuerza de los sindicatos del 14-D (y ya no digo de finales de los 70), el gobierno de Rajoy no hubiera aprobado la brutal reforma de pensiones, la reforma laboral o muchas de las medidas que ha aprobado desde hace 4 años para reducir los derechos y garantías de trabajadores. O al menos, no lo hubiera hecho sin sangre.

 

En memoria de los obreros que murieron durante la consolidación de su fuerza y en la guerra civil.

En recuerdo del trabajo de muchos desde la clandestinidad, de la organización de trabajadores y proletarios para conquistar y recuperar sus derechos, y de la vida que perdieron muchos.

En reivindicación de las luchas contra una burguesía que se adueñó de los logros de todos ellos.

En su nombre, reafirmo la vigencia de lo que sentenció Marcelino mucho tiempo atrás:

Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar.

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Fuentes
Movimiento obrero español
CCOO Universitat de ValènciaHistoria de CCOO
Andrés Bilbao (Cuadernos de Relaciones Laborales) – La transición política y los sindicatos
Antonio Herrera González de Molina – Las transformaciones sindicales en la transición
Blog del viejo topoEn recuerdo de Pedro Patiño, albañil, militante de CCOO y del PCE
Asaltar los cielosIn memoriam, Marcelino Camacho
Metiendo bullaMás sobre el sindicalismo en la transición española
Agustín Moreno (cuartopoder.es) – 14D: ¡Qué sindicatos aquéllos!

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Artículos en la serie
27/09/2015 – La última bala de Franco
29/10/2015 – De sindicatos y proletarios

Categorías:Críticas, Sociedad

La última bala de Franco

27 septiembre, 2015 2 comentarios

Hoy quería escribir algo sobre las elecciones al Parlament de Catalunya. Ya sabéis, un repaso de las opciones de voto, alguna reflexión sobre la opción independentista de JpS y CUP, la unionista de PP y C’s, la tercera vía de PSC y Podemos, una aclaración histórica de por qué España nunca ha sido una nación, la exposición de mi postura (republicana-federalista), etc. No lo voy a hacer. Primero, porque no considero que el eje sobre el que se han desarrollado estas elecciones sea el adecuado como para debatirlas seriamente, y segundo, porque he encontrado algo más importante sobre lo que hablar este día: se cumplen 40 años de los últimos asesinatos ordenados por el último dictador fascista de Europa.

Quiero que esta entrada sea la primera de una serie en la que pretendo explicar cómo se extienden los restos del franquismo por la sociedad española, que en algunas estructuras como el sistema militar, judicial y parte del económico apenas se ha visto alterado. Lo contaré a partir de la historia de los últimos años de la dictadura, recurriendo siempre que pueda a fuentes originales, y valiéndome de ensayos y artículos históricos en blogs, periódicos y revistas, entre los que destaco los de Manuel García en el Blog del viejo topo.

Desde que terminó la guerra civil, el franquismo se constituyó como un régimen armado, con unas leyes hechas para articular una sociedad donde los vencedores sentían que tenían que humillar a los vencidos, fuera a través de batallones, trabajos forzados o la privación económica. Se instauró una sociedad del miedo donde la gente vencida no se atrevió ni a hablar, ya que bastante tenía con hacerle frente al frío, al hambre y a la humillación. Sin embargo, la capacidad de lucha de los oprimidos siempre ha estado ahí, y a finales de los años 60 la gente empezó a reorganizarse a nivel social, político y armado, con movilizaciones obreras y estudiantiles. Esto es lo que pretendo explicar durante estas entradas, ahondando también en el proceso de la Transición y en la monarquía.

 

 

España en 1975

 

Como he dicho, hoy se cumplen 40 años de los últimos fusilamientos ordenados por la dictadura de Franco, aunque veremos que no fueron las últimas víctimas del franquismo.

Era 1975. El clima político y social era muy tenso desde hace tiempo. Arreciaban las luchas obreras, con múltiples huelgas y cientos de despedidos por la actividad sindical, manifestaciones a ritmo de pelotazos de goma,  gases lacrimógenos y grises cargando a caballo, duras cargas policiales a golpe de porras o culatazos del arma reglamentaria, detenciones aleatorias, torturas, universidades en pie de guerra, numerosas publicaciones cerradas, expedientadas o secuestradas, periodistas procesados, actores detenidos… Los partidos en la clandestinidad tenían cada vez más fuerza (Partido Comunista de España, Partido Socialista Popular, Partido del Trabajo de España, etc.), en especial desde que formaron la Junta Democrática de España en la que también entraron personas independientes y sindicatos como CCOO que buscaban la ruptura con el régimen. Aun así, en esos años se detuvo a numerosos líderes sindicales o militantes antifranquistas, muchos de los cuales murieron en las mismas comisarías. Tras años de organización se convocó una huelga en Madrid, a principios de junio de 1975, que reunió a más de 200.000 trabajadores. Aunque se silenció en los medios, este hecho provocó una gran preocupación en el régimen agonizante y se empezó a hablar sobre una ley contra el terrorismo que incluiría las huelgas.

Por otro lado, desde hace algunos años se estaban produciendo atentados contra el franquismo, entre los que destacó la acción de ETA que acabó con la vida del presidente del gobierno Carrero Blanco. También se atribuyeron otras acciones armadas a ETA sin aclarar las circunstancias ni aportar pruebas, asi como al grupo FRAP que surgió de la escisión marxista-leninista del PCE.

 

 

Cronología de los atentados

 

Garmendia y Otaegi

El 3 de abril de 1974 se había producido la muerte en atentado del cabo de la Guardia Civil Gregorio Posada, en Azpeitia. José Antonio Garmendia Artola (Tupa), fue detenido el 28 de agosto de 1974 en Donostia junto a José María Arruabarrena Esnaola, en el curso de un enfrentamiento con la Policía por el cual ambos activistas cayeron heridos –la policía había disparado pese a que los dos habían salido corriendo de su coche sin armas–. A Garmendia un policía le intentó rematar con un tiro en la cabeza, pero cuando se le recogió se vio que estaba vivo; en el hospital se le aplicó una lobotomía y quedó disminuido mentalmente y en silla de ruedas. Pese a ello fue interrogado cuando estaba hospitalizado, y como no podía moverse ni firmar se le obligó a poner su huella dactilar en una declaración confeccionada en que se decía que había estado antes del atentado en casa de Ángel Otaegi Etxeverria, y que después del atentado se refugió en la misma casa. Otaegi, a quien se detuvo el 14 de noviembre, declaró que él no sabía nada del atentado y que recibió a Garmendia las dos veces en su casa porque le conocía, pero fue detenido acusado de colaboración con el atentado.

Portada de Mundo Obrero, 1ª semana de septiembre de 1975. Todavía no se habían celebrado los Consejos de Guerra contra los miembros del FRAP, que acabarían con 3 condenas más a muerte.

Portada de Mundo Obrero, 1ª semana de septiembre de 1975. Todavía no se habían celebrado los Consejos de Guerra contra los miembros del FRAP, que acabarían con 3 condenas más a muerte.

 
Juan Paredes, “Txiki”

El 6 de junio de 1975 murió en atentado el policía armado Ovidio Díaz López, en un atraco a una sucursal del Banco Santander en Barcelona. El 30 de julio es detenido Juan Paredes Manot, “Txiki”, acusado de ser el autor material de esa muerte –además se le acusó de otras acciones armadas, como del atentado contra el subinspector José Díaz el 29 de marzo–. Junto a él se detuvo a Iñaki Pérez Beotegui.

En esas fechas no se había puesto en vigor la ley antiterrorista, por lo que como máximo, según la legislación, a los tres días debía salir del poder policial y ser puesto en libertad o encarcelado. Txiki permanece cinco días en la Comisaría Central de Barcelona, recibiendo torturas durante los interrogatorios. Al quinto día ingresa en prisión en la cárcel Modelo y el 21 de agosto sus abogados logran entrevistarse con él, después de serle levantado el decreto de incomunicación. En la cárcel, Txiki se declara en huelga de hambre en protesta por las acusaciones a Garmendia y Otaegi.

 

Atentados atribuidos al FRAP

1) El 14 de julio de ese año murió en atentado el policía armado Lucio Rodríguez, en la calle Alenza de Madrid. Días después fueron detenidos los siguientes miembros del FRAP: Manuel Blanco Chivite, 30 años, periodista (ya detenido y torturado en diciembre de 1970 con motivo de las manifestaciones contra el proceso de Burgos, y en agosto de 1973); Pablo Mayoral Rueda, 24 años, mecánico; José Humberto Baena Alonso, 24 años, peón de fundición; Fernando Sierra Marco, 19 años, estudiante, y Vladimiro Fernández Tovar, 21 años, campesino (ya detenido y juzgado por el TOP a la edad de 17 años).

2) El 16 de agosto murió en atentado el teniente de la Guardia Civil Antonio Pose, en el barrio madrileño de Batán. Días después fueron detenidos otros miembros del FRAP: José Luis Sánchez-Bravo Solla, 21 años, estudiante de Física; Manuel Cañaveras de Gracia, 20 años, estudiante de C.O.U.; Ramón García Sanz, 27 años, soldador; María Jesús Dasca Penelas, 20 años, estudiante; Concepción Tristán López, 21 años, enfermera, y José Fonfría Díaz, 29 años, licenciado en Biológicas y profesor de instituto.

Para las detenciones, la “eficaz” policía española hizo lo de siempre: detenciones masivas en casi toda España de militantes del FRAP y de otros grupos, yendo sobre todo a por los fichados y los que fueran cayendo. Alguno cantaría después de interrogatorios y tremendas torturas de la famosa la Brigada Político Social (cuerpo represor de la Dictadura que no desapareció hasta 11 años después, bajo el mando de sádicos como el comisario Roberto Conesa y sus lugartenientes Carlos Domínguez Sánchez y Antonio González Pacheco, “Billy el Niño”). En ambos casos, las únicas pruebas que hubo para acusar a estos detenidos fueron sus propias declaraciones ante la policía y la Guardia Civil, obtenidas bajo tortura y aceptadas posteriormente en el sumario.

 

 

La ley antiterrorista

 

Con la excusa de los actos de terrorismo, pero siendo la verdadera razón la agitación político-social de los trabajadores, el gobierno de Arias Navarro reunido en el Pazo de Meirás, bajo la presidencia de Franco, sacó el 26 de agosto el Decreto-Ley Antiterrorista, que se incluyó en el código penal militar. Dicho decreto permitía celebrar Consejos de Guerra contra civiles, incluso “sumarísimos”, que hasta entonces eran solamente aplicados en casos de guerra por deserciones o traición. A nivel social se intentó lo que hoy día se conoce como la Doctrina del Shock (adoptar de repente una actitud de fuerza con castigos tremendos, de forma que esa actitud aterrorice al resto de la población), puesto que en el artículo 10, la ley incluye a:

Los que, públicamente, sea de modo claro o encubierto, defendieren o estimularen aquellas ideologías a que se refiere el artículo cuarto de esta disposición legal; o el empleo de la violencia como instrumento de acción política o social.

Es decir, que a partir de entonces cualquier tipo violencia social, como huelgas o manifestaciones, estaban incluidas y castigadas por esta ley.

 

 

Consejos de Guerra

 

Aunque los atentados se cometieron antes de la publicación de la Ley Antiterrorista, ésta se aplicó con retroactividad, lo cual se considera una irregularidad en cualquier jurisprudencia. La consigna del gobierno es que hubiera al menos una ejecución por cada atentado, ya que se intentaba demostrar que la España de Franco no estaba tan debilitada como se pensó después del proceso de Burgos, donde se indultó a seis miembros de ETA en sus respectivas condenas a muerte.

Burgos, 28 de agosto. Se celebró un Consejo de Guerra sumarísimo en el que fueron juzgados Garmendia y Otaegi. Garmendia iba con las facultades disminuidas en silla de ruedas y los testigos no lo reconocieron, pero se usó contra él la declaración donde le habían obligado a dejar la huella digital. Contra Otaegi, la única prueba fue esa declaración. Las numerosas pruebas en contra de la participación de Garmendia y Otaegui en el atentado presentadas por sus abogados, testigos incluidos, fueron desechadas, como era habitual. En otras circunstancias, a Otaegui se le hubiera condenado a prisión, pero como desde el gobierno estaban dispuestos a indultar a Garmendia por su estado físico, la defensa no logró evitar que se les condenase a muerte a ambos.

Madrid, 11 de septiembre. En El Goloso se celebró un Consejo de Guerra sumarísimo contra “los cinco del FRAP”, como decía la prensa. A primera hora de la mañana sacaron, uno por uno, a los cinco acusados de sus celdas, donde permanecían incomunicados, y cuya defensa sólo había recibido el sumario 24 horas antes. Para el fiscal militar (el teniente coronel del Ejército Ramón González Arnao), resultaba suficiente con el sumario confeccionado por la policía y el juez militar, y pedía la pena de muerte para cinco de ellos: Manuel Blanco Chivite, Pablo Mayoral Rueda, José Humberto Baena Alonso, Fernando Sierra Marco y Vladimiro Fernández Tovar. Se rechazaron todas las pruebas de la defensa, aunque la acusación no presentó ningún tipo de prueba pericial (balística, huellas…), ni siquiera las supuestas armas del atentado. Finalmente fueron condenados a muerte Manuel Blanco Chivite, José Humberto Baena Alonso y Vladimiro Fernández Tovar (Pablo Mayoral Rueda y Fernando Sierra Marco fueron condenados, respectivamente, a 30 y 25 años de reclusión mayor).

Madrid, 18 de septiembre. En las mismas dependencias se celebró otro Consejo de Guerra sumarísimo contra otros seis militantes del FRAP. Durante el juicio fue tal la cantidad de cuestiones previas y recursos planteados por los defensores que el presidente del Tribunal los expulsó de la sala bajo guardia militar. Finalmente, José Fonfrías Díaz fue condenado a 20 años de reclusión y otros cinco procesados fueron condenados a muerte: Concepción Tristán López y María Jesús Dasca Pénelas, Manuel Cañaveras de Gracia, Ramón García Sanz y José Luis Sánchez-Bravo Sollas.

Barcelona, 19 de septiembre. Por último, tuvo lugar un Consejo de Guerra sumarísimo contra Juan Paredes Manot, Txiki. La defensa sólo tuvo cuatro horas para prepararla, y aunque el acusado no fue reconocido por los testigos, pese a que tenía una característica muy clara –era muy bajo, medía 1,52 cm, por ello el alias–, el tribunal rechazó todas las pruebas y Txiki fue condenado a muerte.

Todos los recursos posteriores ante los capitanes generales de las correspondientes Regiones Militares fueron inmediatamente rechazados. Por lo tanto el día 20 de septiembre constaban once condenados a muerte: José Antonio Garmendia Artola, Ángel Otaegi Etxebarria, Manuel Blanco Chivite, José Humberto Baena Alonso, Vladimiro Fernández Tovar, Concepción Tristán López, María Jesús Dasca Pénelas, Manuel Cañaveras de Gracia, Ramón García Sanz, José Luis Sánchez-Bravo Sollas y Juan Paredes Manot.

 

Todos estos procesos se celebraron sin ningún tipo de garantía, bajo una jurisdicción militar del año 1945, estuvieron cargados de un ensañamiento ideológico y político y contaron con personas nombradas ad hoc. El capitán general era el que designaba a los miembros militares del tribunal, que estaban seleccionados a dedo para cumplir su función. Pero en aquellos momentos, y ante la situación política y las contradicciones en las que se encontraba el régimen, había que dar sangre a los sectores inmovilistas, tanto militares como civiles. Se trataba de hacer un escarmiento, y poco importaba si los procesados que estaban destinados a ser ejecutados eran o no los autores materiales de los atentados, independientemente de su militancia en ETA o FRAP. Respecto a los procesos, la abogada franco-tunecina Gisèle Halimi que los seguía en España, escribió en un artículo titulado “Europa y el garrote”, publicado antes de los mismos en el periódico Le Monde:

Los duros interrogatorios que se llevan a cabo permitirán la confección de ‘declaraciones’ adecuadas entre sesión y sesión, a cargo de los Torquemada franquistas. Construyen el sumario con la lógica acostumbrada: se distribuyen los papeles y cada uno tiene que aceptar el suyo. La puesta en escena policial ya está a punto: Blanco será el teórico de la acción, Tovar el responsable del comando, Sierra el conductor del automóvil y Baena el que abatió al policía. Así se matarán dos pájaros de un tiro: se habrán hallado a los culpables al mismo tiempo que se desembarazarán de unos cuantos individuos que se oponen activamente al fascismo.

Tras las condenas, el observador judicial Chistian Grobet, en nombre de la Federación Internacional de Derechos del Hombre y de la Liga Suiza de Derechos del Hombre, escribió: El que suscribe no puede por menos que comprobar una vez más que los derechos elementales de la defensa, es decir, el derecho que tiene el acusado a ser juzgado con equidad, ha sido menospreciado en España de la manera más grosera. Nunca ha tenido, desde que asiste a procesos políticos en España, un sentimiento tan acusado de asistir a tal simulacro de proceso, en definitiva una farsa siniestra, sobre todo si pensamos en la suerte que se reserva a los acusado. Es evidente que el régimen franquista no podía dejar impune el asesinato de un policía, sobre todo en el clima actual de represión que ha alcanzado su paroxismo con la promulgación de la Ley Antiterrorista, cuya finalidad es amordazar cualquier forma de oposición. Era preciso encontrar culpables para infringirles el castigo ejemplar exigido por ciertos sectores del régimen… ¿Pero son realmente culpables los miembros del FRAP que están siendo juzgados? ¿No pagan éstos por otros?

 

 

26 de septiembre

 

Tras los procesos, el general Mateo Prada Canillas, capitán general de Burgos; el general Salvador Bañuls Navarro, capitán general de Cataluña, y el general Ángel Campano López, capitán general de la I región militar (Madrid), confirmaron todas las sentencias y las 11 penas de muerte. Ahora le tocaba el turno al gobierno.

El Consejo de Ministros del viernes 26 de septiembre tuvo que decidir sobre los indultos a conceder a los condenados. El ginecólogo Ángel Sopeña dictaminó el embarazo de Concepción Tristán, que era verdadero, y certificó el inexistente estado de gestación de María Jesús Dasca. Esto hizo que ambas fueran indultadas. También se indultó a Manuel Blanco Chivite, Vladimiro Fernández Tovar y Manuel Cañaveras de Gracia, y por su estado físico a José Antonio Garmendia Artola. El resto de condenas se mantuvo.

A partir de la referencia del Consejo de Ministros empezaron las presiones para parar las ejecuciones. En España se realizaron gestiones desde el Colegio de Abogados de Barcelona con el Vaticano, y la madre de Otaegui visitó a los cardenales Jubani y Tarancón y al obispo Iniesta. A nivel internacional, Franco se vio más aislado del mundo que nunca. Las cinco condenas a muerte provocaron manifestaciones de rechazo por toda Europa: movilizaciones masivas en Italia, el asalto y quema de la embajada española en Lisboa, grandes concentraciones en Estocolmo encabezadas por el primer ministro Olof Palme, y en Helsinki con el presidente Uro Kekonen al frente. Alemania, Gran Bretaña, Dinamarca, Holanda y otros 13 países llamaron a consultas a sus embajadores en Madrid. El presidente de México, Luis Echevarría, pidió la convocatoria del Consejo de Seguridad de la ONU para suspender a España como miembro de la organización. Pablo VI solicitó clemencia, pero Franco tampoco quiso atender la llamada de la máxima autoridad católica. Incluso no quiso escuchar a su hermano mayor Nicolás que le escribió pidiéndole que reconsiderara su decisión. Al acostarse dio la orden de que bajo ningún concepto se le despertara hasta el día siguiente.

Manifestación en París contra los fusilamientos de 1975

Manifestación en París contra los fusilamientos de 1975

 

Esa noche, personalidades como Yves Montand, Costa-Gavras, Michel Foucault y Régis Debray presentaron en un hotel de la plaza de España de Madrid un manifiesto contra las condenas, firmado, entre otros, por Jean Paul Sartre, Louis Aragon y André Malraux. Fueron expulsados de España poco después. Luis Eduardo Aute compuso la canción Al alba, dedicada a los cinco condenados. Para burlar la censura, convirtió la protesta en un bello poema de amor que enseguida grabó Rosa León. En la actualidad, es uno de los temas recurrentes en cualquiera de los conciertos de Aute:

 

 

Fusilamientos

 

Txiqui fue fusilado junto al cementerio de Collserola, en las afueras de Barcelona. Aunque era pequeñito, le veíamos bien en la distancia, porque le habían situado sobre un montículo, relata la abogada Magda Oranich en el mismo lugar donde se produjo el fusilamiento. Aún hoy se puede ver el árbol junto al que los guardias civiles instalaron el trípode donde lo ataron para ejecutarle. Sobresalía por encima de la hilera formada por los guardias. Eran voluntarios del Servicio de Información, con barba y melenas. Se habían vestido de uniforme, con el tricornio, y la imagen que ofrecían era grotesca y brutal. Eran seis guardias y llevaban dos balas cada uno. Las empezaron a disparar de una en una, con saña. En su tumba está como epitafio una frase escrita por Che Guevara: Mañana, cuando yo muera, no me vengáis a llorar, nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad.

Otaegi, fue fusilado sin testigos, a las nueve menos veinte de la mañana, en la prisión de Burgos.

Los fusilamientos de los miembros del FRAP fueron en el campo de tiro de artillería del ejército de Hoyo de Manzanares. La Guardia Civil impidió asistir a los fusilamientos ningún familiar de los condenados, pese a ser ejecución pública; tampoco a periodistas ni abogados. El único civil que presenció las ejecuciones fue el párroco de Hoyo de Manzanares. Durante estos años, siempre ha rechazado relatar lo que vio, pero, lejos de las cámaras fotográficas, ha accedido a recordar el horror: Además de los policías y guardias civiles que participaron en los piquetes, había otros que llegaron en autobuses para jalear las ejecuciones. Muchos estaban borrachos. Cuando fui a dar la extremaunción a uno de los fusilados, aún respiraba. Se acercó el teniente que mandaba el pelotón y le dio el tiro de gracia, sin darme tiempo a separarme del cuerpo caído. La sangre me salpicó. A las 9.23 es fusilado José Humberto Baena, a las 9.40 Ramón García Sanz y a las 10:00 José Luis Sánchez Bravo. Los cadáveres de los tres fueron enterrados, la misma mañana de las ejecuciones. Posteriormente, los restos de Sánchez Bravo serían trasladados a Murcia, y los de Ramón García Sanz, después de varios años, al cementerio civil de Madrid, donde descansan hoy. El fotógrafo Gustavo Catalán Deus aún recuerda con nitidez la tensa escena que se vivió en el cementerio, con los cuerpos de los ejecutados todavía calientes: Las tres fosas estaban ya excavadas y apilaron los féretros sobre los montículos de tierra recién vaciada. Como las cajas quedaron inclinadas, empezó a correr la sangre por las esquinas. Había militares, policías, abogados y algún familiar. La tensión era enorme. Allí se habían congregado muchos miembros de la Brigada Político Social, desde el famoso comisario Yagüe a ‘Billy El Niño’. Se habían puesto corbatas de colores chillones para la ocasión.

Fusilados_franquismo

 

 

Protestas

 

Como consecuencia de lo ocurrido, en numerosas empresas de todo el país se hicieron paros simbólicos de protesta. No hay que olvidar que una simple asamblea podía ser considerada como acto de terrorismo. En concreto, en el País Vasco y Navarra se realizaron manifestaciones en todas las poblaciones importantes que se reprimieron violentamente con fuego real, aprovechando que la región se encontraba bajo estado de excepción desde 1974 –condición decretada para dar vía libre a la represión de las protestas, que se declaraba por sexta vez desde 1967–. Como las protestas fueron ecuménicas, Franco organizó una gran concentración en la plaza de Oriente y logró repetir con voz agonizante la obsesión de su dictadura: Todas las protestas obedecen a una conspiración masónico-izquierdista, en contubernio con la subversión comunista-terrorista. En el balcón del Palacio apareció junto a todas las personalidades del régimen, con el entonces príncipe Juan Carlos entre ellos.

Último discurso de Franco junto a su comité y su sucesor, en el Palacio de Oriente

Último discurso de Franco junto a su comité y su sucesor, en el Palacio de Oriente. 1 de octubre de 1975.

 

 

Epílogo

 

Cincuenta y cuatro días más tarde moría el dictador. Murió como empezó, asesinando por fusilamientos, rodeado del hedor de la muerte que tardó demasiado en alcanzarle a él.

Esta historia todavía despierta un interés cultural notable, ya que quedó en la memoria como el último asesinato de la dictadura, aunque desde los siguientes gobiernos de España se haya intentado silenciar cualquier recuerdo anterior a 1978. Además de las reivindicaciones contemporáneas al fusilamiento, posteriormente se han producido documentales como La plataforma Memoria, Dignidad y Lucha (2005) y películas como La noche más larga (1991), de García Sánchez.

En otros niveles, los familiares y abogados de los ajusticiados han intentado repetidamente la revisión o anulación de esos consejos de guerra. Estrella Alonso Soto, madre de José Humberto Baena, continúa peleando para ello. Primero intentó ante los tribunales ordinarios que se la tuviera por parte en la causa que se siguió contra su hijo y le dieran vista de las actuaciones. Recibió una negativa. Recurrió en amparo al Tribunal Constitucional, que se negó a admitir a trámite su demanda –tiene recurrida esa decisión ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos–. El Constitucional decidió no admitirla considerando que “la Constitución no tiene efectos retroactivos, por lo que no cabe intentar enjuiciar los actos de poder producidos antes de su entrada en vigor”. A todo esto, la familia de Baena nunca pretendió obtener una indemnización, sino que se reconociera la nulidad del Consejo de Guerra.

En otro caso, la Comisión de Evaluación de la Ley de Memoria Histórica ha denegado las ayudas contempladas en dicha Ley a la familia de José Luis Sánchez-Bravo Solla, condenado a muerte en un Consejo de Guerra en septiembre de 1975. En el escrito, se fundamenta la negativa en la “implicación” de Sánchez-Bravo Solla en un acto de terrorismo atribuido al Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), pese a que nunca se probó en el tribunal. En una propuesta de resolución, se especifica que la condena a muerte de Sánchez-Bravo Solla se tramitó por Jurisdicción Militar y “se sustanció por el atentando” perpetrado por el FRAP el 16 de agosto de 1975. “El fallecimiento del señor Sánchez-Bravo Solla –recoge el escrito– no guarda relación con una circunstancia de reivindicación y defensa de las libertades y derechos democráticos, sino con la ejecución de una pena capital impuesta al causante porque en el procedimiento sumarísimo se apreció su participación en el asesinato de un guardia civil”.

La resolución asegura que el FRAP es un “grupo terrorista” a partir de un informe de la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil, elaborado el 14 de mayo de 2009, que refleja que esta agrupación “fue una organización revolucionaria que recurrió al terrorismo para lograr sus objetivos”. También parece que en este informe se olvidan de que el FRAP era una organización que luchaba por la restauración de la democracia robada con el golpe de estado de 1936, una organización que estaba presente en todo el territorio español, que sus militantes, apoyos y colaboradores sufrieron la más salvaje represión de los cuerpos policiales de la dictadura –a los cuales todavía nadie ha juzgado–. Y también parece que se olvidan que las democracias occidentales de 1975 –caso que no era el de España–, se movilizaron en los cinco continentes para reclamar justicia al dictador, reconociendo la lucha política por la democracia que estaba haciendo el pueblo español.

Como se puede ver, la Ley de Memoria Histórica deja mucho que desear. Por un lado sí que declara ilegítimos los Consejos de Guerra, pero por otro no declara la nulidad de las sentencias, llevando a conflictos como los que explico. Ahora mismo hay una vía abierta, pero es necesario exigir responsabilidades penales; está muy bien que esto se haga en Argentina, pero donde debemos seguir exigiendo que se haga es aquí. Somos el único país del mundo donde ha habido una dictadura y donde, al mismo tiempo, no ha habido ni una sola persona que haya sido juzgada, y ya no digo condenada, por estos delitos. Incluso, algunos de los miembros de los tribunales en los Consejos de Guerra de 1975 han seguido ascendiendo tranquilamente en el ejército, como el caso del ahora Teniente General José Miguel de la Calle, Jefe del Mando Logístico del Ejército de Tierra –nombrado en 2008 por Carme Chacón–.

Ni los gobiernos de UCD, PP ni siquiera los del PSOE quisieron intentar la revisión de estas y otras condenas, sobre todo de los tribunales militares del franquismo. Sobre esto escriben Chato Galante y Manuel Blanco Chivite en “El pasado presente“: En este terreno la formulación más rotunda fue la de María Teresa Fernández de la Vega que, a la hora de explicar la renuncia de la Ley de Memoria Histórica a revisar los procesos políticos de la dictadura, afirmaba que su gobierno se oponía radicalmente: “a una revisión judicial que contradiga los efectos de cosa juzgada de unas sentencias que son irrecurribles”. Lo que supone, al menos en ese aspecto judicial, reconocer sin ambages la legalidad de los procesos políticos del franquismo. Aunque se saldaran con el asesinato de gentes cuyo único delito era pertenecer al mismo partido político que la sra. ministra. Y hacerlo después de que el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en su informe de 2008 sobre España, recomendara a las autoridades adoptar las siguiente medidas: derogar la Ley de Amnistía de 1977; reconocer la no prescripción de los crímenes de lesa humanidad; investigar los crímenes de la dictadura, reparar los daños causado y exhumar e identificar los restos de las personas desparecidas. La razón real de esta oposición numantina es obvia, la anulación de los procesos permite, a quien lo considere oportuno, exigir reparaciones por errores flagrantes de la justicia, cometidos por tribunales ilegales en aplicación de unas leyes manifiestamente injustas. Se reconocería así como un derecho, exigible e incondicional, lo que hasta ahora han sido subvenciones o donaciones miserables de distintos gobiernos, cuyo resultado final ha sido una nueva ofensa a quienes sufrieron la represión de un régimen fascista. Es más, en el caso de la gente detenida, torturada y encarcelada, se han permitido poner condiciones previas para recibir cualquier compensación, como su edad o el haber cumplido al menos tres años de condena. Además, la anulación de aquellos procesos abre la puerta a la depuración de responsabilidades de quienes los sustanciaron y dictaron sentencia. Es decir, permite una revisión cuyo objetivo no solo es recuperar la historia, sino fundamentalmente establecer quiénes formaron parte del aparato judicial y represivo de la dictadura, fijar responsabilidades políticas, en función de la gravedad de sus actuaciones, y penales para quienes cometieron crímenes contra la humanidad y por tanto imprescriptibles.

 

Frente a un país en el que los herederos políticos de una dictadura fascista siguen reinando y gobernando. Frente a un sistema en que los miembros de dicha dictadura se reconcilaron consigo mismos y decretaron su amnistía. Frente a un sistema judicial que sigue tan dependiente de la política como entonces, sin la decencia de revisar condenas de juicios artificiales. Frente a una Constitución que dejó tantos problemas como soluciones tras de sí, borrando cualquier hecho anterior a ella. Frente a una Transición que chantajeó a los partidos que combatieron a la dictadura desde dentro para recuperar el derecho a existir que ya era suyo. Frente a asesinos y torturadores sádicos que destruyeron en cuerpo y mente a quienes se atrevieron a pensar, protestar y luchar, que siguieron trabajando para otras dictaduras y organizaciones terroristas, y que 40 años después siguen impunes. Frente a todos ellos, sólo les digo una cosa: no descansarán en paz. Ni olvido ni perdón.

Salud y República.

 

 

P.D.: quiero dejar claro que nunca he defendido el terrorismo indiscriminado contra civiles o pequeños servidores del poder cuando los responsables mueren en la cama o pasan a vivir otra vida como demócratas intachables. Como he dicho, el FRAP fue era una organización revolucionaria nacida del PCE(m-l) que luchaba por la restauración de la democracia robada con el golpe de estado de 1936, presente en todo el estado español, cuyos militantes, apoyos y colaboradores sufrieron la más salvaje represión de los cuerpos policiales de la dictadura, y que cuando acabó la dictadura se disolvieron. Y de ETA no creo que deba explicar nada, aunque fue uno de los grandes grupos antifascistas en la dictadura, el régimen de terror que impusieron después de la muerte del Dictador sólo ayudó en los años de la Transición al triunfo de las tesis de los “demócratas” procedentes del franquismo, que con dicha excusa se infiltraron en el nuevo sistema político en aras de la paz, la reconciliación nacional y de la falsa unidad de la patria.

 

Fuentes
Blog del viejo topo27 de septiembre, 1975-2015. 40 años de los últimos fusilamientos de la dictadura franquista
Aquí fue TroyaLos últimos juicios del franquismo
El blog de Juanvi – Los últimos fusilados de Franco (1 y 2)
Último CeroNi olvido ni perdón; los últimos fusilados del franquismo
Unidad Cívica por la RepúblicaLa vergonzosa impunidad de los crímenes fascistas

Categorías:Críticas, Sociedad

El problema de (la) Izquierda Unida

19 junio, 2015 1 comentario

Desde hoy dejo constancia de que retiro mi apoyo a Izquierda Unida a nivel nacional. Aunque sea una cuestión de opinión, ya que nunca me he querido afiliar a ella, no simpatizaré más con la formación mientras siga actuando como voy a explicar. Esto no implica que les retire mi voto, siempre que el Partido Comunista de España siga formando parte de la confederación, ni que deje de apoyar a la federación del País Valencià, recientemente reforzada por el PCPV.

 

El problema de Madrid

El pasado domingo, el Consejo Político Federal (CPF) decidió por 113 votos (contra 45) la desfederación de Izquierda Unida – Comunidad de Madrid (IUCM). En la práctica, esto implica la expulsión de 5.000 militantes, que constituían la federación más importante del territorio. Habría que añadir que el CPF carecía de estas competencias, que esta decisión está en contra de los propios estatutos de la organización y de su Principio de Federalidad, y que por tanto la medida debería haber pasado por la aprobación de unos nuevos estatutos en Asamblea Federal, en los que se contemplasen estas operaciones. Pero, ¿qué importa respetar las normas en los tiempos que corren?

No sé si hace falta decir que la mayoría de los 113 votos a favor han seguido el dictado que el candidato nacional de la formación ha ido publicitando desde el 24-M. Alberto Garzón y su séquito, después de haber anulado la poca autoridad que se le otorga a Cayo Lara como coordinador federal, han hecho gala de la mejor mano de hierro y verticalismo por la que en los 80 se hicieron famosos Alfonso Guerra o Santiago Carrillo en sus respectivos. Lo siento de verdad por todos aquellos militantes que creen que su opinión todavía cuenta en las decisiones de altura, pero en lo último en que están pensando todos estos cargos ávidos de poder es en dar voz a sus bases.

El problema explícito que ha llevado a la desfederación de IUCM es, por supuesto, el que los medios han usado para erosionar durante muchos meses a la formación: las corruptelas de Moral Santín, Gregorio Gordo, Ángel Pérez o Tania Sánchez, materializadas en la debacle de Bankia, el uso de tarjetas black o el nepotismo, como mejor os venga. Por supuesto, no voy a disculpar estas acciones y considero que estos problemas se deben solucionar tajantemente, pero, ¿justifica esto la criminalización y expulsión de 5.000 militantes en masa? En el grupo dinamitado había militantes que llevaban décadas luchando, dejándose la piel, sin cobrar, sin ser cargos públicos, pagándose la gasolina para ir a reuniones por todo el territorio y hacer organización. Y ahora les dicen que son la vieja guardia, que son casta. ¿Es eso la izquierda que se quiere construir?

Por supuesto, como he dicho, una parte de esta militancia aplaude la decisión tomada e incide en esta humillación, aunque por el miedo a tentar a la suerte no sabemos si son mayoría o minoría al no haberse dignado el CPF a consultar la medida. Pero quienes apoyan esta purga parecen olvidar que esta “vieja guardia” se ha entregado contra viento y marea a la izquierda, se ha levantado de cada derrota, ha sacrificado el tiempo que podría invertir en sus seres queridos y ha aguantado la soledad del páramo político cuando muchos ya no creían en IU.

 

¿Compensa la unión por erosión?

Cuando el curso natural de un río forma alguna curva en su cauce, la fuerza de su caudal erosiona lentamente sus riberas hasta que se forma un meandro. Con el paso de cientos o miles de años, la curva se acaba cerrando y se vuelven a unir sus extremos, dejando de nuevo un cauce recto y un lago en forma de herradura. Pero ya se sabe que la izquierda siempre va a contracorriente, ¿no?

004-Meandro del rio Alagon

Visto lo que se conoce sobre IUCM está claro que esta federación –y muchas otras– necesita cambiar bastantes cosas, pero, ¿es apropiado focalizar la atención sobre los problemas de Madrid para atacar al resto, como han hecho hasta ahora los medios de comunicación? Sobre este asunto, de entrada, hay algunos puntos que al pensarse pueden causar desconfianza hacia lo que llega a oídos del pueblo llano:

¿En qué momento adquieren una sobredimensión social y mediática los problemas de Santín, Gordo o Pérez? Se debería recordar que desde 2013 ya era de dominio público. Pero después de las elecciones europeas el epicentro de la lucha política se centra en Madrid de un modo completamente encarnizado, sobre todo después de que se develara el sector filopodemista de IU. Para facilitarlo también se sube el volumen de los problemas de IUCM, por ejemplo cuando la entonces candidata de Madrid –patrocinada por Atresmedia– llegó al nivel de obscenidad de venderse como “o nosotros o la mafia” en su campaña.

Y también, ¿por qué se incidía en que estos problemas estaban matando a IUCM, cuando las encuestas de mayo de 2013 les daban los mismos escaños autonómicos y municipales que al PSOE? Hay que considerar que la fuerza en aumento que mostraba esta federación les podría dar incluso el gobierno de Madrid. Pero claro, parte de la estrategia de Iglesias para las generales pasaba por el triunfo en Madrid, para lo cual también hacía falta la dilución de IUCM en el -emos de turno que se interpretaría socialmente como un triunfo de Podemos. Desde que empieza el conflicto a mediados de 2014, las posturas de quienes defienden la disolución y quienes reivindican la identidad política de IU se separa cada vez más, mientras que se acelera la lucha interna por el control de la organización que culmina con el nombramiento de Garzón.

A estas alturas os estaréis preguntando que por qué no IUCM no confluyó con Ahora Madrid, con lo buena gente que parece Carmena y lo bien que habla Garzón sobre Podemos. Sobre esto quiero hacer un inciso acerca de las diferentes formas de cooperación política, y sobre por qué al final IUCM no se sometió y provocó la ira de los filopodemistas: una coalición, a diferencia de una agrupación de electores o un partido instrumental, permite que sus candidatos continúen representando sus siglas y por tanto rindan cuentas por su gestión al resto de la militancia. Con la coalición se consigue la pervivencia del espacio político de IU en Madrid, de su presencia institucional (incluidos sus diputados en el Congreso) y de la capacidad para articular e impulsar la lucha del movimiento obrero y de los movimientos sociales hacia la superación de la sociedad capitalista a través de un programa propio e identificable.

Además, una coalición permite que la cada formación tenga financiación y subvenciones tanto por sus cargos electos como por pertenecer a una organización con estricta representación institucional, financiación que desaparece con otras fórmulas jurídicas, o que se llevan otros. Cuando se ha incidido tanto en reducir el debate al amor propio de algunos, alegando que “las siglas impiden trabajar para la mayoría”, se parece olvidar que estas diluciones impiden la supervivencia de las formaciones que la constituyen. Un modelo válido, por ejemplo, es el de Barcelona en Comú, aunque se quiera equiparar con Ahora Madrid, pues en Barcelona los concejales electos de EUiA-ICV siguen representando a esta organización y se permite el sustento de las mismas. Pero en Madrid no se ha querido que sea así, y habría que preguntarle a algunos partidos como Equo por qué han accedido a desaparecer, porque su financiación en Madrid depende desde ahora de la buena voluntad de Ahora Madrid y no de ningún acuerdo previo. Por esto es por lo que IUCM no ha accedido a su dilución.

También cabe añadir que la candidatura de Tania Sánchez aceptó que las convergencias sólo se apoyarían en forma de coalición, pero no quisieron respetar las reglas y causaron la escisión ya conocida. Aun así, Sánchez habló de acoso aunque fue ratificada por la dirección que quería controlar; habló de falta de apoyos por sus polémicas familiares, aunque ahora está imputada; dijo que no se iría a Podemos, pero todos los que se fueron con ella están en sus listas autonómicas. También se debería añadir que se hizo un referéndum para saber si la militancia quería entrar o no en Ahora Madrid –conociendo todo lo anterior–, pero ante el miedo a perderlo, los partidarios de la dilución lo boicotearon. Al final, las disputas y problemas consiguieron que el CPF invalidase la candidatura municipal, formada por quienes permanecieron en IU, a lo que hay que sumarle el apoyo manifiesto a Ahora Madrid por parte de cargos electos y la deslegitimación de IUCM por el mismo Garzón. Así, ¿cómo se pretende superar el 5%, si además ahora se expulsa a quienes defienden la identidad de IU?

 

El problema de fondo

En el trasfondo de todo este asunto, el problema no tan visible, aunque sea evidente cuando se reflexiona mínimamente, tiene que ver con todo el conjunto de IU, no sólo con IUCM. Creo que queda claro que ya no cabe sacar la navaja de Ockham, que ya no tiene sentido simplificar la política como ocurre en los medios, porque en este caso no se aprecia toda la dinámica de poder. Este problema consiste sencillamente en la estrategia activada por el sector de Garzón para controlar la organización en todo el territorio e imponer un plan político determinado. Un plan que, atendiendo a las últimas declaraciones de este sector y la acción tomada en Madrid, sólo puede acabar con la disolución de la formación a nivel nacional.

El problema de la disolución que conllevaría el modelo de Ahora Madrid / Podemos se puede producir de dos formas, vista la situación: o bien diluyéndose IU directamente en Podemos, o bien con la disolución de ambos grupos para formar un nuevo partido orgánico, como defiende Manuel Monereo. Es posible que este movimiento ya esté en parte acordado entre los notables de los dos partidos, habida cuenta de la sintonía de algunos líderes de IU con el podemismo. Pero para que esto sea posible es necesario el control pleno sobre IU, aunque conlleve la pérdida de militantes. Lo importante es eliminar la resistencia, deshacerse de todos aquellos que no acepten los cambios que defiende Garzón, y la solución del problema de IUCM como debería haber sido –en una asamblea extraordinaria– podría dificultar este objetivo. Por lo tanto, volvemos a las purgas carrillistas.

La disolución de IU no es una simple hipótesis. Cualquiera que haya seguido los artículos de personalidades como Anguita, Monereo, Luque o Llamazares puede darse cuenta de la vía que quieren que siga la organización. Pero lo más indigno de esta actitud no son sus razones políticas, sino el pastoreo al que quieren someter a las bases y simpatizantes, con un verticalismo que le falta al respeto a toda la militancia que todavía cree en IU y con una cúpula que asume las premisas que lanzan los medios de comunicación del capital –certificando el estado de coma de la organización para preparar el nuevo invento–.

En toda esta historia también hay que contemplar la deriva ideológica que está tomando IU desde hace meses. El giro protagonizado por Podemos y muchos otros -emos en las elecciones municipales esconde este desplazamiento hacia una concepción interclasista de la política, hacia el ciudadanismo abstracto y vacío que defiende el sector garzonista para acercarse a Podemos –y lo siento, pero yo me niego a defender a Ana Patricia Botín, Felipe de Borbón o a Joan Rosell, por muy ciudadanos que sean–. La consecuencia de esto sólo conduce a la transformación de IU en un partido “atrápalotodo”, con rasgos que ya se empiezan a definir en la formación, y que Podemos lleva defendiendo desde sus inicios: 1) una reducción de la carga ideológica del partido como organización de clase para apostar por una ambigüedad que les dé más votos (sobre lo cual se han sustentado los -emos municipalistas); 2) el fortalecimiento de grupos de la alta dirección y del líder, en condición de figura mediática y con autoridad para saltarse sus propias normas, y 3) la devaluación de la militancia del partido en favor del votante, para asumir una política interna únicamente electoralista. Todos estos movimientos no son nuevos, y de hecho ya ocurrieron en el PSOE de Suresnes (1974), cuando abandonaron el marxismo para dejar la socialdemocracia como la máxima izquierda  a la que pueden llegar.

Vista la situación, ¿deberían los militantes considerar a IU una batalla perdida y centrarse en recuperar el partido? Frente a la actitud golpista del Consejo, la defenestración de Cayo Lara y las actitudes del sector dominante que se centran en dinamitar la formación, es posible que esta sea la mejor opción. No se puede negar que gran parte de la situación de IU se ha desencadenado desde cierta dirigencia del PCE, donde se incluye el secretario general J.L.Centella que ha causado el estancamiento del partido al creer que su concepto no representa la principal forma de participación ciudadana. El rígido control que ejerce este aparato sobre el partido dificulta que vuelva a ser tomado por las bases y reorientado hacia lo que debiera ser –un partido de masas y de vanguardia–, pero es necesario intentarlo, estrechando lazos con comunistas de otras organizaciones y con los que no están afiliados a ningún partido, para volver a tener una base en la izquierda más allá de las histerias electorales, centrada en desarrollar una conciencia de clase anticapitalista.

Enlazando estos objetivos con la decisión tomada en IUCM, los dirigentes deberían tener en cuenta que cualquier medida que expulse a la militancia de esta forma ya es un fracaso, aunque se les permita volver a una nueva formación refundada y descafeinada. Nada puede compensar la pérdida de militantes, ni siquiera unos pocos votos volátiles. La militancia es el alma de la izquierda, el núcleo de la lucha por el socialismo, el corazón del esfuerzo por transformar la sociedad y la voluntad férrea de luchar por un mundo sin explotadores y explotados. Pero a estos dirigentes que les gusta tanto abstraer el trabajo de sus bases no les importa perder la militancia, porque resulta prescindible una vez que la acción política se vuelve únicamente electoralista.

Pero por encima de todo, un pilar de la izquierda es la solidaridad con su clase y con sus compañeros, y en oposición al egoísmo de estos tiempos es la razón más fuerte para ser comunista y luchar por el socialismo. Y por ello, ni yo ni nadie de izquierda que se precie debería ser partícipe de la humillación política de estos 5.000 militantes. Mi decisión sobre IU dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos, pero de momento el sector de Garzón ha ganado mi rechazo y la formación ha perdido mi voto de confianza.

 

Salud y República.

Categorías:Críticas, Sociedad

Contra la melancolía otoñal

23 septiembre, 2014 1 comentario

 

Empieza el otoño, y con la estación empieza mucho más, aunque otras cosas permanecen.

En lo personal, para quien no lo sepa todavía, me traslado a Barcelona dentro de dos días, para empezar un Máster en Neurociencias y continuar aportando todo lo que me sea posible (y todo lo que me permitan) a la ciencia y a la investigación en biomedicina. Para mí será empezar de cero por tercera vez. Me he estado planteando cómo contaré este nuevo año a quien quiera leerme o escucharme, y aunque tengo algunas ideas en mente, todavía no he decidido el método, pero sí el contenido. Seguiremos informando.

 

Un andante melancólico, gracioso, que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno.

El otoño es un andante melancólico, gracioso, que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno. (George Sand)

 

En lo público, también empiezan nuevos fenómenos. Por lo que os he dicho, podré seguir de cerca el final (o el principio) del proceso soberanista que está produciéndose en Catalunya. Según lo que han querido informar los medios, el transcurso de las acciones debería pasar por una moción por parte del Ejecutivo central para declarar la nulidad de la consulta de noviembre, a través del trámite del Tribunal Constitucional. Pero os diré algo: ese sería el mayor favor que le puede hacer el gobierno a los partidos independentistas, tanto a CiU como a los del ala izquierda. Si llega a darse esa situación, si no se permite ejercer la democracia, no habrá federalismo, represión o cesión de competencias que pueda arrancar el victimismo de los nacionalistas catalanes. El derecho de autodeterminación de los pueblos está recogido por todos los Pactos Internacionales sobre Derechos Humanos (porque sí, Catalunya y el resto de zonas con su lengua constituyen una nación, con todo el significado de la palabra, aunque por mi parte sólo defenderé esta identidad desde el aspecto cultural y lingüístico); por ello, bajo ningún concepto debe prohibirse a un pueblo a ser consultado, aunque ese comportamiento ya tenga precedentes en España, como los inexistentes referéndums sobre el modelo de Estado o las reformas constitucionales.

¿Que Catalunya forma y debe formar parte de España? Por supuesto, y nunca he defendido lo contrario. Sin ninguna duda, las consecuencias serían nefastas para ambas partes y sus beneficios no las compensarían, en especial en lo económico, porque, por muy mal que quede esa comunidad y pese a toda la fuga de capital catalán, a España tampoco le sentaría nada bien perder una quinta parte de su PIB y gran proporción de su tejido industrial. Aunque también en lo geográfico, y si no, ya me dirán cómo siguen las exportaciones nacionales a Europa al perderse casi la mitad de las vías transpirenaicas. Pero, al margen de futuras calamidades y de muchos detalles que no vale la pena mencionar, la democracia ha sido la bandera que han enarbolado los herederos de la dictadura para salir indemnes de la misma (con el consentimiento y los hilos de Juan Carlos de Borbón, Adolfo Suárez, Torcuato Fernández-Miranda y la administración Nixon). Sus herederos perderían la poca legitimidad que les queda si, ante el mayor conflicto territorial desde el establecimiento de las Autonomías, simplemente le quitan la voz a quien la tiene. Como no me gusta quejarme sin proponer nada, de momento sólo dejaré dos palabras, que puede que desarrolle en otro momento: ‘Estado plurinacional’.

 

Otra de las “novedades” de otoño, por supuesto, es el nuevo Secretario General del Partido Socialista Obrero Español (perdón, del Partido Socialdemócrata Español). Pese a que ha dicho más bien poco y ha hecho más bien nada, de momento no diré mucho de Pedro Sánchez, pero sí que me gustaría darle un consejo: no se deje llevar. Al principio, me parecía un buen candidato, incluso buena gente, al margen de lo que pueda haber hecho su partido en el pasado. Aunque el señor Pérez Tapias me parecía mejor opción, pues orientaba a un partido de centro-izquierda hacia la izquierda, en lugar de optar por el inmovilismo de los otros dos, no me disgustaba demasiado la opción de Sánchez. Pero claro, llega septiembre, y con la vuelta al cole todas las expectativas pasan por la unidad de dinamiteros. En lo que llevamos de mes, al margen del federalismo propuesto para caer bien a los nacionalistas, Sánchez está ejerciendo el mismo discurso que el omnipresente Felipe González, e incluso con la misma estrategia (personalismo, juventud, regeneración…). Si el señor Sánchez se deja llevar, si no se planta pronto, acabará ocurriendo lo que pretende el señor González, un pacto de confluencia a la alemana, con el partido conservador, para terminar lo que empezó con la abdicación de Juan Carlos de Borbón: una nueva reforma constitucional que perpetúe a quienes gobiernan sin ser elegidos (llámeseles capital, poder económico, IBEX35, o como se quiera), mientras que se le dan nuevos privilegios a Catalunya y Euskadi para calmar los ánimos nacionalistas, y se consolida la ilusión del Estado de Bienestar hasta que llegue la nueva ola de recesión (que, por cierto, me parece oír que la están augurando desde los organismos europeos mientras escribo esto).

Aunque por otro lado, si el señor Sánchez se deja llevar en su actitud, acabará siendo otra moda más, actuando como la Moda de este año, sí, SÍ, ¿cómo no iba alguien a no hablar de eso?, ¿ya tardaba, no? El señor Sánchez ya está empezando a actuar como un tertuliano más, transformándose en superestrella, con vulgaridades y consignas que le consigan unos cuantos votos y unos cuantos puntos de audiencia a Berlusconi o Lara, según el canal en cuestión. Pedro Sánchez va en camino de tomar la actitud de Pablo Iglesias. Y esa es la otra novedad del otoño. Si es que no paran, ¿eh?

 

Ahora mismo, los adeptos de Podemos deben estar en pleno apogeo de democracia interna y horizontalidad con su Asamblea Ciudadana, que en estas fechas estará organizando a su gente para redactar los borradores de constitución de sus bases. De momento, el señor Pablo Iglesias ya se ha cubierto las espaldas al transformar la figura de portavoz en la de Secretario General, y no quiero imaginarme cómo acabará esto. Pero bueno, demos un voto de confianza a esta Asamblea, que tiene hasta el 15 de noviembre para decidir si al líder le hacen busto o retrato. De momento, la novedad de este proyecto de ingeniería política nos ha dejado un conglomerado de movimientos sociales desorganizados, pero reunidos en torno a discursos de una frase y a soluciones simples (que no sencillas) a problemas complejos. Sí, eso que llaman ‘populismo’ y que les gusta usar incorrectamente en América Latina para quitarle culpa al imperialismo. Esa palabra que aunque no esté en el diccionario describe perfectamente a este neopartido, con un comportamiento interno pseudofascista (“si no compartes nuestra opinión eres el enemigo”, perdón, “eres casta”), aunque sin el componente de la disciplina que caracterizaba a los auténticos autócratas. Porque, pese a que sean los conservadores del PP quienes usen ese argumento, no deja de ser verdad que desde Podemos tienen discursos homologables a algún prefascista italiano, a alguna ultranacionalista francesa o a alguna líder española de color de Rosa (“ni de izquierdas ni de derechas”).

Quizás el afán recaudatorio de periódicos impresos y la tendencia podemista de muchos de los digitales hayan ocultado algunos conflictos en la formación. Para no darles mucha publicidad, de momento sólo os adelanto que en varios Círculos se ha llegado a las manos por discrepancias. Como he dicho en alguna ocasión, el asamblearismo horizontal no es más que otra de las formas ilusorias de predicar la democracia interna; sólo hay que conocer nociones mínimas de psicología para entender que en cualquiera de esos círculos se decidirá la propuesta que traiga el más carismático, que rara vez será la mejor opción. Prefiero bastante más que las propuestas se elaboren y se decidan por expertos en cada ámbito (según los principios básicos de la formación), y que luego se le expliquen detalladamente esas propuestas al resto de militantes y simpatizantes, para que se evalúen. Pero si se siguen lanzando consignas económicas por parte de politólogos, os digo desde ya que nada va a sostener su sistema si llegan al poder. En cuestiones internas, de momento tampoco hablaré más, porque además hay críticos mucho más despiadados y con mucha más información contra Podemos que yo, al igual que contra movimientos quincemayistas y derivados, cuya ilusión de libertad y su individualismo les llevó más pronto que tarde a la disgregación. Porque aunque los indignados me merecen el mayor respeto como personas, prefiero guiarme por quienes ya se indignaban y denunciaban cuando las cosas iban bien, y no sólo cuando les afecta al bolsillo.

Sin embargo, sí os diré por qué mi repulsa hacia esa formación ha ido en aumento. Allá en febrero, fui uno de los que firmó para que pudiesen presentarse como formación política a las elecciones europeas, y no me arrepiento de ello. Sin embargo, cuando llegó el 25-M ya tenía claro el rumbo que tomarían, y lo expresé en un llamamiento que hice contra la abstención. Sin embargo, la hoja de ruta que tomaron desde ese día llevó a los medios a considerar que habían arrasado por completo. Pues bien, Breaking News!!, aquellas elecciones las ganó, por desgracia, el PP, seguidos del PSOE y de Izquierda Unida. Pero es que aun habiendo triplicado sus votos desde la última elección, tanto los podemitas como todos los medios consideraron que IU había fracasado estrepitosamente, y es esa actitud chulesca por parte del triunvirato la que me repatea el hígado cada vez que la escucho. Señores Iglesias, Monedero y Errejón: por muchas encuestas que se hagan, todavía queda más de un año para las próximas elecciones generales, y a menos que quieran presentarse a elecciones municipales con sus programas por delante, dejen ya esas actitudes mesiánicas. Porque no, no me vale que usen el spin-off de Ada Colau para “no ensuciar la imagen de la formación con pactos menores en municipios”.

Y siguiendo con esa prepotencia, lo que más me revuelve la bilis es que estén presentando la elaboración colectiva como si fuese algo propio y algo nuevo. Pues no. Al menos en España, esa actitud se fraguó en los primeros años de Izquierda Unida, primero por parte de su padre, Gerardo Iglesias, que se opuso a don Santiago Carrillo para conseguir una confederación de partidos de izquierda, y luego por parte de su madre, Julio Anguita, que crió a la formación como a una hija y la educó con la elaboración colectiva previamente ensayada con éxito en Convocatoria por Andalucía. Así que, señor Pablo Iglesias, deje de vender su estafa piramidal y mire hacia atrás, con autocrítica a ser posible. Y, si no es mucho pedir, deje también de torpedear a la formación de IU, porque aunque ya haya conseguido dividir sus opiniones, se le están viendo las intenciones desde los resultados europeos. E incluso antes, desde que el asesoramiento de Monedero a Gaspar Llamazares casi llevó a IU a la desaparición, en su autodestrucción ecosocialista. Pero desde su enaltecido triunfo, no ha habido movimiento interno en Izquierda Unida que no haya favorecido a Podemos, en especial a manos de sus portavoces teledirigidos (Alberto Garzón y Tania Sánchez), pero también a través de otros submarinos, de la ventaja que obtuvo en el grupo de la Izquierda europea tras la dimisión de Willy Meyer, de la crónica de la muerte anunciada de Cayo Lara y de la manipulación de encuestas sobre posibles pactos. Señor Pablo Iglesias, si su formación resiste a su proceso constituyente y si de verdad quiere pactar con este partido, acepte su naturaleza de confederación y acuerde un programa de mínimos desde el que ponerse de acuerdo, pero dejando a un lado las fantasías autocráticas y las propuestas basadas en pancartas. Y si durante los viajes a Bruselas tiene tiempo para reflexionar, piense en quién le dio permiso para hacerse mediáticamente famoso, si fue “la ciudadanía” a la que tan bien sondea para hablar en su nombre sin fundamento alguno, a la que quiere apoyar poniéndose detrás de la manifestación y no en la vanguardia, o si fue el capital que controla los medios quien le impulsó al estrellato para dividir el voto de la izquierda y calmar los ánimos de la indignación frente a su nuevo Mesías.

 

Y yo quería hablar del otoño… En fin, sólo me falta por comentar otra novedad, que he dejado para el final porque algunos quizás no la consideren como tal, y es que, por no perder sus formas, el Partido Popular sigue sin cumplir su programa electoral. Aunque esta vez ha sido para bien, pues ha implicado la archivación de la Contrarreforma de la Ley del aborto. Sobre esto no creo que hable más adelante, así que intentaré explicarme cuanto pueda.

Para discutir un poco sobre eso, antes que nada voy a hablaros del aborto como concepto, como herramienta médica, y sí, me voy a mojar (depende del lector decidir si lo hago con agua o con gasolina en llamas). En medicina, hay dos tipos de aborto inducido, según su finalidad: el anticonceptivo y el terapéutico. Pues bien, en lo más profundo de mi mente, en mi conciencia, y como fruto de meditaciones lógicas, os puedo decir que no estoy a favor de la finalidad anticonceptiva (“¡¡Genocida!!”), pero dejad que me explique. Estoy a favor de la educación sexual, y de que, en la escuela o en la familia, se eduque a los adolescentes en edades hormonales para tener un mínimo conocimiento sobre estos temas. Porque, aunque los demócrata-cristianos que nos gobiernan se rasguen las vestiduras por hablar del fornicio en escuelas públicas, es algo sobre lo que hay que hablar. Si los jóvenes y no tan jóvenes no quieren procrear antes de tiempo, en esta época tienen muchos más medios de los que conocen para evitarlo, y aquí no vale que “me da corte el plastiquito” (por no mencionar la protección ante ETS), o que “no me gusta la pastilla”. Porque, si ante esas opiniones se hubiera educado bien, estas personas sabrían el enorme trauma, a nivel de salud para la mujer, que constituye un aborto: riesgos de infecciones y sepsis, trauma de cérvix, inflamación o absceso pélvico, peritonitis, endometritis, laceración o perforación del útero, trauma renal, hemorragias, trombosis y embolias, esterilidad o futuro desarrollo de embarazos ectópicos o nacidos muertos o con malformaciones, probablemente un aumento del riesgo de desarrollar cáncer en estos órganos, etc. Cualquiera que frivolice sobre este asunto debe saber que sus riesgos no compensan en absoluto el momentáneo placer de no usar protecciones, y que esta técnica no debe usarse a la ligera.

Desde este punto, reivindicando una mejor educación y concienciación para evitar todos estos riesgos de salud ante la falta de sensibilidad frente a este fenómeno, también sé que existen accidentes, y que por baja que sea, la probabilidad de que fallen las barreras físicas o químicas contra el embarazo también existen. Ante estos casos, y evidentemente ante supuestos de malformaciones, riesgos para la madre, violaciones, etc., defiendo el uso del aborto terapéutico, siempre que la decisión de aplicarlo recaiga únicamente sobre la madre, aunque pueda y deba recibir asesoramiento y atención médica.

Para acabar, voy a obviar por un momento los aspectos científico-médicos del aborto para discutir mínimamente los éticos. Ante todo, aclarar que cualquier argumento anti-abortista político es un argumento religioso, y si hay alguno que no lo sea, por favor, infórmeseme. En esto, como en cualquier otra de mis opiniones sobre sociopolítica, me voy a basar en los Derechos Humanos.

Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad, y a la seguridad de su persona.

Me gustaría recalcar la palabra “derecho”. Porque un derecho es tal cuando se está en disposición de renunciar al mismo (como puede ocurrir ante el derecho a huelga o ante el de percibir una pensión por haber sido diputado). Esto también se aplica al derecho a la vida, que no se le puede negar a nadie como tampoco se le puede obligar a ejercerlo (esto también implica que defiendo el derecho a la eutanasia). Entonces, ¿por qué se empeña el gobierno demócrata-cristiano para quitar la decisión de ejercer o no ese derecho, tan válido como cualquier otra de las libertades democráticas? Y si desde el Gobierno se empeñan en la defensa del no-nacido, a petición del lobby católico español, ¿no sería una incoherencia que, una vez nacido, el derecho de un menor recaiga en sus padres hasta los 18 años? ¿Por qué quitarle a la madre la capacidad de decidir, en nombre de su hijo, si ejercerá o no su derecho a la vida? ¿Realmente creen que las madres que han ejercido su derecho al aborto lo han hecho con maldad, y no por ahorrarle a su hijo un posible sufrimiento? ¿De verdad no se han dado cuenta de que, si en verdad existe una forma pura de altruismo en la raza humana, su máximo exponente se encuentra en la relación de una madre hacia el fruto de su vientre?

 

Con todas estas reflexiones no pretendo convencer a nadie, solamente expresar mi opinión mientras las libertades democráticas me lo permitan. Aun así, si he convencido a alguien sobre algo, me alegro, pues en mi actitud también contemplo la subversividad bienintencionada.

Como bien describió en Fa Mayor este maestro italiano, este inicio de estación debería ser motivo de alegría y danza por la recolección de la cosecha, pero ante la falta de frutos en la que nos encontramos, parece ser que el travieso borrachín se quedará dormido de nuevo. Sólo espero que la embriaguez y el sueño en los que caerá el resto de campesinos no impida que suenen los ladridos de los perros y el corno de los cazadores.

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El otro 11 de septiembre

11 septiembre, 2014 Deja un comentario

 

Hace demasiado tiempo que no escribo, pese a que me propuse hacerlo. Tal vez estar en el último año de carrera y el descanso post-universitario han influido en ello. Sin embargo, hoy he encontrado un tema lo suficientemente importante como para hacerme volver.

Supongo que habréis notado que hoy es 11 de septiembre, así que hoy voy a hablar sobre lo que ocurrió ese día. Pero no voy a referirme a los atentados de Manhattan, y ni siquiera a lo que estará pasando ahora mismo en Catalunya. No. Voy a remontarme más atrás, a 1973.

Ésta es la triste historia de cómo el gobierno de la nación más poderosa del planeta llevó la tragedia a otro pequeño país de su mismo continente. Un 11 de septiembre, en 1973, a esta misma hora, Salvador Allende Gossens pronunciaba sus últimas palabras públicas, por medio radiofónico. Menos de dos horas después moriría, en el golpe de Estado que llevaría a Chile a casi 17 años de fascismo.

EEUU podría haber invadido Chile, como antes y después hizo con otros países del mundo, pero optó por un método encubierto, es decir, por ejercer su influencia en la dirección de otro país sin que su gente se dé cuenta de qué está pasando; en el caso de Chile, optó reemplazar un régimen democrático elegido por el pueblo por una dictadura militar.

Tres décadas después de los hechos se mantiene la confusión acerca del origen real de la tragedia que costó millares de vidas. Pese a la impunidad de los culpables, hay otra forma de justicia que ejerceré aquí: la memoria.

 

Salvador Allende Gossens

 

Antes que nada, diré que mi información se basa en el trabajo de la periodista Patricia Verdugo, en concreto en su obra sobre Allende (2003). El historial de intervención de EEUU en Chile está autentificado por las investigaciones de las mismas autoridades norteamericanas. Por ello, ni ella ni yo vamos a culpabilizar a nadie que no haya reconocido sus propias culpas. Para que nadie piense que está leyendo una acusación sin base ni sustento en la realidad, aclaremos las fuentes primarias de información.

Disponiendo de los documentos de la CIA, ahora desclasificados, el Senado norteamericano decidió realizar una investigación a fondo sobre su intervención en Chile desde 1963 hasta 1973, para lo cual creó la Comisión Church (por su coordinador, el senador Frank Church). Desde ella se escribió un informe, que realmente fue el primer documento de este órgano estadounidense sobre un caso de intervención encubierta en Latinoamérica.

Esta comisión tampoco es la única fuente para reconstruir la historia. En febrero de 1999, el presidente Clinton ordenó recuperar y revisar, para su desclasificación, todos los documentos relativos a abusos de derechos humanos, terrorismo y otros actos de violencia política en Chile, ocurridos entre 1968 y 1990.

Dicho esto, oigamos su historia.

 

Situación previa

Ya desde 1959, en Virginia, la CIA tenía a Salvador Allende en su punto de mira, tanto por su creciente capacidad de esperanzar a los chilenos como por su amistad con el recientemente victorioso Fidel Castro. El marxista Allende está a punto de llegar al poder en Chile por vía democrática, sin disparar ni un solo tiro.

Recordemos el contexto: dos imperios disputándose su zona de influencia en el planeta, tras romper su alianza estratégica al acabar la Segunda Guerra Mundial. La revolución cubana y su rápida alianza con la Unión Soviética provocó una fuerte reacción por parte de Estados Unidos, con la ruptura de relaciones democráticas y la invasión de la bahía de Cochinos por parte de 1500 cubanos anticastristas entrenados por la CIA. La Unión Soviética levantó el muro de Berlín que dividió a Alemania durante tres décadas. El año siguiente, la crisis de los misiles tuvo al mundo al borde de otra guerra mundial. En ese cuadro, América Latina pasó a ser un territorio cada vez más peligroso para los intereses de Estados Unidos.

En 1964, el senador Salvador Allende participa en las elecciones como candidato presidencial. Su principal adversario, el candidato demócrata-cristiano Eduardo Frei. Según los documentos desclasificados, la CIA pagó la mitad de su campaña. Objetivo: impedir el triunfo del candidato Allende.

A finales de la década, el mundo seguía convulsionado (Vietnam, Primavera de Praga, el Ché en Bolivia, Fidel en Cuba…). Sin embargo, para los intereses norteamericanos era más peligroso un Allende elegido democráticamente en Chile que Fidel Castro en Cuba.

 

Hasta 1969, Salvador Allende había sido tres veces candidato a la presidencia, y su meta y obsesión eran un frente de izquierdas. La importancia que le da a este objetivo es que detrás de la unidad política de los partidos comunista y socialista iba a ir todo el movimiento social chileno.

Sin embargo, esa unión era cada vez más complicada, pues los modelos presentaban matices que los volvían antagónicos: a la cubana, por el modelo soviético, por la vía insurreccional, por la variante chino-maoísta… Las discusiones serían interminables, pero en todas ellas, Allende tenía una sola respuesta: a la chilena.

Desde 1964, el tejido social se había estado extendiendo en Chile, punto por punto, hasta conformar un poder popular que exigía cambios reales y más profundos, y por cesárea nació la Unidad Popular en 1969, representando la alianza de la izquierda. Con dificultad, en enero de 1970, emergió el candidato presidencial, Salvador Allende. Hasta entonces, se había destacado como la persona más indicada, no sólo porque proponía un nuevo Chile, sino también por su enorme esfuerzo por la Unidad.

 

Allende llama la atención

¿Qué estaba pasando en Chile? Esta pregunta también se la hicieron el Pentágono y la CIA. Para contestarla, desde EEUU se contrató al doctor en sociología Roy Hansen, que en tres viajes a Chile realizó sus encuestas a un sector importante de las Fuerzas Armadas chilenas. Leyendo algunas de sus preguntas, su objetivo era evidente:

  1. ¿Bajo qué circunstancias cree usted que los militares podrían tomar el control del Gobierno?
  2. ¿Bajo qué circunstancias personalmente usted apoyaría o rechazaría un intento militar de tomar el control del gobierno?

Mientras tanto, en Washington, casi todos los análisis de inteligencia apuntaban en la misma dirección: el sabotaje. El 25 de marzo de 1970 se reunió en Washington el Comité 40, que aprobó una primera partida de $125.000 para financiar operaciones de sabotaje contra Allende. En plena campaña presidencial en Chile, EEUU decidió realizar estas acciones encubiertas para influenciar las elecciones.

El Comité 40 era un organismo de facto que recibió su nombre durante el gobierno de Richard Nixon y lo integraban, entre otros, el presidente de la Junta de jefes de Estado Mayor, el Subsecretario de Estado para asuntos políticos y el director de la CIA. El presidente del Comité 40 fue Henry Kissinger. Estos hombres serán protagonistas principales de la tragedia chilena, aprobando los aportes que hacía el gobierno de los EEUU a la subversión.

Su objetivo era coordinar y ejercer control político sobre las acciones encubiertas de EEUU en el exterior. ¿Para qué? Para conseguir que esas acciones fueran tan encubiertas, tan clandestinas, que en caso de que fueran descubiertas pudieran ser negadas verazmente por el gobierno de EEUU, o al menos por su presidente. Hubo varios millones de dólares que se aprobaron para trabajar contra la candidatura de Allende, y que también estuvieron detrás de los primeros signos de violencia en el país, enturbiando el hasta entonces sano clima político.

El director de la CIA decidió entonces contactar con John McCone, quien había pasado de la jefatura de la CIA a ser uno de los directores de la empresa multinacional ITT. Esta compañía era una de las que tenía más inversiones en Chile, con hoteles, compañías telefónicas, etc. La participación de la ITT se basó en su miedo a la nacionalización en Chile de los servicios telefónicos, por lo que a través de la CIA, esta empresa financió al candidato Jorge Alessandri contra Allende, y estaba dispuesta a financiar con millones de dólares a los órganos de gobierno de los EEUU para intervenir en Chile.

Una parte de este dinero financió propaganda negra, es decir, publicaciones sin base en hechos para influir al público chileno (los grupos de la oposición llegaron a gastar 5 veces más papel que los que apoyaban a la Unidad Popular). Mientras, la CIA también pagaba a periodistas y escritores para publicar documentos y artículos con las conclusiones de la propia CIA: se pudo ver propaganda anunciando tanques soviéticos entrando en Santiago, o el fin de la religión católica y la vida familiar, y hasta de la patria. Fue un gran esfuerzo por crear miedo en el pueblo chileno contra Allende y contra el comunismo.

 

I don’t see why we need to stand by and watch a country go communist due to the irresponsibility of its people.

Henry Kissinger, 27 de junio de 1970

 

Desde EEUU se catalogó a los chilenos como un pueblo irresponsable, y el Gran Padre tendría que imponer orden si este irresponsable pueblo tomaba decisiones erradas. Kissinger mantenía la “teoría del dominó”, pues para él, la derrota en Chile traería influencias en toda America Latina e incluso en Europa.

Un anexo de la CIA tiene por título Extreme Option – Overthrow Allende, y analiza las ventajas y desventajas de instigar un golpe militar: Es altamente probable que la existosa participación de EEUU en un golpe militar chileno nos libere de forma permantente de la posibilidad de un gobierno dirigido por Allende en Chile.

Pero no pudo aplicarse en el 1970 por la resistencia dentro de Chile, incluso desde las propias Fuerzas Armadas: Un fracaso que seguramente significaría la revelación de la participación de Estados Unidos tendría consecuencias graves sobre nuestras relaciones con Chile, en el hemisferio, en Estados Unidos y en otros países del mundo.

 

4 de septiembre de 1970

El día en que los chilenos fueron a votar nunca imaginaron que estaban en la mira de un hombre que en sí mismo representaba todo el poder de los Estados Unidos: Henry Kissinger.

A pesar de los esfuerzos de EEUU por prevenirlo, Allende ganó las elecciones. Aunque lo hizo con un triunfo por mayoría relativa, con un 36’3% de los votos, por lo que el Congreso tendría que confirmar al vencedor. EEUU aprovechó ese lapso de tiempo para organizar su acción encubierta.

El Comité 40 se reunió de urgencia para discutir el curso de acción a seguir: Un golpe militar contra Allende tiene pocas posibilidades de éxito si no se lleva a cabo a la brevedad. Kissinger pidió una evaluación de las eventualidades que provocaría un golpe militar organizado ahora mismo en Chile con la asistencia de Estados Unidos.

Una semana después, el embajador norteamericano en Santiago envió esta comunicación al Departamento de Estado: Creemos que en estos momentos, los militares chilenos no están dispuestos a intervenir para prevenir el ascenso de Allende al poder sin que exista previamente una improbable situación de caos nacional y de violencia general.

Diez días después de la elección de Allende, el presidente de PepsiCo Inc., Donald M. Kendall, se personó en la Casa Blanca y le pidió a Nixon que le concediera una urgente audiencia a un chileno amigo y socio suyo, Agustín Edwards, propietario de El Mercurio. La reunió se produjo en la oficina de Kissinger, a la cual también acudió el Ministro de Justicia de los EEUU.

Edwards llegó a Washington para impulsar una política dinámica y agresiva contra Allende; se quedó en EEUU donde fue nombrado vicepresidente mundial de PepsiCo, y no regresó en todo el gobierno de la Unidad Popular.

Richard Helms anotó las instrucciones de Nixon tras la reunión con Edwards:

  • Gastar dinero.
  • No importa los riesgos que haya que correr.
  • Los mejores hombres disponibles.
  • Hacer aullar de dolor a la economía chilena.

Ese mismo día, le llegó una orden presidencial al embajador en Santiago, dándole luz verde para moverse en nombre del presidente Nixon, dándole la máxima autoridad para hacer todo lo posible.

 

Un par de hojas de los archivos desclasificiados dicen en su encabezado:

Subject: Genesis of Project Fubelt

Richard Nixon ordenó esta operación “cinturón” el 15 de septiembre, y puso en juego a dos equipos para conseguir un mismo objetivo: uno vestía la camiseta oficial de EEUU, dirigido por su embajador, y debía operar bajo un plan llamado Track I. En términos de la CIA: comprar votos de los congresistas chilenos para no ratificar la elección de Allende. El plan consistía en elegir a Alessandre en la segunda votación, quien inmediatamente renunciaría para que Frei pudiera volver a presentarse a la elección. Así, el aún presidente Frei podría retomar el mando sumando los votos demócrata-cristianos y de la derecha. Sin embargo, pese a los esfuerzos, Frei rehusó interferir en el proceso constitucional y la maniobra de reelección se derrumbó.

Fracasado el método político, quedó en el escenario el segundo equipo con el plan Track II, donde la CIA puso la mayor parte de sus recursos para estimular un golpe de Estado, creando las condiciones y el caos necesario para justificar la intervención militar. Un mes después de la elección de Allende, Nixon se reunió otra vez con Kissinger. Según los documentos que la CIA mandó a Santiago: EEUU quiere un golpe de Estado en Chile. Vamos a apoyarlo y los militares deben conocer este hecho.

 

Empieza la operación

El 10 de octubre, el agente clandestino Tony Sforza informó lo siguiente al jefe local de la CIA:

Viaux espera unas 10.000 bajas en el área de Santiago antes de que las turbas izquierdistas puedan ser liquidadas. El resultado podría ser sangriento y prolongado, es decir, una guerra civil. Ustedes nos han pedido que provoquemos el caos en Chile. A través de la solución Viaux, nosotros ofrecemos una fórmula para que el caos probablemente sea cruento. Viaux puede dividir a las Fuerzas Armadas con algunas unidades del ejército secundándolo, mientras otras se mantienen cohesionadas en torno al general Schneider, es decir, a Allende.

Schneider era un general constitucionalista, por lo que EEUU llegó a la conclusión de que había que quitarlo y reemplazarlo por otro militar para que pudiera avanzar el golpe militar.

 

Por un informe de la CIA, se sabe que un número indeterminado de agentes al mando de David Atlee Phillips llegó a Chile para provocar el golpe y colaborar con el ataque al general Schneider. Este agente, con 25 años en la CIA, anotaba en su historial el derrocamiento del presidente guatemalteco y un rol clave en la fracasada invasión a Cuba, mientras que hay fuertes indicios de que fue el agente que bajo el nombre de Maurice Bishop se reunía con Lee Harvey Oswald. Phillip no era un agente más de la CIA.

La CIA trabajaba con militares retirados como Roberto Viaux, pero también con generales en servicio como Camilo Valenzuela. Entre otras operaciones, recibían armas y munición desde Washington, clandestinamente. Finalmente, dos días antes de la proclamación de Allende, Schneider fue atacado en su propio coche y murió por las heridas tres días después.

 

Proclamación de Allende

 

De acuerdo con los artículos 64 y 65 de la Constitución Política, el Congreso Pleno proclama Presidente de la República de Chile por el período comprendido entre el 3 de noviembre de 1970 y el 3 de noviembre de 1976 al ciudadano Salvador Allende Gossens.

Tomás Pablo, Presidente del Senado chileno, 24 de octubre de 1970

 

El pueblo chileno no tenía miedo. Creía firmemente que estaba en una causa justa, que estaba impulsando un cambio que era posible. Hasta hoy, nunca se ha logrado llegar a unos niveles tan bajos de desempleo (que disminuyó hasta el 4% en el primer año de gobierno), y su PNB aumentó hasta el 8’5% en ese periodo. Hubo mejores sustanciales para la gente que menos tenía (clases bajas, proletarios, campesinos…), y lo más importante, con las mejoras en la distribución de los ingresos, los trabajadores aumentaron del 51 al 63% su participación en la renta nacional. Esto se tradujo en un voto de confianza a Allende, pues el aumento del respaldo electoral de la Unidad Popular, hizo que en las elecciones municipales de 1971 obtuviesen el 50’2% de los votos.

Sin embargo, en las dos semanas siguientes a esta elección, bajó la bolsa, se retiraron $80.000.000 de los depósitos bancarios, y otros $43.000.000 se los llevaron viajeros que hicieron que los aeropuertos se atestaran de familias derechistas que huían precipitadamente del “peligro marxista”.

El veneno del miedo se había inyectado directamente en las venas de la clase social más poderosa de Chile, retroalimentándose con más miedo hasta conformar una peligrosa espiral y engendrar un huracán de violencia. El riesgo de magnicidio fue aumentando cada día, durante los casi tres años en que el doctor Allende fue presidente de Chile. Esto ocurrió por el cumplimiento de la orden de Nixon: hacer aullar de dolor a la economía chilena.

 

 

El gobierno chileno sabía a quién se estaba enfrentando, y que el mayor problema sería la presencia y la intervención de los EEUU en la política chilena, en todos los planos. Sin embargo, lo hacían de manera tan encubierta que parecía que los culpables fueran el presidente chileno y su alianza política de gobierno, la Unidad Popular, creando así las condiciones propicias para el golpe militar.

Fue una completa campaña de desestabilización en Chile, para crear lo que los documentos de la CIA llaman “coup-climate”.

 

Miedo al “peligro marxista”

Tras dos reuniones de emergencia del Consejo de Seguridad Nacional, cuando Allende apenas completaba 5 días al mando, el todopoderoso Henry Kissinger repartía el Memorándum de Decisión nº 93:

Los EEUU maximizarán las presiones sobre el gobierno de Allende para impedir su coalición. Deben emprenderse vigorosos esfuerzos para asegurar que otros gobiernos de América Latina entiendan la oposición de EEUU a la consolidación de un estado comunista en Chile y empujarlos a adoptar una postura similar. Se debe ejercer máxima influencia sobre instituciones financieras internacionales para limitar créditos u otras ayudas de financiamiento a Chile. No deberá hacerse ningún nuevo acuerdo bilateral de ayuda con el gobierno de Chile.

El crédito externo se cerró por completo. Por ejemplo, el Ex-Im Bank suspendió cualquier crédito para la importación del producto norteamericano.

Por otra parte, Nixon decidió que el director de la Oficina de Preparación de Emergencias hiciese un estudio acerca de las posibles conductas del mercado mundial del cobre, los stocks disponibles y otros factores que puedan afectar al mercado del cobre chileno. Justificando sus temores, en julio de 1971, el presidente Allende firmó un proyecto de reforma de la Carta Fundamental para permitir la expropiación de la Gran Minería del Cobre, considerando el derecho de Chile para que el país pudiera ser propietario de su riqueza más importante y dueño de su destino económico. Se cumplió lo que más temían en EEUU, la nacionalización del cobre en Chile por vía rigurosamente democrática. Como contramedida, Nixon vendió al mercado parte de la reserva de cobre que tenía acumulado para fines bélicos, haciendo bajar el precio del cobre y provocando las consecuentes pérdidas en la economía chilena.

Al caso del cobre se sumó luego la acelerada nacionalización de la ITT, la multinacional norteamericana dueña del 70% de la compañía telefónica chilena, también por vía democrática.

Ante estas dos medidas, Nixon enarboló la bandera del derecho a la propiedad, defendiendo que las compañías afectadas tenían derecho a una indemnización inmediata, justa y eficaz, pese a que las leyes de expropiación ya incluían el pago correspondiente a los anteriores propietarios.

 

Aumenta en el caos

Nixon y Kissinger no querían perder Chile como Kennedy perdió Cuba, y sus miedos se potenciaron hasta el punto de no ser capaces de ver las diferencias entre ambos casos. No pudieron entender que Chile, lejos del escenario del conflicto de la Guerra Fría, estaba dando curso a su historia, utilizando otros parámetros: los de su propia experiencia y los de sus propios sueños. La oposición de la derecha, junto con la política de la CIA y del gobierno norteamericano, transformaron la economía en un campo de batalla.

El transporte de mercancías fue boicoteado por la paralización de los gremios de los dueños de camiones. La comisión Church estableció que el Comité 40 había aprobado la entrega de $100.000 a organizaciones empresariales en octubre de 1972, durante la primera huelga de camioneros. Así, si observáis la geografía de Chile y la necesidad del transporte de mercancías, podréis deducir que la batalla por la producción estaba perdida de antemano. (Hay que aclarar que el dólar en el mercado negro cotizaba en 200 veces más que su valor oficial, por lo que una misma entrega de $100.000 equivaldría a $20.000.000, de dólares de los años 70). En esas fechas hubo un intento de paralizar un país, que llegó a durar mes y medio con cada vez más movimientos empeñados en el bloqueo. Según el mismo Senado norteamericano, un grupo del sector privado entregaba el dinero del Comité 40 a los huelguistas, pagando sumas a cada uno de los 20.000 camioneros chilenos para que mantuvieran el paro indefinidamente.

Otro factor clave para la desestabilización del gobierno fue la acción terrorista de la ultraderecha, a la que la CIA le entregó $45.500, según reconocieron los mismos dirigentes de estos movimientos. Estos grupos se organizaron región por región, con apoyo económico y armamentístico llegado desde Brasil, hasta el punto en que en 1973 se registraba un acto terrorista cada 10 minutos en algún lugar el país. Fue la misma Armada desde sus sectores golpistas la que contactó con este movimiento para pedirles acciones de sabotaje contra infraestructuras eléctricas, oleoductos y ferrocarriles, acentuando así el paro nacional para seguir fomentando el golpe.

En ese escenario de caos, las pinceladas clave las ponía El Mercurio, el decano de la prensa chilena, con su cadena de diarios nacionales y regionales en el que la CIA gastó más de $1.500.000 y donde se publicaba al menos un artículo diario preparado desde EEUU. Sin duda, para la CIA, la gran arma propagandística que constituía la cadena de diarios de Edwards conformaba el actor más importante sobre el escenario del complot para socavar la democracia chilena y eliminar al presidente Allende. Sus hombres de confianza ocuparon la presidencia del periódico mientras Edwards estuvo en EEUU, y posteriormente fueron ministros durante la dictadura.

Aun así, es posible que gran parte de los que participaron en estas acciones sigan creyendo que todo fue espontáneo, pura manifestación ciudadana del legítimo derecho de protesta ante la caótica situación. Pero es importante que sepan, en honor a la verdad, que su acción se insertó en un complot norteamericano, y que muchos de sus dirigentes activistas se enriquecieron a costa de sus protestas.

 

 

El hecho es que para provocar el golpe militar, durante los 3 años del gobierno de Allende, el Comité 40 aprobó más de 7 millones de dólares clandestinos de apoyo a grupos de desestabilización, que al precio del mercado negro se traducían en 1400 millones. Mientras tanto, la macroeconomía dirigida desde el norte también siguió castigando a Chile:

  • La ayuda bilateral de EEUU a Chile bajó de 35 millones en 1969 a sólo 1’5 en 1971.
  • Los créditos del Ex-Im Bank, que registraron una cifra récord de 234’6 millones en 1967, llegaron a 0 en 1971.
  • Los préstamos del BID, que llegaron a 45’6 millones en 1970 bajaron a 2’1 millones en 1972.
  • El Banco Mundial no dio nuevos préstiamos en el periodo entre 1970 y 1973.
  • EEUU presionó en el Club de París para que se rechazara la renegociación de la deuda externa de Chile, una deuda que se había contraído en los dos gobiernos anteriores, una deuda que en la estadística global era calificada como una de las más altas per cápita del mundo.
  • Los créditos comerciales para comprar repuestos automovilísticos bajaron de 300 a sólo 30 millones de dólares. De este modo, hacia finales de 1972, un tercio de los camiones diésel del mineral del cobre de Chuquicamata, el 30% de los autobuses privados, el 21% de los taxis y el 33% de los omnibuses estatales no podían operar por falta de repuestos o de neumáticos.

Sin embargo, ¿qué pasó con la ayuda militar? Bajó al comienzo, con sólo $5.700.000 en 1971, para luego subir a 12’3 y 15 millones en 1972 y 1973, respectivamente. Aumentaron también los cupos para entrenamiento de personal militar chileno en Fort Gulick (Panamá), de 181 cupos en 1970 hasta 257 en 1973, para preparar oficiales en tareas de contrainsurgencia en la tristemente célebre Escuela de las Américas.

 

La recta final

El 4 de marzo de 1973, la empresa conjunta de Nixon y Kissinger entró en la recta final hacia su meta. Hacia fines de julio de 1973, la CIA informó que la coordinación del plan para el golpe de Estado estaba casi finalizada. ¿Qué los detenía? Nuevamente, la presencia de un Comandante en Jefe constitucional, el general Carlos Prats.

El primer intento se produjo el 29 de junio, cuando se sublevó el batallón blindado al mando del coronel Souper. El episodio quedó en la historia como el Tanquetazo, ya que los tanques salieron a la calle y llegaron hasta el Palacio de la Moneda. Sin embargo, la decidida acción del Comandante en Jefe Prats y del Jefe del Estado Mayor, el general Pinochet, lograron abortar el tanquetazo. La única forma de eliminar a Prats parecía ser el secuestro o el asesinato. Sin embargo, con el recuerdo del caso de Schneider aún fresco en sus mentes es difícil que los golpistas estuvieran dispuestos a llevarlo a cabo. Finalmente, las fuerzas golpistas consiguieron la renuncia del general Prats el 23 de agosto, eliminando el principal factor de impedimento del golpe.

El 31 de agosto, Washington recibe el comunicado de que el ejército chileno se ha unido en torno a la idea de un golpe y que comandantes de regimiento cruciales de Santiago han pactado su apoyo. El presidente Allende designó a su amigo, el general Augusto Pinochet como nuevo Comandante en Jefe del ejército, entonces leal al gobierno y en quien Prats veía una figura que podría conseguir la unidad frente al golpe que estaba surgiendo.

 

En la madrugada del 8 de septiembre, la CIA en Santiago emitió otro informe: La Armada está programada para iniciar un movimiento destinado a derrocar el gobierno del presidente Salvador Allende. Si Allende renuncia o llama a plebiscito se produciría una postergación de los planes de la Armada.

Último fin de semana de gobierno de la Unidad Popular. Mientras una docena de altos oficiales golpistas acordaban las instrucciones finales en el Ministerio de Defensa, en el Palacio de la Moneda el presidente Allende tenía una mañana de tenso trabajo.

Su idea era la de llamar a plebiscito el próximo martes, y si perdía, naturalmente entregar el poder. El presidente se reunió con los generales Pinochet y Leigh. A Pinochet le encargó coordinar las fuerzas militares con las de los sindicatos obreros para subyugar el alzamiento militar que se estaba armando, y acerca del cual Pinochet le dijo que tenía bajo control.

Pinochet se despidió de Allende cálidamente, dándole la mano y apretándole el brazo: Descanse, presidente.

 

9 de septiembre: En el puerto de Valparaíso, los almirantes golpistas comulgaban en la capilla naval. Pinochet, en su casa, firmó el pacto golpista. El papel decía, escuetamente: “El día D será el 11, y la hora H, las 06:00 am”.

 

10 de septiembre: La CIA en Santiago confirmó en su central que todo estaba preparado. En el Ministerio de Defensa, los hombres uniformados daban los últimos toques para poner en marcha su maquinaria de guerra. En la Moneda, el presidente informaba sobre su plan político a sus más cercanos colaboradores.

 

El golpe

El presidente siempre mantuvo la calma, sabiendo lo que iba pasar, sabiendo que ése era el final. Tras empezar la sublevación, se dirigió inmediatamente al Palacio de la Moneda, sin esperar a su escolta. La preocupación principal de Allende era la de tratar de manejar la situación hasta donde se pudiera, políticamente. Sin embargo, rápidamente tuvo conciencia de que había unidad en todas las Fuerzas Armadas. Confirmó a los golpistas que no se iba a mover del Palacio de la Moneda.

 

 

Los tanques que defendían el Palacio encararon sus cañones en la dirección opuesta. Primero dispararon bombas lacrimógenas. Cuando se hizo evidente la fuerza del golpe, Allende le pidió a mucha gente que saliera, en especial a las mujeres.

A las 11:38 ya se habían disparado 175.000 tiros y sólo quedaban dentro 60 personas, contra todas las Fuerzas Armadas que pedían rendición incondicional frente a la amenaza del bombardeo.

A las 11:52 empezó el ataque aéreo, y Allende pidió a quienes quedaban con él que se rindieran, que salieran en orden y con dignidad. Pinochet ordenó la ejecución de casi todos ellos, mientras indicaba que no cesara el ataque.

Mientras se marchaban, Allende les agradecía su papel, diciéndoles que él sería el último en salir.

 

 

1908 - 1973

 

 

Consecuencias y posteriores acciones

Más de 2000 personas fueron ejecutadas por la dictadura militar, y más de 1200 siguen desaparecidas. Más de 28.000 fueron víctimas de prisión política y tortura.

La CIA, después de colaborar en la instauración de varias dictaduras en Lationamérica, coordinó un sangriento operativo de colaboración entre las dictaduras del hemisferio, conocido como la Operación Cóndor. Esta operación permitió a las Fuerzas Armadas y paramilitares de los países del Cono Sur desplazarse libremente en el territorio de otros para secuestrar, hacer desaparecer o asesinar a los ciudadanos considerados sediciosos. La acción conjunta de las dictaduras de Sudamérica coordinadas por EEUU deja una triste y amplia lista de 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidos y 400.000 encarcelados y torturados. El Departamento de Estado norteamerican señaló públicamente: Los servicios de inteligencia del Cono Sur se han unido y tienen un programa claro de ayuda mútua. En América Latina, el sistema funciona casi a la perfección.

Al igual que en España, tras la retirada de la Junta Militar, hubo un proceso de transición hacia una democracia artificial, en la que tampoco se castigaron los crímenes de esos 17 años de fascismo, sino que simplemente se aceptaron, al igual que se aceptó el saqueo del país por la macroeconomía y la arquitectura institucional que dejó establecida Pinochet, sin posibilidad de ser modificada por la oposición de la derecha en el Congreso.

 

La figura de Allende

Allende creyó, hasta el momento de su muerte, en el movimiento hacia el socialismo por la vía pacífica y democrática. Después del 11 de septiembre se convirtió en una figura trágica por la infamia con la que se le organizó este golpe de Estado para impedir su proyecto original.

Aun así, su proyecto “a la chilena” no fue el que proponían los métodos de los fundadores del marxismo, para quienes la democracia era una palabra hueca, burguesa, a través de la cual el capital domina a las clases sometidas mediante el diálogo parlamentario entre las clases apoderadas. El marxismo siempre ha planteado la toma del poder por la violencia, y no se han ocultado estas intenciones. Y para mantener el poder, una vez tomado, debía hacerse a través de la autoridad. Para los primeros marxistas, en su erróneo esquema biologista de la historia, la violencia es la que resolvía la situación dialéctica de la sociedad (burguesía-monarquía, proletariado-burguesía). La violencia es la que hacía nacer una nueva sociedad, que engendraría a su vez un nuevo conflicto dialéctico.

Nadie había cuestionado los defectos mecanicistas de esta concepción dialéctica marxista-hegeliana. Pero la historia es algo mucho más complejo que esto. Quien finalmente lo problematizó y trajo algo nuevo fueron Salvador Allende, la Unidad Popular y la postulación de la vía pacífica para llegar democráticamente al socialismo.

Sin embargo, como habréis visto, fue impresionante la velocidad con la que empieza a prepararse la oposición. Éste fue un golpe importante para quien creyó que la revolución cubana era exportable, que era vanguardia en lugar de excepcionalidad: EEUU no iba a tolerar otro Castro.

Al no poderse agredir los dos grandes bloques de la Guerra Fría, las guerras calientes se daban en la periferia, visualizadas desde Occidente como guerras contra el marxismo. Y Allende tomó medidas que empezaron a tender claramente hacia el socialismo, en especial la nacionalización del cobre, a lo cual se añadía su amistad con Fidel Castro.

En medio del caos promovido desde el norte, todos le echaron a Allende la culpa del desabastecimiento y empiezó la movilización de las clases altas. Sin embargo, desde la izquierda de Allende, por parte del MIR, con una oposición muy fácil, también hubo críticas por no haber efectuado todavía la reforma agraria, la expropiación de otros monopolios o el cambio de la estructura social. Que piensen en esto quienes lo tengan que pensar.

 

Allende creyó en la bondad de la esencia del hombre. Pero la esencia del hombre no es buena. Es egoísta. Es un ser destructivo, y esa esencia es la que asume el capitalismo. La esencia del hombre es la esencia de la dominación y la destrucción sobre el otro.

Lo original del intento de Allende fue ir contra la esencia de la condición humana destrutiva. Quiso hacer avanzar la historia por su lado bueno, mientras que la izquierda le reprochaba que la vía pacífica al socialismo era la vía hacia el desastre. Aun así, su actitud le llevó a convertirse en una de las figuras más puras y formidables del pensamiento de América Latina. Porque Allende se quedó en la Moneda. Porque lo iban a sacar con los pies por delante.

Desde ahí dio su último discurso, revelando su pensamiento esperanzador, alimentado por la fe de un devenir necesario de la historia hacia una situación de justicia social, que va a llegar pase lo que pase. No iba a renunciar. Mantuvo su lealtad al pueblo, dando su vida por él. Aunque puedan avasallarlos por la fuerza, los procesos sociales no se detienen.

Pero lo hicieron. En Chile abortaron por completo el proceso. Aunque Allende defendiera que la historia es del pueblo que la hace, pero al final es de quien tiene las armas. Como él mismo advirtió, su caída se debió al capital multinacional y su alianza con los sectores poderosos internos con sus intereses financieros e internacionales.

 

Mucho más temprano que tarde se abrirán de nuevo las grandes alamedas por las que pase el hombre libre.

 

Quien dice eso estaba a punto de morir, siendo bombardeado. Coraje y convicción moral e ideológica. Sabía que iba a dar su vida por su causa y que su sacrificio no sería en vano, pues la causa que encarna, la del socialismo que puede llegar al poder pacíficamente, es la igualdad para todos, al contrario que la expoliación capitalismo. El pueblo va a tener que defenderse, pero él es quien va a sacrificarse. La historia tiene una dirección hacia la liberación final de los pueblos, y por esa causa, por la paz, Allende dio su vida. Yendo hasta el final con sus convicciones.

 

Por tu coherencia en los momentos más duros. Por tu valentía y tu respeto por la libertad. Por defender la dignidad humana. Por ser una luz de esperanza en este largo camino de lucha por la justicia.

 

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